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Psicología

En busca del paraíso

Un cambio radical

La idea de paraíso ha ido variando a lo largo de la historia. Al principio era un lugar magnífico donde había caza y agua, hacía buen tiempo y todo estaba lleno de florecillas, de pajaritos y de cascadas bucólicas.
Era la época en la que los humanos nos refugiábamos en cuevas y salíamos a cazar cualquier animal que se moviese o masticábamos alguna raíz cuando nos dolía el estómago de hambre.

Todo muy idílico, una naturaleza exuberante y un tiempo fantástico, pero lo de la hoja de parra nos daba muy poco juego a las féminas, deseosas de algún otro complemento con un poco más de glamour.

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Por suerte evolucionamos, el cerebro consumió tiempo y energía para desarrollarse y fue capaz de inventar un montón de cosas para hacernos la existencia más sencilla y menos dolorosa.

Dejaron de mordernos las chinches, ideamos unos espacios para vivir super confortables, parimos sin dolor y hacemos fuego con sólo tocar un botón. Así es la evolución, un lujo. 
Aprovechamos nuestro ingenio para idear mil formas de no mover el culo, conseguimos comer caliente y blando, inventamos los zapatos y los peinados complicados pero favorecedores.

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Dejamos de tener hambre cuando en lugar de caminar varias días para engañar a una gacela coja pasamos a ir en coche hasta el supermercado. 
Nos volvimos educados, empezamos a comer sobre una tabla con cuatro patas, con cubiertos, unos platos ideales y con el agua a demanda y a la temperatura adecuada.

Multiplicamos por cuatro o por cinco el número de ingestas al día pero no dividimos la cantidad de la misma manera. Organizamos el tiempo en horas y todos empezamos a tener claro cuánto y cuándo necesitábamos dormir y cuándo y cuánto debíamos comer. 
Un lujo, por fin habíamos alcanzado el paraíso.

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Qué diría mi tatarabuela, esa que vivía en las cavernas, si le explicase que cuando tenemos frío lo solucionamos con elegancia y glamour.
Nada de ponernos cualquier pellejillo ensangrentado y maloliente, nos vamos de compras y elegimos por colores, por texturas o por cualquier otra estupidez  que se nos ocurra. 

Mi bisabuela, esa que ya comía caliente y se movía en burro, ya sabría de qué estoy hablando.


Ella también estrenaba algún que otro trapo de pascuas a ramos.

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¡Cómo disfrutarían ambas!, eligiendo modelito sin pensar si se iba a manchar de sangre o de barro, por que también tenemos lavadoras. Además, si nos cansamos de la prenda en cuestión, renovamos.

Qué locura, ropa a tutiplén, colecciones nuevas todas las temporadas, a gastar a lo loco, cada mes, cada estación, cada año. 

Tatarabuelas y bisabuelas estarían de acuerdo en afirmar que, por fin, hemos encontrado el paraíso. 

Abuelas, siento deciros que no es oro todo lo que reluce, que este derroche y desenfreno tiene un pequeño detalle en el que no os habéis fijado porque en vuestra época tampoco había de eso.

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En nuestra sociedad moderna, alegre, superficial y confortable probarse trapitos no siempre es un placer. El infierno ha conseguido cargarse el paraíso colocando en todas las prendas sus etiquetas llenas de tallas. Horrible.

Hay quien sonríe si se prueba la ropa, le cabe y en la etiqueta pone 40. Ese día se va feliz a su casa. En cambio, si pone 42, huye del lugar, se encierra en su guarida y quiere evitar el contacto con cualquier otro miembro de la especie.
Hay quien salta de alegría y sale cargada de bolsas con prendas donde pone 42. El drama para éstas sería que pusiese 44.
No hay un número bueno, a la mierda el tan ansiado paraíso.

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Todavía tienes la opción de pasearte sólo con una hoja de parra, se disfruta de lo lindo si has tenido la dicha de enfermarte, envenenarte o cualquier otra circunstancia que te haya llevado a vomitar o te haya dado cagalera. Sólo enseñar hueso puede justificar el ir así de descocada.

Tanta evolución, tantos descubrimientos y tanto de todo y todavía no hemos encontrado el chip que nos haga estar felices en nuestro cuerpo. Ay, dichosas tallas y dichoso ansiado paraíso.


Sobre la autora: 
Ingrid Pistono, licenciada en Psicología con Máster en Psicoterapia del Bienestar Emocional.

Arco, de Madrid: Hace 2 meses

Buen articulo, que da que pensar y mucho!. Cuantas comodidades , que vida mas estupenda tenemos y sin embargo nunca estamos contentas, hay que disfrutar y valorar lo que se tiene y asi seremos felices!!

Dunia, de Gijon: Hace 2 meses

La verdad muchas veces pienso en como verían el mundo de hoy nuestros antepasados, y no tan lejanos, con tres generaciones bastaría, estoy de acuerdo totalmente en que seguro que eran felices y tenían sus propios paraísos

fernanda, de madrid: Hace 2 meses

Gracias por este articulo que nos pone los pies en la tierra y ya de paso por aclararnos de donde venimos y al abismo que vamos si no tomamos conciencia del momento y de la aceptación de uno mismo.

Margarita, de Guitiriz: Hace 2 meses

Es cierto, la humanidad ha cambiado muchísimo pero parece que nunca estamos satisfechas, siempre aspiramos a mas y a mas....da que pensar. Buen articulo. Gracias por compartirlo.

Ana, de Gijon: Hace 2 meses

Afortunadamente todos somos distintos y cada uno tenemos nuestro propio paraíso. Es cierto que muchas personas valoran mucho el que dirán y por tanto visten de una manera u otra, yo en cambio, debe ser por la edad, cada vez me importa menos. Sentirse a gusto con una misma, ese el verdadero paraíso.

Raquel, de Madrid: Hace 2 meses

Ojalá dejásemos de medir nuestra valía en centímetros, somos mucho más. ¡Dichoso físico!. Lo cierto es que no recordamos los grandes inventos, los magníficos escritos o las maravillosas obras de arte en cualquier formato,por si sus autores eran más o menos guapos, gordos o de ojos almendrados,¿verdad?. ¿O acaso la bondad tiene una estética definida?

Ana Pozas Mariscal, de : Hace 2 meses

Muy bueno y totalmente cierto. Porqué nos importará tanto esa tonteria? Yo estoy en esa edad, que cada día me da más igual. Lo importante no es la talla que usas, si no encontrarte a gusto con ella. Gracias por compartir tus escritos. Bssssss

susana, de Madrid: Hace 2 meses

Jaja q bueno, si q es verdad q para algunos ir d compras a unos grandes almacenes y salir repletos de bolsas es como haber estado en el paraíso...Ya lo de las tallas habrá q contentarse con él body q nos toco,pero con los años x lo menos para mi el paraíso es poder viajar evadirse d la rutina diaria del trabajo , ir d vacaciones... cambio de paisaje

 
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