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Psicología

Cinco pasos para dejar de ser una bruja contigo misma

Vivirás más y mejor

Cinco pasos para dejar de ser una bruja contigo misma
Después de darle vueltas a qué contaros en mi primera incursión por estos lares, he llegado a la conclusión de que ser unas brujas con nosotras mismas es lo que peor nos hace sentir. Muchas somos muy habilidosas y algunas, verdaderas expertas. Tratarnos mal explica la mayoría de los males que nos acechan: ansiedad, baja autoestima, problemas de pareja y un largo etcétera. ¡Nos encanta sufrir!...
Te levantas por la mañana, caminas atontada hacia el baño y lo primero que ves reflejado en el espejo ya te hace fruncir el ceño y pone en marcha tu autocrítica. Qué ojeras tengo, cuántas arrugas, qué birria de pelo o qué vieja estoy, con ese discursito te metes en la ducha donde, si por casualidad no estás con el piloto automático pensando en las mil cosas que tienes que hacer, aprovecharás para avergonzarte por tu celulitis, la flacidez o el pecho caído. Un encanto, vaya. Por supuesto, no te quedarás sólo con el físico, tienes muchas más cosas por las que autoflagelarte. Tomando el primer café del día en la cocina, te recriminarás mentalmente porque hace un año que tienes en mente ordenar los tuppers y porque se han acabado los cereales y tú ni te has dado cuenta hasta que no te los ha pedido tu hijo. 

Encima de gorda y desordenada, también eres una mala madre. Camino del trabajo te culparás por no haberte acordado de pedir cita en la ortodoncia ni recogido la ropa del tinte y cuando por fin llegues a tu destino, te criticarás por ser un desastre aparcando. En la oficina, mientras tratas de ponerte al día, te recriminarás por no ser una buena profesional, si hubieses estudiado más o sido más disciplinada, no estarías donde estás. Seguro que tendrías un puesto más chulo y mejor pagado. Si te esforzases en ser más constante, más delgada, más rubia y más trabajadora, tu vida sería diferente. Una pena que te venza la pereza, el no saber, la falta de organización y no sé cuántas cosas más. Y siempre recurrente el mismo pensamiento, “soy un desastre”. 


 1. Desmonta el mito de quién eres 

Lo que creemos respecto a nosotras mismas está tan arraigado y desde hace tanto tiempo que ni nos cuestionamos cuánto hay de cierto. A lo que nos dijeron de pequeñas, añadimos nuestra propia experiencia. Me engorda hasta el aire que respiro, se me dan fatal los idiomas, cocinar no es lo mío, nunca he sido buena en esto o soy pésima en aquello. Para, escúchate y cuestiona cuánto hay de verdad en todo eso. ¿Seguro que no se te da bien el inglés? ¿Cómo lo sabes si la última vez que lo estudiaste estabas en el colegio? Quizás aquel profesor era pésimo o tú estabas más ocupada pensando en el fin de semana que en lo que te contaban en clase. ¿El deporte no es lo tuyo y siempre has sido patosa y con tendencia a engordar? ¿Hace cuántos años que no te mueves? ¿Has probado a bailar? ¿Yoga? ¿Nadar? ¿Cómo puedes saber que no te gusta si no sabes ni en qué consiste? Te animo a revisar tus creencias cada cierto tiempo, ver si siguen vigentes y si tienen sentido en tu circunstancia actual. No te escudes en no intentar algo porque “sabes” de antemano que no vas a ser capaz. Trata de ver el mundo con mente de principiante, sin prejuicios y observa las cosas como si te enfrentases a ellas por primera vez. 

Mujer

 2. No te juzgues 

Tienes defectos y virtudes, aunque tiendas a magnificar tus puntos flacos y pocas veces te felicites por tus logros. Eres una bruja contigo misma y las cosas te salen mal porque no las planteas bien, ¿y si pruebas a darte permiso para fallar? ¿Cómo puedes pretender que te valoren los demás si la primera que te quitas mérito eres tú? Ya que eres tan concienzuda, minuciosa y detallista a la hora de encontrarte defectos, sé igual de analítica buscando tus fortalezas. 

Mujer

 3. Olvídate del pasado 

Volver al pasado y empezar con los “Y si hubiera…” no tiene ninguna utilidad. Tu forma de actuar en aquel momento fue la que te pareció más oportuna con tu experiencia, tus miedos y tus posibilidades. Rumiar sobre lo que pudo haber sido, solo te lleva al desasosiego y al autoengaño. La realidad es que no tienes ni la más remota idea de qué habría sucedido si hubieses hecho las cosas de otra manera. 

Pasado

 4. Perdónate 

Seguramente tratas de entender y perdonar los errores ajenos, ¿por qué no eres también un poco más permisiva con los tuyos? Te recriminas por lo que hiciste mal, por lo que haces mal y por lo que no vas a saber hacer bien. ¿Y si simplemente admites no ser perfecta y te permites disfrutar? Toda la tarde tirada en el sofá sin hacer nada, “qué vaga soy”, plantéate limitarte a disfrutar de ese reposo y permitirte descansar. Qué curioso, no se acaba el mundo… 

Perdón

 5. Redefínete 

Estás tan ocupada juzgándote y creyendo que nada puede cambiar que no te escuchas. ¿Te has parado a pensar qué quieres hacer, a dónde te apetecería llegar o qué te hace realmente feliz? Si dejas de ser una bruja contigo misma, quizás sea más fácil que definas tus objetivos y una vez hecho esto puedes optar por la acción o por la omisión. ¿Qué puedo hacer para que esto cambie? ¿Qué nuevas rutinas debería incorporar en mi día a día para alcanzar mis objetivos? O bien, ¿qué actitud me impide llegar donde quiero?, ¿qué sería interesante dejar de hacer? Cambia lo que esté en tus manos y olvídate de lo que no depende de ti. Deja de dar vueltas al pasado y de pensar en lo que pudo haber sido y decide cómo quieres ser a partir de ahora. No juzgarte y ser más compasiva contigo misma probablemente no te hará más eficiente pero sí más feliz.

Redefición
Foto vía: unsplash-logoJeremy Bishop

Foto de portada vía: unsplash-logoTamara Bellis


Sobre la autora: 

Ingrid Pistono, licenciada en Psicología con Máster en Psicoterapia del Bienestar Emocional.

Comentarios

Helen, de Madrid: Hace 2 semanas

Qué gran verdad! Hay que dejar de ser tan crítico con uno mismo y quererse más. Me ha encantado el artículo

susana, de Madrid: Hace 2 semanas

Que razón tienes, yo hubo una época en donde siempre veía q a los demás les iba genial en todo... hasta q eché el freno, recapacité y siempre m aplico la misma frase “ él jardín del vecino no es más verde que el tuyo” y con ello para adelante y frente alta

Margarita, de Guitiriz: Hace 2 semanas

Me sorprendí al leer este articulo porque me sentí completamente identificada, me ha dado mucho que pensar, creo que debo trabajar sobre ello en serio. Muy interesante el articulo.

Yaiza, de Madrid: Hace 2 semanas

Dicen que si exagerásemos nuestras alegrías como hacemos con nuestras penas, nuestros problemas perderían importancia, e Ingrid nos lo explica muy bien. Totalmente recomendable para encontrarse a uno mismo. ¡Gracias Ingrid! Por intentar construir un mundo más bonito, con mujeres que se escuchan, se respetan y se aman a si mismas.

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Dunia, de Gijon: Hace 2 semanas

Completamente de acuerdo! La mayoría de las veces somos nuestras propias enemigas, la falta de autoestima nos frena al proponernos nuevos retos.

Lucia, de gijon: Hace 2 semanas

Un articulo muy constructivo.Tomo nota y me pongo a ello.

Marisa, de Madrid: Hace 2 semanas

Muchas gracias Ingrid..tienes toda la razon..a veces somos demasiado duras con nosotras mismas...aprenderé de tus sabias palabras

Marta, de Madrid: Hace 2 semanas

Tomo nota de tus consejos. Hay que quererse un poco más

Ana Pozas Mariscal, de : Hace 2 semanas

Genial cómo siempre, Ingrid. Me siento identificada en algunas cosas, aunque cada vez, voy superando y mejorando en mis problemas de ansiedad y falta de autoestima. Gracias por estar ahí y ayudarme, aunque sea a distancia, a estar cada día mejor.

Maria Gomez Pistono, de : Hace 2 semanas

Voy a aplicarmelo desde hoy! Muchas gracias Ingrid!

 
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