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Autoengaño: así nos mentimos a nosotros mismos

Seamos sinceros

Autoengaño: así nos mentimos a nosotros mismos


No nos engañemos. Aquí todo el mundo miente. Ya sea con buena intención, estilo mentira piadosa para elevar el ánimo de alguien cercano o por propio egoísmo, todos fallaríamos la prueba del detector de mentiras si la prueba computara la totalidad de nuestras vidas.

Al igual que hay distintos tipos de mentiras, existen distintos destinatarios a los que esas mentiras están dirigidas. Y hoy no estamos aquí por aquello que les decimos a los demás, sino a nosotros mismos.

Técnicamente, el autoengaño es el proceso de negarse a racionalizar la relevancia, significancia, o importancia de evidencia contraria y argumentos lógicos que son opuestos a los propios.
El autoengaño conlleva convencerse a uno mismo de una "verdad" (o la falta de la verdad) que no revela un autoconocimiento del engaño.

Pero no tachemos el autoengaño como algo eminentemente negativo. Los psicólogos nos dicen que en ciertas ocasiones concretas la falta de sinceridad con nosotros mismos puede ayudarnos. La pregunta entonces está clara. ¿Hasta qué punto es natural mentirnos a nosotros mismos y en qué punto comienza a ser algo negativo?

Esto es algo que debe juzgar cada persona y relacionarlo en cada tema en el que el autoengaño está presente en su vida. Lo que es negativo para unos puede ser una ayuda para otros que tratan de superar obstáculos gigantes. Un medio de supervivencia como cualquier otro.

Los expertos de la mente coinciden en que hay cuatro grandes razones por los que una persona se puede mentir a sí misma. Veamos cómo.

1. Por nuestra autoestima. En ocasiones la vida, u otras personas, son injustas con nosotros. Existe además el hecho comprobado de que todos nosotros tenemos un mejor concepto de nosotros mismos que el que mostramos al mundo. Cuando estos dos mundos chocan solemos tratar las críticas que recibimos, sean justas o no, como errores de juicio de los demás o directamente como ataques. La manera de protegernos ante esas críticas es blindarnos y cerrarnos a una valoración real de la información que acabamos de recibir.


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2. Por protección. Como decimos, la vida no siempre es justa y tarde o temprano nos veremos sobrepasados por las circunstancias que nos rodean. Cuando estas circunstancias son terribles, casos de las tragedias personales, nuestra mente no puede aceptar la realidad, no puede concebir vivir en un mundo donde esas tragedias le ocurran a quien no lo merecen. Muchas víctimas de traumas recurren a este autoengaño para poder enfrentar la realidad que les rodea. Porque es eso o caer en la desesperación.

3. Por culpabilidad. Acabamos de ver cómo podemos mentirnos a nosotros mismos cuando las circunstancias externas son terribles. Pero, ¿y sí hemos sido nosotros los causantes de una injusticia, un hecho terrible o un comentario o acción que ha hecho sufrir a una persona? Volvemos de nuevo al modo en que nosotros nos vemos a nosotros mismos, mejor de lo que deberíamos, y concluimos que es imposible que, siendo las excelentes personas que somos, seamos los verdaderos culpables de lo que acaba de pasar. La idea de enfrentar la culpa nos atemoriza así que seguimos buscando en agentes externos el origen de esa culpabilidad.

4. Por miedo al cambio. Puede que en el fondo sepamos que nos sobran unos kilitos, que nuestros hábitos de vida son perjudiciales o que no estamos siendo justos con aquellos que nos quieren. Corregir estos factores requiere cambio. Y el cambio requiere voluntad. Desde "el lunes sin falta salgo a correr", hasta el "lo dejo cuando quiera" pasando por "mi comentario no ha sido injusto, ha sido sincero y severo", todo es autoengaño. El esfuerzo que requiere superar ciertas actitudes nos abruma y nos rendimos antes de intentarlo, justificando nuestra falta de acción con la excusa de que las personas no cambian o las cosas son así, dos de las mentiras más dañinas que nos podemos decir a nosotros mismos.

El autoengaño es en ocasiones necesario. ¿Pero hasta qué punto?

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