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Sexo

¿Triste tras el sexo? Tiene explicación

Lo llaman disforia postcoital

¿Triste tras el sexo? Tiene explicación


Pongamos un supuesto. Estás en la cama con alguien que te gusta mucho. Que lo conozcas de tiempo atrás o no, es irrelevante. Pasáis al dormitorio donde disfrutáis de un buen rato de sexo placentero, cercano y muy satisfactorio, pero en el momento en el que el coito termina y sin saber cómo y por qué, te invade una profunda sensación de tristeza y desamparo que puede acabar en lágrimas.

Este hecho, que parece no tener explicación sencilla, es más común de lo que podríamos pensar. Según un estudio de la revista The Journal of Sexual Medicine, un 46% de las mujeres reconocían haber experimentado síntomas de disforia postcoital al menos una vez en su vida; mientras que un 22% lo sufren de manera más habitual y un 5% lo habría experimentado varias veces el último mes.

El mismo estudio también descartaba que la disforia fuera un problema únicamente femenino, ya que los varones rondaban unas cifras muy parecidas a las que mostraron las mujeres. Simplemente ellos no parecían estar tan cómodos hablando de esto, pero no cabe duda de que esta disforia se sufre en ambos sexos.

¿A qué se debe la disforia postcoital? Según este estudio, no hay sólo una causa, aunque tenemos identificadas un par de ellas.

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La primera causa tiene una explicación biológica. Cuando estamos felices y excitados,por ejemplo en la mitad de un coito, nuestro cerebro produce grandes cantidades de oxitocina y endorfinas, las verdaderas culpables de esa sensación de euforia. Al acabar el acto sexual, nuestro cerebro se intenta regular y vuelve a la normalidad, lo que nos deja, en comparación, con una mala vibra en la cabeza.

Esta sensación de bajón es muy parecida a la que sufrimos tras la ingesta de alcohol: en un principio eufóricos para pasar al día siguiente a la pesadez de la resaca. La diferencia es que el bajón del alcohol tarda horas en llegar mientras que la disforia postcoital nos llega inmediatamente, dándonos más duro por el mero hecho del contraste entre dos estados tan diferenciados que cambian en cuestión de segundos.

Muchos doctores señalan además a nuestra amígdala cerebral como la causante de esta súbita tristeza. Esta amígdala controla sensaciones tan primarias como el miedo, la ansiedad o el desasosiego. Cuando estamos disfrutando del sexo, básicamente deja de funcionar por unos instantes, lo que nos vuelve más salvajes y alocados, pero tras el orgasmo se vuelve a activar trayendo consigo estas sensaciones, que pueden llegar a superarnos por lo rápido y fuerte que vuelven a aparecer en nuestra cabeza.

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La segunda causa por la que la distrofia aparece es psicológica. Lo expuesto en los anteriores párrafos sigue valiendo, pero ahora sumamos a la mezcla nuestras experiencias sexuales y emocionales pasadas, nuestra relación con el sexo en sí, el tiempo que ha pasado desde el último contacto, nuestro miedo a estar solos, nuestras inseguridades, etc...

El sexo es la manera más directa, íntima y natural de relacionarnos con otro ser humano y su impacto en nuestra psicología no ha de ser tomado a la ligera.

Ahora bien, los motivos del bajón debidos a esta segunda causa son más difíciles de catalogar, ya que cada persona es un mundo y las razones pueden estar sujetas a muchos factores distintos, aunque normalmente están relacionadas a nuestra autoestima, a nuestro pasado y relación con el sexo y con el afecto, o la falta de el, que tenemos con la persona con la que compartimos cama.

Sea como sea, la disforia postcoital no es particularmente negativa. Incluso puede servir para echarnos unas risas tras las lágrimas preguntándonos en voz alta qué acaba de pasar.

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