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Actualidad

Anhedonia, o la incapacidad de sentir placer

Qué es y cómo tratarla

Anhedonia, o la incapacidad de sentir placer


En esta vida llena de estrés y obligaciones nuestra única vía de escape son esos pequeños placeres que nos concedemos a nosotros mismos como satisfacción que compense los tiempos malos. Pero imagina por un momento que tu cerebro fuera incapaz de disfrutar de esos buenos momentos.

Esta es la cruz de aquellos que padecen anhedonia, que se define como la incapacidad para experimentar placer, la pérdida de interés o satisfacción en casi todas las actividades. 

La anhedonia puede tener muchos orígenes, por lo que no hay que apresurarse en diagnosticarla ni confundirla con un periodo de nuestra vida en el que estemos más de bajón.

En lo que sí se ponen de acuerdo los expertos psicólogos es en que hay dos clases de anhedonia: por un lado la física, que es la que nos impide disfrutar de las cosas que suelen crear estímulos positivos, como el sexo, la comida o incluso la música. Por otro lado tenemos la anhedonia social, que es aquella por la que perdemos el interés en relacionarnos con otros seres humanos.

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Como decíamos más arriba, este estado puede tener distintos orígenes. Puede deberse a un cuadro de depresión, pero al mismo tiempo también puede tener origen en los medicamentos que tomamos para revertir ese estado, como son los antidepresivos los antipsicóticos. También sabemos que algunos tipos de esquizofrenia pueden desembocar en anhedonia, así como el consumo continuado de drogas o periodos de nuestra vida en los que estamos sometidos a un gran estrés o ansiedad. Ahora también sabemos que puede estar causada por un trauma en nuestras vidas, cambiando completamente el funcionamiento de nuestro cerebro.

Uno de los orígenes más comunes para la anhedonia es la incapacidad física de liberar dopamina, que es la hormona que convierte los estímulos que recibimos del exterior en emociones, principalmente positivas, como la emoción, la alegría, la sorpresa... Esta capacidad para liberar dopamina no sólo dicta cómo nos sentiremos en momentos específicos, sino que influye en la totalidad de nuestra personalidad, dictando si somos más alegres o depresivos, más comunicativos o reservados, más ilusionados o desesperanzados.

Y al tener la anhedonia un origen físico es muy difícil de tratar. Lo primero, lógicamente, es buscar el origen. Si se trata de una incapacidad física de nuestros cerebros tendremos que recurrir a la medicación, aunque como hemos dicho antes los medicamentos para tratarlas suponen otro factor de riesgo más para terminar de estropear las cosas. Por ello, cada caso ha de tratarse individualmente.

Si se considerara que el origen de la anhedonia no es físico, habrá más espacio para la esperanza. Con ayuda de psicólogos, el primer paso es encontrar el origen de esta tristeza, que podría ser un trauma fácilmente identificable o una serie de numerosas razones que a simple vista se nos escapan o no nos parecen tan importantes como para concentrarnos en ellas.

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Y en caso de que nuestra tristeza no se vaya con estos tratamientos, no nos queda otra que obligarnos a practicar esas actividades que nos ayudarán a liberar dopamina. Yoga, meditación, deporte... Como es lógico nos costará un mundo empezar a practicar estas actividades porque, dentro de nuestra depresión, creeremos que no nos servirá de nada, pero es aquí donde tenemos que ponernos firmes y seguir practicándolas hasta que nuestro cerebro se vuelva a acostumbrar a liberar dopamina.

Comenzar rutinas sanas, dejar el azúcar, el alcohol y el tabaco así como las grasas saturadas, reducir la cafeína a lo imprescindible o tomar suplementos como la rhodiola o la hierba de San Juan son otras actividades que podemos intentar.

Como ves, no importa el tratamientos que elijas seguir: todos empiezan con un primer y firme paso que tienes que dar tú acompañado de tu fuerza de voluntad.

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