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Sexo

Señales sexuales de que lo vuestro se acaba

El cuerpo no sabe mentir

Señales sexuales de que lo vuestro se acaba


San Valentín ya ha pasado y podemos dejar de fingir durante un buen puñado de meses que todo en nuestra vida son cenas románticas a la luz de las velas y encuentros sexuales en bañeras llenas de pétalos de rosa.

Lo cierto es que, por muy bien intencionados que seamos tanto nosotros como nuestra parejas, hay relaciones que tienen un corto recorrido. Por más que queramos aferrarnos a la idea de un amor eterno tenemos que resignarnos y entender que hay parejas que no están hechas para durar.

Esa frase de autonegación es complicada pues en nuestro interior se libra una batalla: aquella parte de ti que quiere que esto funcione y aquella parte que sabe, sin pesimismos añadidos, que eso no va a ningún lado.

Y como siempre, el sexo es fiel reflejo de nuestro mundo interior, pues no es lo mismo enfrentar un encuentro sexual llenas de emoción y excitación que hacerlo con la cabeza llena de dudas. El problema suele venir cuando uno de los integrantes de la pareja sigue encontrando la relación estimulante y el otro no. Así que, ¿qué señales sexuales podemos distinguir si nuestra pareja está pensando en acabar con la relación? ¿Y si somos nosotras las que nos sorprendemos queriendo dejarlo?

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El sexo empieza a ser programado. Ya no estáis en las primeras etapas de la relación, en las que cualquier momento o lugar, por muy incómodo que fuese, era escenario ideal para vuestras prácticas amorosas. Ya sea porque la relación no va a más o porque esa chispa sexual no se enciende con tanta facilidad, ambos seréis conscientes de que el número de encuentros pasionales se ha reducido. Y la primera señal de que todo va mal es casualmente un intento por recuperar vuestra vida sexual. Obligarse como individuo y como pareja a intentar tener más sexo, ya sea forzándoos a estar más tiempo juntos o programando en vuestras agendas el sitio y la hora de vuestro próximo polvo es un curso de acción bien intencionado, pero es sólo el prolegómeno a la etapa final de vuestra relación.

Aparece la frustración. Si lamentablemente todo va como hemos descrito en el párrafo anterior, ambos os "obligaréis" a pasar más tiempo con la pareja en la cama programando vuestra vida sexual. Y como esos polvos no nacen de la voluntad y de la excitación, preparaos para sufrir alguna que otra decepción. Si tu mente va vagando a su bola, consciente de que lo que estás haciendo lo haces sólo para salvar la relación, tu cuerpo no estará tampoco por la labor. Y cuidado porque esto puede traer consecuencias aún más nefastas, ya que si nos seguimos negando a nosotros mismos que nuestra pareja ya no nos excita, tenderemos a creer que entonces no funcionamos en la cama porque pasa algo con nuestra sexualidad, ya sea en un plano físico o mental, cuando lo único que nos quiere decir nuestro cuerpo es "esto ya no es para mí". Esto puede sumar al ya grave problema de tener que romper una relación otro igual de grave que nos enfrente contra la seguridad de nuestra propia sexualidad, lo que nos podría frustrar en el futuro.

El sexo de los otros te comienza a incomodar. Cuando estamos bien con una pareja, y eso incluye el ámbito sexual, la vida parece mucho más sencilla. Pero cuando un bloqueo de ese tipo os mantiene alejados, toda referencia al sexo se convierte en un problema, pues nos trae a la mente el hecho de que el sexo se está convirtiendo en algo incómodo y preferimos no pensar en ello. ¿Por qué no? Básicamente preferimos engañarnos a nosotros mismo, y como sabemos que es un problema que no está del todo bajo nuestro control, lo desterramos de nuestra mente. Por eso nos sentimos incómodos con la mera mención de la palabra sexo, ya sea en una reunión social o con una escena subida de tono en una película. Ya que el empeoramiento del sexo es una señal inequívoca de que nuestra relación va mal, en lugar de enfrentar el problema solemos ignorarlo y rezar para que el tema no salga ni siquiera en una conversación casual.

Habéis dejado de fluir. Fluir. Fluir en el sexo. Todos entendemos el concepto pero es muy difícil de definir porque todos tenemos una definición propia y porque lo que nos hace fluir son esa clase de cosas que no se pueden explicar bien con palabras, sino con química. Lo que antes eran polvos orgánicos, en los que no os hacían falta las palabras para saber lo que quería el otro, ahora se convierten en encuentros algo mecánicos en los que dejamos claro que no estamos del todo cómodos con esa postura en especial. Y mientras antes no parábamos de mirarnos a los ojos, ahora solo buscamos el triste vacío.

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Se acabaron los abrazos. Una vez finiquitada la relación sexual nos mostraremos fríos como si en lugar de disfrutar de nuestra pasión hubiéramos realizado una transacción comercial. Donde antes había caricias, abrazos y sentir la respiración del otro, ahora hay urgencia por separarse físicamente para buscar el aliento y evitar encontrarse con la mirada del otro. Puede que incluso algo de culpabilidad para con nosotros mismos por saber que seguimos haciendo esto más por costumbre y por no enfrentar los problemas que por puro placer.

Y es que romper con una pareja siempre será una experiencia negativa, pero es preferible a vivir una mentira. Y esta es una mentira de la que nuestro cerebro nos puede convencer, pero nuestro cuerpo no sabe mentir y en ocasiones debemos hacerle caso como el viejo y sabio templo de conocimiento que en realidad es.

Ahora que sabemos cómo pueden acabar algunas relaciones, no está de más que nos relajemos viendo cómo empiezan muchas otras y desearles lo mejor tanto en su vida normal como en la sexual. No te pierdas First Dates: Reino Unido de lunes a jueves a partir de las 20:05 en Cosmo.

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