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Sexo

Cómo encontrar y estimular el punto G masculino

Una nueva puerta al placer

Cómo encontrar y estimular el punto G masculino


Ya sea como broma o como problema legítimo, hemos convertido en un cliché quejarnos de la falta de experiencia de los hombres que no saben encontrar nuestro punto G para darnos placer en la cama. Pero, ¿sabrías tú encontrar en punto G de tu chico?

Sabemos que por falta de información o por falsos prejuicios de lo que un homnbre debe hacer en la cama y lo que no, son muchos los que ni siquiera se atreven de hablar del punto G masculino. Porque como ya habrás adivinado, está situado dentro de su ano.

La glándula prostática, ese es su verdadero nombre, se encuentra a unos 6 ó 7 centímetros de profundidad y es toda una puerta al placer masculino, así como nuestro punto G lo es para el nuestro. 

Pero como decimos, tal vez por miedo o por falta de información son muchos los hombres que se cierran, nunca mejor dicho, a esta experiencia.

Te proponemos unos consejos para que tanto tú como tu pareja os adentréis en este mundo de placer.

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Ducha previa. Poco hay que explicar en este punto. La limpieza es imprescindible.

Diálogo. Por mucho que tú sepas que él va a flipar de placer, no es de recibo que entres en su cavidad anal con tus dedos sorpresivamente. Una de las primeras claves para disfrutar de esta experiencia es la relajación, así que hazle saber de tus intenciones y asegúrale que seguirás sus instrucciones si no le convence. Un buen momento para plantearlo, y para practicarlo ya que estamos, es cuando estés practicándole sexo oral.

Acaricia primero el exterior. Aunque el punto G masculino se encuentra en el interior del ano, es posible estimularlo levemente desde el exterior. Concretamente desde la zona del perineo, que es la que va desde su ano hasta los testículos. Una manera lógica de plantearse tu papel de "estimuladora" es pensar en su punto G como si fuera el tuyo. No entramos directamente a la acción, sino que nos estimulamos la zona exterior durante unos momentos para ayudar a la relajación de la zona erógena.

Lubricación. La gran mayoría de los humanos necesitamos lubricación para una penetración sin dolor de nuestro ano. Y aunque tengas los dedos embadurados de gel, no entres directamente, sino con un lento y suave movimiento circular que se haga cada vez más profundo. De nuevo, repetimos: no hay ninguna prisa. Ten en cuenta que esta fase puede llevar varios minutos.

Encuentra el punto G. A unos 6 ó 7 centímetros de la entrada anal lo encontraremos, situado cerca de la zona exterior que antes estimulamos, el perineo. Tiene la forma y el tamaño de una nuez y notarás que has llegado a él porque tu pareja empezará a retorcerse de placer. Estimúlalo como lo harías con tu propio punto G: movimientos suaves y circulares. Más una caricia que una dura fricción. Una vez acabada la experiencia, trata de extraer tus dedos con la misma suavidad con la que los has introducido.

Con estos consejos tu chico debería encontrar nuevas formas de éxtasis. Ahora bien, aunque actúes con la prudencia con la que te hemos aconsejado, has de saber que un porcentaje de hombres nunca llegará a relajarse del todo con lo que ellos consideran una entrada prohibida. Si su mente no está en el asunto su cuerpo no les seguirá. Esto se debe a siglos de prejuicios y dudas, y no a incomodidades físicas. Tu trabajo, siempre que quieras, será convencerle de lo contrario.

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