Ya empezamos con el Whatsapp de padres

Primera semana de cole y, ZAS, ya se nos empieza a ofender el personal…

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Parece una pregunta inocente, ¿verdad? Su hijo le ha dicho que su profe le da galletas si se queda con hambre y ella tiene esa “simple” curiosidad sin importancia. Pero nada más lejos…

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Que qué es eso de que la profe de galletas a quien no ha llevado desayuno. Ya empezamos. ¡Ni que estuviera pasando speed!

Menos mal que todavía queda algo de cordura.

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PERO, ya hay una iniciativa, sana, inclusiva, vegana y políticamente correcta… Consiste en que cada día, un niño lleve el almuerzo para todos. Almuerzo consistente en fruta. De manera que TODOS LOS DÍAS los niños, en su almuerzo, no hagan como hacemos muchos, que seguimos la sugerencia del cole y les ponemos galletas los lunes, bocadillo los martes, fruta los miércoles, lácteo los jueves y lo que se nos ocurra los viernes, sino que coman fruta y fruta y más fruta.

Que, oye, mal no me parece. La fruta es sana y está fenomenal. Aunque creo que es más estimulante que cada día tengan algo distinto, para que no se atiborren de lo mismo y se cansen, y para que se alimenten de forma variada y que aporte nutrientes distintos y específicos, pues no veo que un bocadillo o un lácteo sean perjudiciales para la salud, ni mucho menos.

Bien, la cosa queda entonces en que algunas opinamos que no está mal, yo incluso que, de hecho, está muy bien que la profe tenga unas galletas por si a algún padre se nos ha olvidado meterle el almuerzo a nuestro hijo. Y, como decía mi querido Chapulín Colorado, que “no panda el cúnico”, puesto que la profe no va a obligar a ningún niño a comer galletas.

PEEEERO, ya me estoy viendo que sucederá a continuación. Sucederá que la profesora, en unos días, nos informará de que ya no lleva galletas a clase. Y lo hará “porque una madre se ha quejado”, que es el motivo por el que ya no nos puede enviar las fotos que nos enviaba sobre lo que hacían los críos en clase, “porque un padre se ha quejado”, o el motivo por el que la fiesta del agua de fin de curso se anuló, “porque una madre se ha quejado”. Y es por eso por lo que mis hijos no nos hacen nada el día del padre o de la madre, “porque hay niños que no tienen padre/madre o tienen dos padres o dos madres”. Y supongo que es por eso por lo que la primera circular del año ha consistido en explicarnos que, a partir de ahora, los que cumplan años no podrán traer el almuerzo para todos, consistente en galletas y zumos o batidos, como se ha hecho hasta ahora, porque algún padre (¿será la misma que ha dado la voz de alarma ahora?) se ha quejado. Y por eso sucede todo lo que está sucediendo, que hoy día vivimos en una sociedad de ofendidos, de adalides de la opinión verdadera, salvaguardas de lo que debemos hacer o decir, y comer, fiscalizadores de cómo hemos de vivir, vigilantes de que nadie haga sufrir a sus hijos con la pura realidad de las cosas, y no se pueden herir susceptibilidades de ninguna manera. Pasa que nos quejamos de todo lo que no se ajusta de manera perfecta a nuestro gusto recto y adecuado, de todo lo que sea susceptible de originar una decepción, una lágrima o un resfriado. Ocurre que criamos a nuestros hijos en un cuarto con las paredes acolchadas.

Y ocurre porque los del cole, y, como es público, igual es cosa de la administración (peor aún) son unos papanatas que tienen que hacer caso a cualquiera con un poco de escozor en vez de mandarlos a hacer puñetas.

Y cuánto estamos perdiendo, de verdad. La libertad, por ejemplo, de que un día un crío pudiera traer a clase el bizcocho casero que ha hecho con su mamá para compartir entre todos, que mira que están ricos los bizcochos caseros, porque tiene azúcar, gluten, no es kosher, puede contener trazas de nuez, no es equilibrado ni sano, puede ofender a algún crio cuyos padres no sepan cocinar, se puede asociar a alguna festividad de tipo religioso, etc.

De verdad, ¿qué tipo de sociedad melindres estamos creando? ¿Por qué todo sienta mal? ¿Y por qué se da pábulo a todo lo que dicen los amargados que se quejan sin parar?

Hasta el **ño me tienen.


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