Y no sabe que yo aún le quiero más a él que él a mí

Estamos pasando la tarde tiradazos a la vera de un río. Es hora de irse y recogemos. Bueno, recoge el Señor de las Bestias. Yo estoy enganchada a un libro y en la gloria bendita, así que remoloneo y no hay manera de que alguien me arranque de ahí. El Señor de las Bestias me comunica que él se adelanta para ir cargando cosas en el coche. Bien, así tengo cinco minutos más, a ver si me termino el capítulo…

 

madre 21 (1)

 

Y aparece El Cachorro.

 

Se sucede el siguiente (y a veces alarmante) diálogo.

 

– Mamá, ¿no vienes?

– Nop. Me quedo a vivir a orillas del río.
– Pero yo quiero tener una mamá.
– No te preocupes, papá te busca una mamá.
– No, pero yo te gusto – (quiere decir que yo le gusto). Y empieza a lloriquear. He de cortar esto radicalmente.
– Pero ¿cómo crees que te iba a dejar yo? Eso nunca, ¡jamás!

 

Se calma ipso facto. Feliz, se da la vuelta y va gritando hacia su padre: “¡¡Papaaá, que era broma, que mamá viene!!”

 

madre 21 (2)

 

Y yo voy, más feliz aún. Que le den a la puñetera (y bucólica y agradable y apacible) orilla del río.


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