Vergüenza de madre

¿Pues no bajamos en el cole al patio de los pequeños, donde están las clases de infantil, llevo a Don Bimbas en brazos (mientras pueda cogerlo, le digo que sí, que le cojo, de mil amores, cada vez que me echa los brazos – que no os penséis que son muchas –) y en cuanto nos acercamos a su clase y hay amiguitos merodeando, se me escabulle y me dice: “¡No me cojas!”?

¡Argh! ¡Se avergüenza de mí!

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Qué palo, madre mía. Acostumbrada a El Cachorro, que me colma de besos y de mimos hasta hoy, a tres meses de cumplir ocho años, que a este mico le entre vergüenza porque su mamá le coja, me parte en dos. ¡Maldito crío!


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