Vaya

El niño que se ha portado de manera ejemplar, que en lo que ha entrado al garaje, la madre de mi amiga (que también ha estado de vacaciones con ellos), abuela de la suya (de la amiguita de Don Bimbas), se ha encargado de reiterarme lo que se ha hecho querer, que ha sido un amor y que ha atendido todo a la primera y que qué rico y qué pasada de niño y cómo lo adoraban sus hijos (tíos de la amiguita, pues han vacacionado donde ellos viven) y tal y Pascual, en cuanto ha entrado por la puerta de casa, como contaba en el anterior post, ya ha encontrado un motivo para enfadarse.

Este niño, que no ha dado en ocho días ni un problema y que ha dormido todas las noches de un tirón, sin quejas ni dolores, hoy ya ha llorado dos veces y he tenido que ir a su cama a darle masajes en las rodillas hasta calmarlo.

madre 12 (1)

No queda ahí la cosa:

– Amaya, y no ha hecho ni un pis.
– ¿Ningún día?
– Ningún día – me informaba mi amiga.

Pues bien, primera noche en casa y, por la mañana, para no perder la costumbre, el pequeñito se desliza en mi cama. Se mete dentro y anda rebozándose. Y yo, en un duermevela, resistiéndome a levantarme. Pero, en esto, que me asalta un presentimiento. Y toco la tripa de Don Bimbas. ZAS. Mojada. “¡NNnnnnnnnnnnooooooooooooooooooooOOOOO!”, exclamo. Quito la sábana (con el edredón – sí, soy de las de edredón en julio… en Madrid –) y le huelo y, para mi desgracia, no es sudor. Voy corriendo a su cama y compruebo que también huele a pis. Se ha sobrado el pis y ha mojado su cama ¡y la mía! A dos días de irnos de megavacaciones, con cien mil lavadoras que estoy poniendo. PPOORR QQUUÉÉ.

Esto se llama llegar y besar el santo, o donde hay confianza, da asco. Una de dos.


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