Un ocho insistente

Está El Cachorro haciendo, a duras penas, unas tareas (más bien pasatiempos, pero le fastidian igual que si fueran los deberes más pesados del universo). Aborda un crucigrama (que he tenido que explicar cómo iba porque no se molesta en leer las “instrucciones”), y viene y me dice:

– Mamá, he puesto “gafach” en vez de “gafas”.
– ¿Y eso?
– Porque he puesto un ocho en vez de una ese.
– ¿Y eso?
– No sé, me he puesto a hacer la ese pero luego se me ha pegado los números y un ocho.

madre 26 (1)

Se va. Vuelve.

– Mamá, soy tonto. Tú dirás “no eres tonto, no eres tonto” – que es lo que le digo siempre que me viene diciendo que es tonto – pero en realidad soy tontísimo. He borrado el ocho y he puesto otro ocho.

Es un caso.

– ¿Y eso?
– No sé. He borrado el ocho y luego se me ha metido otro ocho.

Estos ochos intrusos…


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