Tú no toques. Yo no toque.

“Eto é e mamá. No coque”.

Sí, si hay una Coca-cola light en los alrededores, suele ser mía. Y lo de “esto es de mamá, no toques”, se lo dice el nene (A SÍ MISMO) como un mantra. Pero así, como seguido. Como si la frase fuera indivisible, como si a la constatación de “esto es de mamá” fuera unido el “no toques”. ¿Será que lo he repetido unas pocas veces?

Niño

Sí que son graciosos los peques cuando hablan. Porque a esto que cuento se añade que este peque no controla las personas en los verbos, y cuando habla de sí mismo reproduce tal cual lo que le digo yo cuando me refiero a algo que tenga que ver con él.

“No coque a rueda, Shimó”, dice señalando la rueda de su “poto”. Porque le encanta tocarla y ponerla en movimiento con la mano y le digo que no lo haga porque la rueda toca el suelo y está sucia. Cuando no puede hacer algo, se dice a sí mismo “no puedes”. Y si se piña, suelta: “se cayó”. (Esto de que hable de él en tercera persona como Aída Nízar y Jordi Mollá, tengo que controlarlo. A ver en qué momento exactamente pasa de ser gracioso a resultar repelente).

Nada, que para qué utilizar todas las personas de los verbos. Diciendo “no teres” por “no quiero” o “no canta” cuando me ordena que no cante (ya hay un post este mes sobre este espinoso asunto, que es que no soporta que yo cante, el tipejo), se hace entender.

En definitiva: simplifica. Tanto que además un mismo verbo sirve para describir ese verbo y su contrario. Por ejemplo, “shubí” es que quiere subir, y también que quiere bajar.


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