¡¡Empezamos bien!!

¿¿No me pego tres días haciendo maletas, yendo a hacer recados, dejando la casa lista y en orden, poniendo siete lavadoras, echando a lavar todas las toallas y cambiando todas las camas para tener las sábanas limpias y todo en orden para nuestra vuelta…?? ¿¿No es verdad que mi hijo el pequeño, el que no se meó de vacaciones con mi vecina NI UN DÍA, se meó ayer y se le sobró el pis del pañal, y hubo que lavar sábanas y edredón…?? ¿¿NO VA EL TÍO Y SE VIENE HOY A MI CAMA, CON UNA NOCHE QUE ME HA HECHO PASAR DE CULO, CON SUS DOLORES DE RODILLA, LOS DOLORES QUE DE VACACIONES LE DESAPARECIERON, CUANDO ME HE ACOSTADO A LAS TRES Y MEDIA PARA DORMIR DOS HORAS Y TRES CUARTOS, PUES HAY QUE LEVANTARSE PRONTÍSIMO PARA IR AL AEROPUERTO… Y SE QUITA EL PAÑAL… SE-QUITA-EL-PAÑAL ADREDE, PORQUE LE DA POR AHÍ ¿¡¿¡¿Y SE MEA?!?!???

¡¡¡¡SE MEA EN MI CAMA PORQUE SE HA QUITADO EL PAÑAL!!! ¡¡¡SE MEA EN MI CAMA A LAS CINCO Y MEDIA DE LA MAÑANA, QUE NOS HEMOS PUESTO EL DESPERTADOR A LAS SEIS PARA COGER UN TAXI A LAS SEIS Y CUARENTA Y CINCO MINUTOS!!!! ¡¡¡¡¡¡SE MEAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!

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¿¡¿¡PERO DE QUÉ NARICES VA MI HIJO!?!? ¡¡UN PARRICIDIO AHORA MISMO ESTARÍA MÁS QUE JUSTIFICADO!!

Bueno, Amaya, respiiiiiiiira.

Respira porque… here we go!

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Tras pasar más momentos de tensión en el taxi, que hemos cogido más tarde de lo previsto, y habernos tragado un atasco mañanero con el que no contábamos, y haber sudado de lo lindo, pensando en que perdíamos el avión… ¡Ya hemos comenzado nuestras vacaciones! Señores y señoras, ¡¡nos vamos a Vietnam!! Sí, me he animado. Muchos intentaron quitarme la idea de la cabeza: “Igual es mejor vosotros solos, no lo vais a disfrutar”, “los niños de estas edades no se acuerdan luego, es más inteligente esperar unos años”, “es complicado viajar con niños pequeños”… etc. Pero a mí me encanta viajar. ME ENCANTA. Y no quería irme sola con el Señor de las Bestias. No por nada, sino porque quería disfrutar de un viaje en familia, compartirlo con mis hijos. Me gusta mucho hacer cosas con mis niños. Y además, creo que viajar es siempre positivo, se tenga la edad que se tenga. Por no hablar de que yo me he quedado en paro hace cinco días y quién sabe, con la profesión que tengo, si el verano que viene y/o el siguiente, me tocará dar el callo y no tendremos vacaciones. Y el Señor de las Bestias… me regaló un viaje por mi 45 cumpleaños, que será el 20 de agosto. Así que todo jugaba a favor de que pudiéramos hacer ese viaje. Ahora.

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Así que, eso, ya estamos de camino a la aventura. A ver cómo sale. De momento, se tienen que chupar como 20 horas de viaje, entre aeropuertos, escala y tal. Son dos vuelos de unas siete y siete horas y media cada uno. Pero volamos con Qatar Airways y ahí sabes que al menos tienes ciertas garantías, tanto de atención como de entretenimiento.

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Here we go. #Los4FantásticosEnVietnam

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La azafata trae unos juegos para los críos. La “Explorer case” está fenomenal. Un superboli de colores y un montón de pasatiempos.

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Pero, claro, ellos ya han descubierto la pantalla con juegos del asiento…

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¿Que qué tal viajan Don Bimbas y El Cachorro, sobre todo El Cachorro, que ve una pantalla y se queda atrapado, que ni duerme ni nada? ¿A limpia peli y venga de juegos? Pues ideal. Pronto descubriré que mejor siete horas y media así, que hora y media en un vuelo regular que ni televisión ni nada…

Pero no todo es un remanso de paz. Enseguida los críos descubren motivos para pelear. Últimamente Don Bimbas se dedica a chinchar todo lo que puede y El Cachorro a contraatacar. Además, se lo toma muy a pecho.

“¡Mentiroso!” le dice El Cachorro a su hermano. “¡Y traicionero!” Está muy enfadado. “Como me toques el dedo te arranco la cabeza y te parto los ojos”. El Cachorro, amenazando, no se anda con remilgos. Como lo oiga algún productor de telenovelas que viaje con nosotros, lo ficha fijo.

En cualquier caso, discusiones y pantallas aparte, el sueño vence y los niños caen.

Don Bimbas demuestra que existen otras formas de dormir en el avión.

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Y El Cachorro me da el mismo tormento en la cama que en un avión. Su cabeza encima de mí, me clava los codos trescientas veces…

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No obstante todo sueño, para los tres, es insuficiente. Dormimos muuuuuy poco. Yo también prefiero ver pelis que dormir. Además, si lo intento, solo oigo el ruido del avión volando y me empiezo a emparanoiar con que nos vamos a estrellar y me entra ansiedad y casi como que prefiero estar insomne.

Y digo que las horas de sueño son insuficientes para los tres porque El Señor de las Bestias vive otro tipo de viaje.

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Separado de nosotros, su existencia transcurre como la de un maharajá. Ve sin interrupciones todas las pelis que quiere, come su comidita en su bandejita con tranquilidad, sin estar pendiente de abrir platos ardiendo a dos niños, procurar que no se tiren nada encima, etc., se soba las veces que hace falta… estupendamente, oiga.

Y, así las cosas, entre pitos y flautas, y una escala en Doha, al final aterrizamos en Saigón…

Más coincidencias

¿Os creéis que sale hoy publicado este post sobre manguitos que destiñen…

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(Ya sabéis que publico con un año de retraso, con lo cual, mientras escribo lo actual voy viendo lo que sucedió hace un año).

… y mirad cómo me aparece Don Bimbas ahora?

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¡Justo el día que hablo de que hace un año estaba con moreno pitufo!

Es rarísimo, porque estos manguitos de Spiderman ya los ha llevado puestos, no los estrena hoy. Pero es hoy cuando le destiñen. Flipo.

Su padre: “¿Quieres dejar de comprar cosas en los chinos?” Pues mira, no.

Pero vuelvo a lo que me alucina. Me pasó esta misma coincidencia con el tema de encontrar juguetes o cacharros en la lavadora. Lo conté aquí. El día que escribía sobre el tema, me di cuenta de que era el mismo día que lo hice un año atrás.

¿No es muy epatante que ocurran estas cosas?

Escuela de Shakespeare

Estamos dando un largo paseo por el campo. Cómo no, mis hijos se entretienen por el camino y se rezagan. Nosotros vamos parando pero también retomando la marcha para ver si nos siguen, porque si no no caminaríamos absolutamente nada. En una de las ocasiones le pasa solo a El Cachorro lo de quedarse atrás, y oigo, en un lamento desgarrado: «¡Por favor, no me dejéis atrás!»

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Ay, pero cómo es de trágico. De verdad que es un teatrero de cuidado.

El día anterior, volviendo a casa desde el centro de Pamplona, se nos escapa el autobús. En Pamplona todo está cerca, menos nuestra casa. Sobre todo cuando nos hemos pegado una paliza. Mi madre, además por otras circunstancias, estaba muy cansada. Así que decido adelantarme para coger el coche aparcado en casa y volver a por todos, a por mis padres y a por mis hijos. Y echo a andar deprisa, casi a correr.

Y en esto que mis hijos, sí, esos por cuya culpa hemos perdido el autobús, porque cuando les hemos dicho que corrieran, que teníamos prisa porque se nos iba a escapar, no había manera de que espabilaran y han tenido que subirse a todos los bordillos, se han tenido que parar a mirar cualquier idiotez y han remoloneado lo más grande, cogen y se ponen a correr detrás de mí.

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“¡Mamáááááá, yo quiero ir contigooooooo!” El Cachorro, desgañitado. “¡Mamááááá, espérameeeeeee!” Yo me daba la vuelta y lo mandaba para atrás, con los abuelos. “Vuelve, que voy demasiado rápido y te vas a cansar, no puedes ir a mi ritmo”. Volvía a caminar. El otro detrás. “¡Nooooooo, yo voy contigo, no me voy a paraaaaaar!” ”¡Pero si me acababas de decir que estabas cansado!”

Por supuesto, donde va El Cachorro y lo que hace El Cachorro, va Don Bimbas y lo hace Don Bimbas. Así que si uno iba detrás de mí gritando “mamá”, el otro iba detrás de él gritando “mamá”. Un espectáculo por la acera. Dos críos berreando y su madre escapando.

Si no me he vuelto doce veces para decirles que no me siguieran, no me he vuelto ninguna. Y daba igual que cada vez estuviera más enfadada.

El Cachorro, lo que os digo, elevaba la intensidad del drama: «¡Mamá, no me hagas estoooo!»

Yo cada vez estaba más enfadada, aunque tronchada por dentro, sobre todo con el «¡mamá, no me hagas estoooo!» Cualquiera que lo oyese, madre mía.

No recuerdo qué les dije para convencerles de que se tenían que quedar con los abuelos. Una mezcla de “vuelvo enseguida”, con “cuidad a mis padres” y “os vais a cansar y yo no podré ir tan deprisa”, no sé ya si aderezado todo con una amenaza o con una cara de pocos, muy pocos amigos.

Y ya por fin liberada de ellos y yendo a casa con la lengua fuera, sí que pensé en la paradoja de esta situación. Si les llego a pedir que me acompañaran corriendo, sé, porque LO SÉ, que jamás lo hubieran hecho. Habrían protestado, sacado mil excusas, el pequeño lanzando los bracitos para que lo cogiera aúpa, como hace siempre, y el mayor quejándose de dolor de piernas o de pies o de uñas o de lo que fuera. JAMÁS HABRÍAN VENIDO CONMIGO. JA-MÁS.

Pero es que la vida es puro teatro.

Señora de las fotos

El Cachorro me llama «Señora de las fotos» y trata de boicoteármelas sacando la lengua cada vez que lo enfoco, o poniendo cara rara. Para fastidiarme la instantánea.

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Además parece tener radar porque intento pillarlo desprevenido y me caza a la primera. Y últimamente está con el guapo subido, y lo quiero inmortalizar y no hay manera. Zas, lenguaza.

Ahora, cuando le da por posar, posa.

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(Hemos aterrizado en la ciudad, hey, qué onda).

Si es que la cámara le quiere…

¿Y sabéis eso de que tener cuidado con lo que se desea, porque a veces se puede volver en tu contra? Pues por pesada, de un tiempo a esta parte, resulta que por el contrario de lo que acabo de relatar, de cada cosa que hacen, me piden foto.

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El pequeño «¡óto!»

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Y posan y todo, con sus creaciones.

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Así que ahora tengo una colección de fotos de este pelo.

Bueno, y de todos los pelos. ¿Qué os parece esta?

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Lo pillo todo.

Pero TODO.

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Un vecino ha propuesto hacer volar a Don Bimbas. Lo tira una y otra vez por los aires al agua. En una de estas lo ha lanzado tan alto y tan fuerte que a la caída le ha salido disparado un manguito.

Y ya es, porque os juro que metérselos en los brazos cuesta horrores.

Maaadre, qué porrazo se ha pegado el crío. Menos mal que los pequeños están hechos de otra pasta. De una con la que creen que las cosas se curan diciendo “cura, curita sana, culito de rana”. Esa pasta que hace que se caiga de bruces y acto seguido venga y me ponga las manicas en la boca para que se las cure con un besito.

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Aquí no se ha hecho daño. Pero parece que lo hace para prevenir.

… Oye, ¿y si funcionara? ¿Y si él tiene comprobado que mis besitos tienen efectos curativos y reparadores? Creo que la próxima vez que me haga/n daño, me besaré.

(¿No alucináis con el giro temático que ha tenido este post?)

Hacer el bien sin que le mire quién

Don Bimbas es tan especialito, tan que no se sabe por dónde le va a soplar el aire, tan puñetero, que está recogiendo una baraja de cartas en su caja motu proprio, sin que nadie se lo haya ordenado, y cuando he pensado en animarle diciéndole «qué bien, cariño, cómo recoges», me he cortado porque basta que se lo diga para que se enfurruñe y me tire las cartas a la cara. Me lo conozco.

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#mihijomedamiedo

Doping

Esta noche he decidido dopar a mi pequeño. Resulta que hay un antihistamínico que provoca sueño. Variargil. No es para tomárselo a broma porque puede tener efectos secundarios no muy divertidos. A mí me lo ha recetado una pediatra. Llevamos dos años y siete meses sin pegar ojo. Vamos a caer enfermos.

Y, oye, mano de santo.

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La noche del tirón. Maaadre mía. Bendito medicamento.

Dando pena en la piscina

Sale Don Bimbas del agua helado y, encogido, viene hacia mí diciendo «fío, fío».

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Da más lástima que el perro de «él nunca lo haría». Pero no solo al salir de la piscina… Compré en Pamplona unos manguitos en un chino porque se me olvidaron los de Don Bimbas en Madrid. Fijaos la calidad que tienen que cuando se los pone y se moja…

Sin título

Destiñen.

Lejos de ponerse moreno, se pone azul.

Zombis

Soy la madre más molona. Los vecinos amiguitos de mis hijos me hacen corro cada vez que bajamos a la piscina. Pero no porque sea la mamá que sale en la tele, ni la mamá que conduce una moto, ni la mamá que hace el pino puente, no. Soy la sensación porque tengo una pierna zombi.

Y con pierna de zombi se refiere a mi pierna, quemada con el tubo de escape POR TERCERA VEZ, porque es que soy lerda, de verdad.

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El quemazo es de aúpa, como lo son todos los de tubo de escape de moto. Se van al cuerno no sé cuántas capas de piel y recuperar eso cuesta la misma vida. Dicen que va bien, que tiene buena pinta. ¡Buena pinta! A mí me parece un asco. Como de zombi.

El caso es que tengo la herida tapada con gasa, pero en una de las curas le hice una foto (otra, más explícita que esta). Y eso es lo que quiere enseñar El Cachorro al personal, todo encantado.

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Lo que llega a fardar El Cachorro… «¿Quieres ver la pierna de zombi de mi mamá?» Le suelta a cualquiera. «Ven, que te enseñe la foto». O se me acerca y me dice: “¿Me dejas enseñarle la pierna de zombi a quien manda en la piscina?” Se refiere al socorrista. Vamos, que dudo que quede algún vecino por ver mi herida. Como la exhibición de la foto es a diario, estoy por ponérmela de fondo de pantalla.

Quien anda sugestionado con los zombis es mi chiquitico, que cada dos por tres levanta las manos fantasmagóricamente y dice con voz de ultratumba: «Ambiiiii»

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“Ambi” significa zombi. Hace de zombi. Pretende asustarme. Le chifla. Me chifla. Será porque entre zombis, nos reconocemos.

Y, así, se dedica a sembrar el terror en la piscina. Vedlo aquí, agazapado, haciéndose el muerto.

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Y despertándose súbitamente, siendo el zombi del que todos los mayores huyen. Y mi pimpollo encantado asustándolos.

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Raro proceso cromático capilar

Hace un año mi bebé no tenía casi pelo. El poco que tenía, parecía claro, pero la tonalidad cambiaba según le diera la luz. No había forma de presagiar la rubiedad de la que hace gala actualmente.

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Como siga con esta evolución, es probable que el año que viene se me vuelva albino.
Tengo mi teoría al respecto: Yo creo que es rubio por lo que yo suspiré toda mi infancia y pubertad por haber sido rubia. ¡Cómo suspiraba viendo melenas doradas! Me quedaba embobada, embelesada. Siempre me han llamado mucho la atención. Y soñaba que una energía extraterrestre me elevaba de la cama mientras dormía y transformaba mi pelo negro (y generalmente corto, que así me lo hacía llevar mi madre) en una magnífica melena larga rubia, o que el mismísimo Dios me cogía y decía algo así como: “Perdona, contigo me he confundido”, y desprendía mi cabellera azabache para dejar salir la verdadera, rubia y luminosa a más no poder, puesto que hasta rayos de sol salían de ella. De verdad que para milagros, pasaba de que se solucionara el hambre en el mundo. Mi pelo tenía prioridad.

 

Y, sí, yo era una niña con demasiada imaginación.

 

En cualquier caso, como os digo, yo creo que este niño no es rubio porque su padre lo fuera de pequeño (incluso lo era más). Es rubio por las ganas que tuve yo de serlo.
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Lo de que me hice periodista porque en mi casa lo de ser actriz como que no, y pensé: “¿En qué carrera universitaria puedo hacer el payaso?” no os lo había contado, ¿no?

 

Actriz. Otra asignatura pendiente. Así que en cuanto a deseos heredados, creo que el rubio apunta maneras.

El bebé de El Cachorro

Estamos en un cine de verano. En lo que empieza la peli, Don Bimbas se pasa a la fila de delante, donde hay dos niños mayores que él. Ahí andan los tres cuando se acerca El Cachorro y les dice a los niños esos: “¿Qué pasa, que os gusta mi bebé?” Jaaaajaja. A lo que los otros le contestan: “A tu bebé le gustan nuestros coches”. JAJAJA.

 

Así es. Don Bimbas está fascinado con los coches.

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¿Pero qué me decís de El Cachorro? Se cascan él y el pequeño últimamente que es un primor. Los tengo llorando cada dos por tres. Cuánto odio se profesan. Pero a la hora de la verdad…: “¿Os gusta mi bebé?” Me maravilla ese sentido de la posesión que tiene con respecto a su hermanito. Ese orgullo implícito.

 

Entre hermanos funciona así la cosa. A “su” bebé lo fastidia él y nadie más.