Tió

Por si no teníamos suficiente con cumpleaños de todo tipo (en el cole, en la urba, en casa, en Pamplona…), con Papá Noeles, Reyes y tal… zas, llega el Caga Tió. Ha sido cosa de una vecina catalana. “No, si la gracia no es el valor de los regalos, son chorradicas, pero tienen que ser muchos”. Yo ya estoy negra con que tengan venga el porrón de regalos. A mi alrededor le quitan importancia. Insisten en que son tontunas. Yo, se la doy: “¿¿Pero tú te crees que estos críos se dan cuenta de que ese boli fosforito cuesta menos que el barco pirata de Playmóvil??” “¡Hombre, claro!”, dice otra madre vecina. Pues yo mantengo que LES LLUEVEN LOS REGALOS, y que lo único que ven es que tienen regalos, y que van a salir caprichosos y tontos perdidos, y que desenvuelven regalos como caramelos y que ya nada les va a hacer ilusión.

Ahora, he de reconocer que la idea me gusta, que no me pierdo un sarao ni loquer y que los preparativos tienen su aquel. Que me gusta buscar las chorradicas y pensar en cómo serán el resto de chorradicas. Que hay chorradicas muy monas, por cierto.

El Señor de las Bestias consiguió un tronco (creo que fraudulentamente) que mi vecina caracterizó como Tió. Y luego cada madre de las familias participantes compramos tres regalicos para cada niño.

Al Tió hay que alimentarlo durante unos días, como un par de semanas antes de Nochebuena (aunque en este caso, la fecha es otra), con mandarinas, naranjas… bueno, lo que se quiera, o lo que se tenga en casa. En la mía ese tronco tendría el colesterol por las nubes, pues estaría a limpio polvorón.

Se le tapa para que esté calentito y que vaya engordando con todo lo que se le da de comer.

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Hasta que llega el día señalado, en el que se congregan los niños a su alrededor. Ahí es donde entran todos nuestros hijos, que se sientan rodeando a la criatura.

Antes, hay que ilustrar a los presentes, así que mi vecina catalana e impulsora del evento, lee el cuento de los Tions.

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Y luego todos le empiezan a cantar su canción, por supuesto en catalán, que los niños aprenden que otro gallo nos cantaría si lo hicieran así de rápido con el inglés en el cole.

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Mientras se canta la canción, hay que darle con “un palo suavecito en el culete”. Esa es la teoría. Y como nos la vende mi amiga. Pero la canción dice “si no vols cagar et donaré un cop de bató”, que significa “si no quieres cagar, te daré un bastonazo”. Un bastonazo, tú. O sea, o haces lo que yo quiero O TE RRRRREVIENTO.

Me ha parecido ver a alguno de los críos sacudiéndole de lo lindo con un bate. Para que cague. Como para no. Cago hasta yo.

(Inciso: ¿Por qué tienen los catalanes ese afán con la caca en Navidad? Que si el Caga Tió, que si el caganer… ¿Habrase visto pueblo más escatológico que este?)

En fin, que después de haberse desfogado a gusto, se van a la cocina y los padres colocamos los regalos. Y cuando vuelven…

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Tiran de la manta ¡y a abrir regalos y más regalos!

Y se repite el proceso unas seis veces. Seis veces por tres regalitos cada una… echad cuentas.

¿Y cuál es la lectura de esta entrañable costumbre? Que en la vida, a palos, conseguirás lo que quieras. Un mensaje de paz, amor y concordia, como muy navideño. Pero que, indiscutiblemente, les será muy útil.

Y, al final, fiestón.

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Y para rematar, todos a la pizzería.

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No paramos de ir de sarao en sarao estas Navidades. Que los críos van acumulando regalos, pero nosotros, kilos. Nos va a dar algo.

A ver si viene alguien a darme palos… pero en la boca, para que deje de zampar.