Estrella de la muerte

Veo la luna, que hace nada fue llena. Le falta un cachillo que parece la Estrella de la Muerte.

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(Una lástima. En la foto no se aprecia).

Se lo digo a El Cachorro:

– Mira la luna, parece la Estrella de la muerte.
– ¡Es verdad!

Y me da un gustazo…

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El otro día flipaban con que los críos hubieran visto ya todas las pelis de Star Wars. TODAS. El señor de las Bestias, corroboraba: “Yo no había visto ni una y tuve que pegarme el atracón”.

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Estando conmigo, es lo que hay.

Postcumple: Resacón galáctico. Y el tema de los roles

Hoy estamos derrengados. Yo, al menos, no puedo mover ni las aletas de la nariz. Qué paliza la de ayer. Pero aún tenemos jolgorio…

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Y no es este, precisamente. Pero antes de afrontar el domingo, llegan las anécdotas.

Me cuenta mi amiga Susana, que ahí, en plena vorágine de camellos y renos y focos a la calle, y niños y padres aplaudiendo y gritando, pasan unos señores y preguntan:

– ¿Qué es esto, una publicidad?
– No, un cumpleaños – les informa mi amiga.
– Se nos va de las manos – comentan mientras se alejan. ¡Ja, ja, ja! Razón no les falta.

Otra, la de los que estaban a cargo de los camellos, que los tenían “aparcados” en los jardines de la calle perpendicular a la nuestra, esperando para realizar su aparición estelar: Llega la policía. Sin problema, porque disponían, como es natural, de todos los permisos habidos y por haber. Pero vienen porque resulta que había llamado un vecino diciendo que había unos camellos atados en el jardín (también el vecino… ya ves, por un par de camellicos de nada, hay que ver), y confiesan los agentes que se pensaban que eran… ¡¡dos vendedores de droga!!, y se descojonaban vivos.

Lo que me ha amargado la existencia ha sido cuando el Señor de las Bestias me ha empezado a decir cifras de lo que ha costado la broma. Y ni con dos pagas extras, oiga. ¿Cada dos años, decía yo? Estos niños no van a volver a celebrar su cumple hasta que alcancen la mayoría de edad.

Pero lo que me ha acabado de fastidiar el descanso ha sido un evento de judo multitudinario al que hemos ido para que El Cachorro le coja el gusto a este deporte.

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Ahí estoy yo, dándolo todo. (El Señor de las Bestias, desde la barrera, sacando fotos).

En cuanto a la tarde, no os lo creeréis. Todavía quedan rescoldos del cumple. Han querido las circunstancias que, justo el fin de semana de celebración del cumple de los niños, se estrene “The last jedi”.

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(Quienes me seguís ya sabéis que este relato de nuestras vidas va con un año exacto de retraso).

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Y acudimos al gran acontecimiento perfectamente equipados.

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La ocasión lo merece.

Y no sé si os habéis fijado en los muñecos que ha escogido Don Bimbas para traer al cine (tiene estos dos y a Yoda)… Por eso, adivinad cómo vamos a repartir los cepillos de dientes eléctricos que van a recibir por Reyes mis críos (guau, qué ilu les va a hacer, ja, ja), cuando hay uno con Yoda y otro con soldado imperial…

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No, sí al final somos nosotros los que vamos a tener la culpa de que nuestro chiquillo sea malote… Por hache o por be, los malos se los adjudicamos a él. Y él, ojo, como veis, supercómodo.

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Él es a lo que tiende de forma natural. Desde que hemos descubierto que existe un canal que emite en bucle las seis primeras pelis de la saga, la tele está eternamente puesta. Y cuando termina alguna peli Don Bimbas va corriendo a su habitación y no os creáis que coge el sable verde de los buenos, no, coge la máscara de Darth Vader, diciendo: “¡El malo!”, y se la planta encantado.

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Por mi parte, me guardaré muy mucho, por cierto, de etiquetarlo como “malo” y de decir “es que tú eres malo”. Los niños se identifican pronto con las etiquetas que les ponemos y se adaptan a lo que decimos que son. Y eso es un error morrocotudo. Además de, en el caso de Don Bimbas, falso. Porque, a pesar de que hace trastadas y tiene un carácter muy fuerte, es tremendamente tierno y su corazón es enorme. Aunque respire como Darth Vader.

… Por no hablar de que Darth Vader demostró que seguía teniendo un buen espíritu. Al final, dentro de él, el bien ganó al mal. Que conste.

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Mirad qué muñeco. Qué bendito.

El descanso (angelical) de las fuerzas del orden. (Lo digo por el pijama de policía, ¿lo pilláis?)

Jedi judoca

Pues nada, que había que ir al cumple de un vecino cuya temática era “La Guerra de las Galaxias”, le pregunté a El Cachorro de qué quería ir, me dijo que de jedi, busqué en páginas web de disfraces y comprobé que había más trajes del lado oscuro que de los buenos, que los disfraces de jedi eran un poco chusqueros y cutrecillos, busqué a Luke Skywalker en internet para mirar detenidamente su atuendo a ver si me inspiraba…

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… y, ZAS, me inspiré.

¿Pues no va y resulta que lo que lleva puesta es la parte de arriba de un judogi o traje de judo? ¿Y no es cierto que a mi niño lo he apuntado a judo este año y tiene uno de esos?

Así que hete aquí mi jedi:

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Una madre que lleva a su hijo también a judo…: “¡Ahí va! ¡Claroooo! ¡Qué buena idea, haber avisado!”

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O sea, madres con hijos fans de “Star Wars”, espero que me agradezcáis especialmente este post.

Fdo.: La madre creativa.

El mundo según “La Guerra de las Galaxias”

A El Cachorro, más que con Jesucristo, con quien le surgen las dudas existenciales es con Darth Vader.

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– ¿Tiene un sable láser de verdad?

– Hombre, claro, ¿cómo va a tener Darth Vader un sable láser de mentira?

– ¿Pero si Darth Vader es de mentira, lleva una espada roja de verdad?

 

Mecachis.

 

– Darth Vader es de mentira y dentro de que lleva una espada de mentira es una espada de verdad.

 

Hale, así, para aclarar. Joer qué brete. No sé si prefiero explicarle lo de que Dios es Uno y Trino… (Deja, deja, es broma, ni yo lo entiendo).

 

Total, que creo que se me está yendo la mano con “La Guerra de las Galaxias”, que estoy obsesionando un poco a mis hijos, que debería aflojar.

 

Cruzamos un paso de cebra controlado por un agente y El Cachorro se maravilla:

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“¡Mamá, tiene una espada láser!”

 

Lo que os digo.

 

(Y, bien pensado, ¿no molaría todo que la policía fuera armada con sables láser?)

 

Pijama con poderes

Tiene Don Bimbas obsesión con su pijama de Star Wars.

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Cree que tiene poderes. Es ponérselo, extender la mano tipo superhéroe, exclamar “¡CHINNN!” o “¡PIIIIINNN!”, y esperar algún resultado. De vez en cuando yo me congelo, y a él le encanta, claro.

 

Pero quiere llevar el pijama a toooooodas horas. Llega a casa y te lleva a donde está para que se lo pongas. Y cuando al día siguiente se lo quitas, te arma un superpollo. Es más, cualquier día si estás buscando qué ponerle para salir a la calle, enseguida te trae el pijama, a ver si cuela.

 

Cuando lo compré sabía que le gustaría. Pero si llego a saber que tanto me hago con todas las existencias, porque este a este ritmo este lo va a gastar en un mes.