Un regalo de día

Despertamos y, es tal el cansancio de mis hijos, que, recordemos, el día anterior se metieron un viaje de cuatro horas, estuvieron danzando en la calle todo el rato y se acostaron tardísimo, que no les sucede como a mí, que no dormía la noche de Reyes y me despertaba a las cinco de la mañana, sino que tenemos que ir a despertarlos a su habitación… (bueno, a despertar a El Cachorro, porque Don Bimbas, fiel a él mismo, ya ha tenido que venir al alba a meterse en nuestra cama).

Y, uffff, regalos por doquier.

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Yo he tenido que ser extremadamente buena. Tengo la que más con diferencia. Mis Reyes se han pasado. Me han traído de todo, y además con gusto. ¡Con lo que me flipa abrir paquetes! Y probarme lo que descubro. Es genial que el hotel tenga espejos suficientes para que me pueda mirar y remirar.

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Madre mía, qué gozadera.

El Señor de las Bestias, se viene arriba y pide un par de desayunos para que nos traigan a la habitación. “¿Dos? Pide uno para los cuatro, que me conozco el percal”, le advierto. “Sí, hombre”, me replica.

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Ooooole el desayuno. A doblón, claro. Pero anda que no mola el tema.

Continuamos entusiasmados con los regalos. Abriendo, probando… y vamos dando pequeños mordiscos a lo que hay en la mesa del desayuno.

¿Y qué pasa? Que nos comemos una tercera parte. ¡Si ya lo sabía yo! No por falta de hambre, sino porque hay mucha tela que cortar esta mañana… que en un hotel, se acaba a las 12.

Yo, de hecho, tengo que salir zingando (y estrenando).

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He quedado con mi madre para ir a ver a mi padre. Me voy con pena, pero con una sonrisa. Y los dejo ahí, recogiendo lo que queda…

Gracias al Señor de las Bestias, lo que parecía el día de Reyes más triste de mi vida, se ha convertido en algo totalmente maravilloso y especial que no olvidaré jamás.

Hay sorpresas y SORPRESAS. Los Reyes existen.

Solo me falta poder contárselo a mi padre. Es el regalo que más deseo.

Cumple con gimkana

¿Será que tener hijos te hace ser más creativo? ¿Que te permite descubrir tu vertiente infantil? ¿Que haces cosas de adultos pero pensando en que ellos también se diviertan? ¿O será que, por muchos años que tenga, yo sigo disfrutando con cosas de niños y hay uno que se ha dado cuenta?

 

Hoy es mi cumpleaños. Y al encender la luz de mi mesilla me he encontrado con una nota y un dibujo de El Cachorro.

 

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No lo he hecho. Y cuando han venido los tres, el Señor de las Bestias me ha permitido leer lo que había en la nota, que no era sino una pista para encontrar un regalo.

 

Que me ha llevado al congelador.

 

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De ahí a debajo de mi almohada.

 

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Y ponía:

 

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“En tu caso, no es la cocina”. Jajajaajjaajajajjaa.

 

Era el baño. Había otro regalo, que me ha enviado a mi armario, donde había otro.

 

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Que me ha encantado y me ha enviado a otro.

 

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Que asimismo me ha puesto contentísima.

 

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Y eso que lo mejor estaba por llegar…

 

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Tachááááááánnnn:

 

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Bonito y dulce, sí señor.

 

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Doblemente dulce.

 

No era el final. Una nota me enviaba a la terraza.

 

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Donde había otro superregalo que…

 

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También me ha entusiasmado, como se puede observar.

 

Y para rematar.

 

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Un desayuno justo a mi medida.

 

Aquí hay alguien que me conoce pero que muy bien.

 

No os cuento lo mucho que he disfrutado con la gymkana y lo mucho que se han divertido mis pequeños.

 

Se queda el listón altísimo para el año que viene. Pero altísimo.