Me rindo

Mirad lo que acaba de ocurrir en mi sofá:

madre 21 (1)

Eso es pis.

Otra vez. De nuevo. Se repite la jugada. Cuatro días después, el mismo marrón.

Os lo juro. Me va a dar algo. Soy una madre desesperada. Me doy.

Pese a todo, no reacciono como la otra vez que os conté, que batí los records de mala madre. Me propuse no volver a dejarme llevar por la ira extrema y además no tenía motivo. En aquella ocasión Don Bimbas se meó básicamente porque le salió de la polla del pito, nunca mejor dicho. Para joder. (Siento el vocabulario, pero entendedme). Pero esta vez ha ocurrido (o eso creo) porque se ha echado una siesta de campeonato y se le ha escapado mientras estaba en fase R.E.M.

No, de verdad, lo del pis en el sofá me desequilibra. Hay que quitar las fundas, que cuesta un huevo, porque están como a presión, lavarlas, plancharlas, que cuesta otro huevo porque la tela es como gorda, y volver a rellenarlas, que cuesta mil pares de huevos porque para mí que encogen en cada lavado y meter el cojín te garantiza que sudes, que te hieras y que te cabrees. Y que se rompa la tela y se salte la cremallera, como me pasó el otro día.

El relleno de los cojines. ¿Cómo coño se lavan unos cojines de pis? ¿Alguien lo sabe? De nuevo hago como en la otra ocasión. Prácticamente vacío un bote de amoniaco perfumado encima, más otro de alcohol de 70º (o sea, lo que pillo por casa, que solo me ha faltado rociarlo con vinagre de vino y mostaza), y saco los cojines a la terraza, a que un año de estos se sequen, porque están ahogados en líquido no sé si corrosivo.

Y el salón parece, una vez más, Sarajevo en guerra. Y no nos podemos sentar en condiciones a ver la tele. Y a mí que todo esté “mal aspectoso” me enajena, desubica, estresa y deprime. Y me entra como una flojera y un “me largo a un spa una semana entera, olvidadme” que no os podéis hacer idea.

En fin, quién dijo que ser madre iba a ser fácil…