Un grande

Hoy Don Bimbas no tiene su extraescolar y lo tengo que recoger del cole antes que a El Cachorro. Aprovecho y me lo llevo a hacer la compra al súper. Aparco al lado y le digo que venga conmigo. Y dice que no.

– Acompáñame, anda – le pido.
– ¡Que ya sabes dónde está! (el súper) ¡Al lado del coche!

Jaaaajaja. Por si no lo había visto.

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Lo convenzo, muerta de la risa, y hacemos la compra. Cuando volvemos, lo coloco todo, incluido a él en su sillita y, como me ha dicho que tiene hambre, le doy una gelatina que, siendo lo más previsora que se puede ser siendo yo, se me ha ocurrido coger de casa por si le entraba el hambre. Se la abro y voy a tirar la tapa a una papelera. Al volver le doy, por inercia, al botón de las llaves y cierro el coche. Tiro de la manilla de la puerta y, claro, no puedo entrar. Cuando vuelvo a darle al cierre centralizado y abro, el tipo:

– Jaaa ja, ja, ja, ja… – en plan “chincha rabia”.
– ¿Qué pasa?
– Que te has quedado encerrada afueraaaaa.

ENCERRADA AFUERA. Está sembrado.

Por cierto que, si os habéis fijado, habréis visto que está vestido de chulapo. Iban así los críos al cole.

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Y, chica, qué quieres que te diga, el traje de chulapo es como de pastor, tiene cero glamour. Pero, ojo, a mis críos les sienta bien cualquier cosita que les pongas…

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¿Sí o no?