Un año sin fumar

El día 7 del 7 cumplí un año sin fumar. Creo que lo he conseguido por la fecha. El 7 del 7 del 17, y con San Fermín echándome el capotico. Pero tamaño esfuerzo por mi parte, no fue festejado como se debía. Me quejé de que nadie me había hecho un regalo (soy de las que creo que siempre viene a cuento regalarme cosas…)

El Cachorro se ha puesto hoy manos a la obra. Ya me ha avisado llamándome al móvil estando yo trabajando, de que había un dibujo, que había cosas escritas por detrás, que había otra cosa… Es como su padre, no puede resistir contarme cosas por adelantado y reventar la sorpresa.

Cuando llego a casa, el dibujo en cuestión con un pétalo, ideal.

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No le ha quedado claro lo de que llevo un año. Pero le suena a mogollón, así que “muchos días sin fumar”. Muchísimos, hijo, desde luego.

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El caso es que aparece El Cachorro, me pide el móvil, se va y vuelve con una foto. Esta:

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Me propone un juego para conseguir mi otro regalo, que es lo que veo en la foto. “Tienes que elegir” (me deja claro que es UNA de las dos chocolatinas, para que no me haga demasiadas ilusiones).

Así que jugamos a frío-caliente. Y me lleva hasta el congelador.

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¡Un regalo con gymkana! Esto lo ha heredado del padre. Me chifla hasta la médula.

Reyes espléndidos

Pues yo diría que no les hace tanta ilusión como me hacía a mí. Claro, en diciembre les aparecen regalos hasta de debajo de las piedras… Que si los del cumple, que si los de la celebración del cumple, que si los del cumple de mis padres cuando vamos a Pamplona, que si los de Papá Noel, que si los del Cagá Tió que hemos hecho este año, y ahora Reyes… Que son los que veis y otros tantos en casa de su abuela paterna.

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Y di que son un primorcico y El Cachorro hace mogollón de aprecio: “¡Mira, el que pedí!”, “¡Hala, una camiseta que quería!”, “¡Un cepillo de dienteeeessss!” O sea, que da gusto. El otro es más selectivo. Abre cuatro coches de Hot Wheels y ya dice “ete sí, ete no”. Le gustan dos y los otros dos nos los podemos meter por donde nos quepan. El caprichosito…

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¿Y qué me decís de ESTE?

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(Se lo compré a El Cachorro el año pasado, y cuando vi la cantidad de regalos que tenía, decidí dejarlo para este).

Siempre lo quise tener. Y nunca. (Yo creo que no lo pedí con suficiente ahínco). El Señor de las Bestias también me confiesa que ha sido su juguete nunca conseguido. Así que nos peleamos por él.

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Ojo a los cirujanos.

Y porque no había un juego de Operación de Star Wars, que si no hubiera comprado esa versión.

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¡Menudo kit de artículos de la peli que les han dejado los Reyes!

Y una cosa que me A-LU-CI-NA. Si les cae algo parecido, no se fijan en si en el color de uno es más guay que el del otro, o en si mola más por lo que sea, no. Asumen que es SU regalo, pero además hasta las últimas consecuencias. Yo, que los compro para que los utilicen indistintamente, Y NO HAY TU TÍA. Es decir, compro un revólver y una pistola automática, ambos de pistones. El Cachorro ha abierto el revólver y Don Bimbas la automática, y aunque esta última tenía el gatillo más duro y le costaba disparar, ninguno de los dos ha querido cambiarla. Creo que incluso han mirado con envidia la pistola del otro. Pero han adoptado la que les ha adjudicado el cartel de los Reyes con verdadera seriedad.

Con las cantimploras de Star Wars pasa lo mismo. No os creáis que se confunden en plan “¿la tuya era la roja de tapón azul o la azul de tapón rojo?” Ni mucho menos. NO SON INTERCAMBIABLES. Cada uno ha abierto una y tiene MUY CLARITO cuál es la suya. Yo aún no me he enterado.

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Lo que tienen, son muchos regalos. En mi casa los Reyes siempre han sido muy espléndidos, y siempre ha sido uno de los días más felices del año, si no el más. Abrir la puerta del salón y verlo repleto de regalos… ¡qué sensación! Así que, a pesar de que sostengo que los críos tienen una barbaridad de cosas, quiero que vivan lo mismo que yo: la emoción de levantarse para ir corriendo al salón a ver qué han dejado los Reyes.

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No creo, sin embargo, que logren sentir lo mismo que sentía yo. Una pena.

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Mirad qué saloncico se ha quedado de majo. A pesar de cómo soy yo, que me sale urticaria si veo el más mínimo desorden y un papelillo tirado por el suelo, me encanta.

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Ahora, y después de un buen chocolate y de un gran trozo de roscón, a disfrutar del día.

¡Os deseamos que también hayáis tenido unos felices Reyes!

Profesionales de la cabalgata y novatos de la noche de Reyes

Están los críos dándose un baño de espuma y me llaman. Con la cara tapada (eso, El Cachorro, porque al otro le parece que la tiene, pero no), me hacen jou, jou, jou.

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Qué navideños.

Pero hoy no es el día del gordo advenedizo. Hoy es el día de la Cabalgata de los Reyes Magos. Y yo soy fan total de Sus Majestades. Así que arrastro a toda la familia a recibirlos. Y vamos con unos vecinos.

No nos acercamos a verlos de cualquier manera. Vamos con una furgoneta en la que hemos metido unas escaleras.

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Como unos profesionales.

Yo llevo galletas saladas, una bolsa con polvorones y cervezas frías. “¿Pero se puede beber alcohol en la calle, Amaya?”, me pregunta una vecina. Hija, no lo he hecho ni pensar. Pero creo que la policía está hoy a otros menesteres. (Le digo a un amigo municipal vía WhatsApp que “a ver dónde están los polis cuando se les necesita”, que quiero una primera fila en la cabalgata, y él me contesta: “A ver si llueve bien y os recogéis pronto”).

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Y tan bien, que se ha puesto a llover. Un vecino que mide dos metros de alto por dos de ancho, lloriqueando porque tiene los pies empapados y helados, yo, con las manos que se me resbala la cerveza porque están como debajo de un grifo, el móvil inutilizable por lo mismo… Un cuadro.

Eso no es todo. ¡¡No tenemos roscón!! Y eso sí que no. En mi casa no se prueba (y no por falta de ganas, sino por tradición y porque cada día tenga lo suyo y para hacer que haya cosas especiales) hasta el día 5. El día 5 después de la Cabalgata. Se abre la veda; de ahí, en adelante. Por tanto, el día 5 TIENE QUE HABER ROSCÓN así tenga que hacer un butrón en una pastelería. Por tanto, con el móvil chito, me pongo a llamar a El Corte Inglés para indagar cuándo cierran. Porque no solo no tenemos roscón, tampoco comida para mañana.

Averiguado el horario y finalizada la Cabalgata, y después de un buen chocolate reparador en una pastelería, vamos a El Corte Inglés, donde acabamos deambulando por su supermercado buscando delicias para hoy y mañana. Y, una vez en casa…

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Después, a limpiar zapatos y a colocarlo todo.

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Y despuéssssss… Niños a la cama y yo poniéndome a hacer letreritos. Mi mente: “Escribe solo los nombres, de cualquier manera, que total, ni se fijan ni lo aprecian”. Mi corazón: “Qué pena, con lo monos que quedan los cartelitos personalizados para cada paquete…”

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Un año más, pico.

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Debería guardarlos de un año para otro.

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¡Qué coño! ¡Si los guardo! Lo que no sé es dónde… ¿Cómo se puede ser tan desastre?

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Pues nada, cartelitos, colocación de regalitos…

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Y hasta las tres de la mañana, con la broma.

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Pero merece taaaaanto la pena…

Qué ganas de que llegue mañana, ahora que los Reyes y sus camellos ya han pasado…

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Tió

Por si no teníamos suficiente con cumpleaños de todo tipo (en el cole, en la urba, en casa, en Pamplona…), con Papá Noeles, Reyes y tal… zas, llega el Caga Tió. Ha sido cosa de una vecina catalana. “No, si la gracia no es el valor de los regalos, son chorradicas, pero tienen que ser muchos”. Yo ya estoy negra con que tengan venga el porrón de regalos. A mi alrededor le quitan importancia. Insisten en que son tontunas. Yo, se la doy: “¿¿Pero tú te crees que estos críos se dan cuenta de que ese boli fosforito cuesta menos que el barco pirata de Playmóvil??” “¡Hombre, claro!”, dice otra madre vecina. Pues yo mantengo que LES LLUEVEN LOS REGALOS, y que lo único que ven es que tienen regalos, y que van a salir caprichosos y tontos perdidos, y que desenvuelven regalos como caramelos y que ya nada les va a hacer ilusión.

Ahora, he de reconocer que la idea me gusta, que no me pierdo un sarao ni loquer y que los preparativos tienen su aquel. Que me gusta buscar las chorradicas y pensar en cómo serán el resto de chorradicas. Que hay chorradicas muy monas, por cierto.

El Señor de las Bestias consiguió un tronco (creo que fraudulentamente) que mi vecina caracterizó como Tió. Y luego cada madre de las familias participantes compramos tres regalicos para cada niño.

Al Tió hay que alimentarlo durante unos días, como un par de semanas antes de Nochebuena (aunque en este caso, la fecha es otra), con mandarinas, naranjas… bueno, lo que se quiera, o lo que se tenga en casa. En la mía ese tronco tendría el colesterol por las nubes, pues estaría a limpio polvorón.

Se le tapa para que esté calentito y que vaya engordando con todo lo que se le da de comer.

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Hasta que llega el día señalado, en el que se congregan los niños a su alrededor. Ahí es donde entran todos nuestros hijos, que se sientan rodeando a la criatura.

Antes, hay que ilustrar a los presentes, así que mi vecina catalana e impulsora del evento, lee el cuento de los Tions.

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Y luego todos le empiezan a cantar su canción, por supuesto en catalán, que los niños aprenden que otro gallo nos cantaría si lo hicieran así de rápido con el inglés en el cole.

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Mientras se canta la canción, hay que darle con “un palo suavecito en el culete”. Esa es la teoría. Y como nos la vende mi amiga. Pero la canción dice “si no vols cagar et donaré un cop de bató”, que significa “si no quieres cagar, te daré un bastonazo”. Un bastonazo, tú. O sea, o haces lo que yo quiero O TE RRRRREVIENTO.

Me ha parecido ver a alguno de los críos sacudiéndole de lo lindo con un bate. Para que cague. Como para no. Cago hasta yo.

(Inciso: ¿Por qué tienen los catalanes ese afán con la caca en Navidad? Que si el Caga Tió, que si el caganer… ¿Habrase visto pueblo más escatológico que este?)

En fin, que después de haberse desfogado a gusto, se van a la cocina y los padres colocamos los regalos. Y cuando vuelven…

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Tiran de la manta ¡y a abrir regalos y más regalos!

Y se repite el proceso unas seis veces. Seis veces por tres regalitos cada una… echad cuentas.

¿Y cuál es la lectura de esta entrañable costumbre? Que en la vida, a palos, conseguirás lo que quieras. Un mensaje de paz, amor y concordia, como muy navideño. Pero que, indiscutiblemente, les será muy útil.

Y, al final, fiestón.

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Y para rematar, todos a la pizzería.

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No paramos de ir de sarao en sarao estas Navidades. Que los críos van acumulando regalos, pero nosotros, kilos. Nos va a dar algo.

A ver si viene alguien a darme palos… pero en la boca, para que deje de zampar.

Crece en generosidad

Me he levantado pronto. Mejor dicho, Don Bimbas me ha levantado pronto. Así que he aprovechado para repartir los regalos de El Cachorro por toda la casa mientras él seguía durmiendo. Hoy es su cumpleaños. Los he colocado o escondido para jugar al “frío-caliente”. Don Bimbas me ha acompañado callandico, participando y disfrutando de lo que estábamos organizando para su hermano.

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Pero, claro, es demasiado pequeño para ser consciente de que ninguno de todos esos regalos va a ser para él. (Bueno, una camisa le ha caído, así como a El Cachorro le caerá un par de camisetas el día del cumple de Don Bimbas). Así que cuando el homenajeado se ha despertado y le he animado a buscar sus regalos, y los ha ido encontrando, ha ido su alegría en aumento en la misma proporción en la que crecía la decepción de Don Bimbas.

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Ningún regalo era para él. “Cariño, es el cumpleaños de tu hermano, el tuyo será en tres días” (y, oye, menos mal que son tan seguidos…)

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El Cachorro ha ido entonces, como digo y como es lógico, abriendo sus regalos. Pero al final, con el último, va y le dice al pequeño: “¿Lo quieres abrir?”

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Y me entran ganas de regalarle el mundo entero, porque se merece eso y más.

En cuanto a los regalos, no sé si os habéis fijado en que uno es un Lego. MI FAVORITO. Y ha triunfado. El pequeño, ha querido enseguida hacer acopio de todas las piezas.

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Yo, me he puesto por poner, por matar el rato mientras padre e hijo construían una moto.

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Y me he engorilado.

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A mí me ha encantado el Lego de toda la vida. Hacia casas y les sacaba fotos.

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Hoy no iba a ser menos…

¡¡Viva tener hijos para recuperar tus juguetes favoritos!!

Día minion de los enamorados y amor en el portal

Dibuja El Cachorro lo siguiente:

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“¿Qué es, cariño?”, le pregunto. “Un minion enamorado de un plátano”.

Vamos, es que está CLARÍSIMO.

A expresar conceptos con dibujos esquemáticos NO-LE-GANA-NADIE.

Hoy, por si no lo sabéis, que bien puede pasar, porque apenas se habla de ello, es el día de los enamorados. Hoy llego a casa del cole con los críos y el portero me da un ramo de flores que ha dejado un repartidor a mi nombre.

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El Cachorro indaga:

– ¿Quién te lo ha regalado?
– Un admirador secreto – le digo.
– ¿¿Te lo ha regalado el portero??

JA, JA, JA, JA.

Love is in the air.

Generosidad

Le regala Papá Noel a El Cachorro un coche chulísimo y quien lo estrena es su primo.

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Este hijo mío no puede ser más generoso. Es que es bueno como él solo.

El otro hijo mío… de momento lo que le hace ser bueno, un héroe de verdad, es un traje…  Recibe de regalo un pijama de Spiderman y, a tenor de la expresión de su cara, parece que ha sido todo un acierto.

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Viendo cómo le queda, presumo que vamos a tener Spiderman para rato.

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A ver si se le pega lo de hacer el bien. Que lo de saltar, brincar, colgarse de sitios y tal ya lo borda.

 

Inmune al chantaje

Le dice el Señor de las Bestias a El Cachorro que mañana le llevará al pueblo para que una familiar muy cercana le dé sus regalos de cumple. Y contesta él, con una serenidad pasmosa, con una resignación aplastante, con un aplomo asumido, sincero y lógico: “Pero si no me los va a dar porque no hablaba con ella”.

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Hace siete días, el día de su cumple, esta señora le llamó para felicitarle y él no se quiso poner. Ni con ella ni con el 70% de la gente que lo llamó. Es tímido y sin reparos te dice que no se quiere poner porque le da “güervenza”. Pasa mal rato el crío. Pues la otra: “Si no te pones no te daré tus regalooooos”, le decía al otro lado del teléfono con tono cantarín. Pues ni por esas. El Cachorro no cedió a su chantaje.

 

Manda huevos que le presionara de esa manera. Se supone que lo tendría que conocer lo suficiente, porque lo conoce de sobra, como para no venirle con esas, como para entenderlo y decir “no pasa nada, cariño, felicidades, ya hablaremos”. Pero no.

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Así que hoy, cuando su padre le dice de ir a visitarla, él tenía totalmente asumido que no le iba a dar sus regalos. Porque eso es lo que le dijo ella. Y está acostumbrado, además, a que las condiciones que se le ponen, se cumplan.

 

Pero su padre le dice que sí que se los dará.

 

Así que gracias a ella ahora ya sabe qué es el chantaje, la amenaza y la mentira. Supongo que con cinco años tiene que empezar a encontrarse con todo tipo de situaciones y de gente…

 

(Se nota lo bien que me cae esa persona, ¿verdad? Que cuando oí lo de “si no me hablas no te daré tus regalos” ganas me dieron que decirle: “Métetelos por el cuÁNTO HACE QUE NO NOS VEMOS, DARLING”).

 

Mantener fuera del alcance de los niños

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¿Sabéis dónde encuentro esta advertencia? ¡¡En UN JUGUETE!! Un juguete para niños que ha de mantenerse fuera de su alcance. ¡Coooojonudo!

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Claro que yo de mil amores se lo quitaba a El Cachorro. Y no ya por haber leído esto (tarde, cuando el peque ya había abierto su regalo de cumple). Sino porque, sí, mola mucho la mano arácnida que lanza telas de araña…

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PERO…

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¡Mecachis!

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¡Meeeeecachis!

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¡¡¡ME CAGO EN TÓ!!!