Raro proceso cromático capilar

Hace un año mi bebé no tenía casi pelo. El poco que tenía, parecía claro, pero la tonalidad cambiaba según le diera la luz. No había forma de presagiar la rubiedad de la que hace gala actualmente.

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Como siga con esta evolución, es probable que el año que viene se me vuelva albino.
Tengo mi teoría al respecto: Yo creo que es rubio por lo que yo suspiré toda mi infancia y pubertad por haber sido rubia. ¡Cómo suspiraba viendo melenas doradas! Me quedaba embobada, embelesada. Siempre me han llamado mucho la atención. Y soñaba que una energía extraterrestre me elevaba de la cama mientras dormía y transformaba mi pelo negro (y generalmente corto, que así me lo hacía llevar mi madre) en una magnífica melena larga rubia, o que el mismísimo Dios me cogía y decía algo así como: “Perdona, contigo me he confundido”, y desprendía mi cabellera azabache para dejar salir la verdadera, rubia y luminosa a más no poder, puesto que hasta rayos de sol salían de ella. De verdad que para milagros, pasaba de que se solucionara el hambre en el mundo. Mi pelo tenía prioridad.

 

Y, sí, yo era una niña con demasiada imaginación.

 

En cualquier caso, como os digo, yo creo que este niño no es rubio porque su padre lo fuera de pequeño (incluso lo era más). Es rubio por las ganas que tuve yo de serlo.
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Lo de que me hice periodista porque en mi casa lo de ser actriz como que no, y pensé: “¿En qué carrera universitaria puedo hacer el payaso?” no os lo había contado, ¿no?

 

Actriz. Otra asignatura pendiente. Así que en cuanto a deseos heredados, creo que el rubio apunta maneras.

Educando a mamá a comer

Mi hijo se ha propuesto llevarme por la senda del bien. Decide darme una de sus chuches favoritas: una zanahoria.

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Verme a mí sujetando una zanahoria ya es la leche, ¡¡pero viéndome comerla…!!

 

Y la he comido.

 

Yo a él le he dado donuts de chocolate para desayunar.

 

Entre él y yo, el equilibrio. Somos el yin y el yan.

 

 

Porque el otro… el otro ya digo que es como servidora. Si quieres que Don Bimbas se tranquilice, no te de la murga y esté concentrado en algo, dale chuches.

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Esta es la imagen de cuando sabes que algo se come pero no sabes muy bien cómo.

 

Si es como yo, que lo es, o se lo quito ya y se lo abro, o es capaz de arrancarse a dentelladas y comérselo tal cual, con plástico y todo.

 

Con la tripota satisfecha, es verdad que encuentra otras cosas con las que entretenerse. Se puede pegar la tarde poniéndose y quitándose sus chanclas… y las de todos los de la urbanización. Menudo entretenimiento. Barato me va a salir.

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(Aquí hay un culo. Es monísimo, pero no lo pongo porque hay algunos muy asquerosos por ahí sueltos…)

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Hay que decir que es capaz de andar con maestría con unas chancletas 17 números más altas que las suyas. Y comerse 17 palmeras de chocolate. Qué no sabrá hacer, este chilindrín.

Aúpa

Mis dos hijos, que son el resultado de una madre despreocupada, un padre que trajina con bichos y un abuelo escalador, dejan a todo el mundo patidifuso cuando se ponen a trepar y a escalar. ¿¡Pero cómo es posible que haya llegado tu hijo ahí!?, me preguntan. De ambos. Ya sea una valla, una altura, un poyete… lo que sea. Ellos logran llegar a lo más alto. Además, han conseguido desarrollar cierta fuerza en sus extremidades. Por eso epatan al más pintado cuando les da por colgarse de cualquier barra. Se suspenden y suben los piecillos con una facilidad pasmosa.

 

De modo que cuando alguien observa a mi bebé, con unos manguitos más grandes que él, caminar por la piscina y bajar las escaleras para bañarse, espera ver a un crío torpón que se maneje como un pato mareado, como cualquier otro de poco más de año y medio, y va y se encuentra a Cary Grant reencarnado, se asombra total.

 

Pero no os cuento la cara que pone el personal cuando ven que no solo no utiliza las escaleras para meterse en el agua, sino que tampoco lo hace para salir. Lo hace por el bordillo, aupándose. Y no lo hace como un gusano, no se posa sobre su barriga como una foca del Sea World. Tiene tanta fuerza en los brazos que apoya las manos, tira de su cuerpecillo serrano tanto como para poder sacar su piececillo, y sale. Sin despeinarse.

 

Ojo a la secuencia que corrobora lo que os narro:

 

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Y tan pichi. Me alucina hasta a mí, que conozco sus capacidades…

¿Qué ocurre cuando bañas a un bebé con un pañal normal?

A Don Bimbas le da igual si lleva el pañal de baño, si va en pelotas o si lleva un pañal normal. Si quiere ir al agua, va.

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La cosa es que cuando se sumerge con un pañal corriente, acaba llevando media piscina colgando.

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Y como si nada. No le afecta en sus quehaceres. Pero yo creo que o se lo quito ya o acaba haciendo el spagat.