De padres desastre está el mundo lleno

Me congratula ver que no somos los únicos que dan de comer a sus niños a la hora de la merienda.

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A la mesa de al lado acaba de llegar una familia con un par de menores y se han sentado. Mis hijos llevan comiendo solo un rato, pero deben ser las cuatro y media de la tarde. Esa familia vecina de mesa me hace sentir bien…

Claro que igual lo que ha hecho esta familia es precisamente venir a merendar…

Ay, vaya par de dos estamos hechos. Y esta ejemplaridad de padres… ¡en pleno Día del Padre! Como nos vean los de Servicios Sociales, verás las risas.

Por cierto, como todavía tenemos hijos a nuestro cargo, o precisamente por si nos los arrebatan, para tener un recuerdo de ellos, hoy, para el regalo del Señor de las Bestias, ME LO HE CURRADO.

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Escogerlas, editarlas, llevarlas a imprimir, enmarcarlas… Cuesta lo suyo. Me ENCANTAN estas fotos.

Vive de tus padres hasta que puedas vivir de tus hijos

Está el Señor de las Bestias con un poco de fiebre, y eso ya sabéis que, para un hombre, es como tener un pie en el otro barrio.

Ha vuelto del trabajo hecho una angustia viva, se ha dejado caer en el sofá y se ha puesto a roncar. (¿Estará enfermo de verdad o con el cuento se está echando la siestaca de su vida?)

Cuando estaba preparando la leche con el Cola Cao en la cocina, viene El Cachorro y me dice: “¿Sabes qué le he hecho a papá para que no le suba la fiebre? Taparlo con una manta”.

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Me asomo al salón y, yes, ahí está el Señor de las Bestias, más bien cuidado que bien cuidado.

Qué amor de crío. Con su hermano, ese pequeño viva la Virgen, no sé qué nos va a deparar la vida; aún está por definirse. Pero con él tenemos asegurado alguien que se vaya a ocupar de nosotros cuando estemos gagá.

Avances en el aprendizaje

Hace poco El Cachorro nos dibujaba así al Señor de las Bestias y a mí.

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Qué raro, yo con un superhelado en la mano. No me tiene calada ni nada, mi hijo.

A mí sus dibujos (como a cualquier madre los de sus hijos) me parecen mundiales. Así que como en tres días cumple años el Señor de las Bestias, le pido a El Cachorro que le realice un dibujito, que estas cosas hacen una ilusión loca. Pues bien, se ha puesto. Pero…

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Primero ponía “felic”. Luego, “cumpeañios”. Después, “cumpleañyos”.

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Por fin…

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Maaadre lo que nos ha costado. Y además tiene que repetirlo ya todo, claro, porque la hoja esa está hecha un cuadro.

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Y luego es cuando pienso… ¿Por qué no habré dejado el original? Yo y mi manía por que se hagan las cosas, no bien, perfectas. O sea, que aplaudo lo que hace pero lo cambio. Me estoy cargando toda la autenticidad. “Felic cumpleañios” molaba todo. Maldita sea.

Por su parte, Don Bimbas también anda haciendo progresos en lo suyo. Hoy ha llegado de la guarde con un par de caritas en el dorso de la mano porque ¡ha hecho por primera vez pis en el orinal!

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Tiene 2 años y casi 3 meses. No está nada mal, muchachito, naaaada mal.

Bis, bis

Se mete El Cachorro en la cama. Se mete Don Bimbas. Pide El Cachorro su espada. Don Bimbas su “pa”.

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Tira El Cachorro el dinosaurio de la estantería de un espadazo.

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Lo coloco y le da un mandoble Don Bimbas.

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Esto de que todas las acciones de esta casa tengan eco…

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Pero todas. Y no solo con este par de miembros de la familia. Aquí, de manera habitual, se dan unos “antes y después” de lo más compenetrados.

Dejo a padre e hijo en el sofá viendo la tele. El antes.

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Vuelvo al cuarto de hora y me los encuentro así. El después.

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Jaajajajaja. Vaya tropa tengo en casa.

Educar al primero

Cuando tienes un segundo hijo, si has educado al primero más o menos bien, tienes medio trabajo hecho.

 

Bueno… eso es mucho decir, porque Don Bimbas es demasiado Don Bimbas. Pero digamos que en vez de dos padres desesperados, somos dos padres desesperados y un hermano generoso (no siempre) los que, cada uno a nuestra manera, educamos al pequeño.

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Don Bimbas imita a El Cachorro todo lo que puede. Que se acerca corriendo hacia mí y me dice en broma “chachipiruli”, pues viene Don Bimbas seguidamente corriendo de la misma manera, se para exactamente en la misma postura que El Cachorro, y dice algo similar, en su lenguaje: “tatití”.

 

Le dijo a El Cachorro que se desvista para meterse en el baño, y el pequeño quiere hacer también lo propio. Es decir, si se lo digo antes a Don Bimbas, ni caso. Pero si se lo digo a su hermano, El Cachorro procede, y luego a él, él hace lo propio.

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Menos mal que El Cachorro me ha salido como me ha salido, porque Don Bimbas tiene mucho peligro y solo le faltaba un mal ejemplo.

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Me pregunto cómo hubiera sido la cosa si él hubiese venido al mundo el primero…

Hermanos pequeños con trato de favor

El Cachorro ya se ha dado cuenta. Ya se ha percatado. Ha caído en lo que yo llevo diciendo toda la vida a pesar de que mi señora madre no haya dado jamás su brazo a torcer.

 

El Cachorro le ha dicho a la mujer que le cuida que sus papás le permiten más cosas a su hermano pequeño que a él y… TIENE RAZÓN.

La otra se lo ha disfrazado diciéndole que él no se acuerda, pero que cuando tenía la edad de Don Bimbas, también le dejábamos o no dejábamos hacer cosas exactamente igual que a él. PERO NO. El Cachorro ha sido un cielo desde que nació, y le poníamos límites y lo llevábamos como una vela. Lo bueno es que él obedecía. O aprendía de las reprimendas. Y las advertencias o los castigos no le eran indiferentes.

 

Pero el otro… ¡ay, el otro! Es igual de buena gente que su hermano mayor, muy simpático, graciosísimo, un amor. Pero es un rebelde de libro. Y si le prohíbes abandonar la mesa mientras estamos cenando, después de que solo se haya comido UNA CUCHARADA de su plato, te arma un pifostio de escándalo.

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Para empezar, la cuchara te la tira a la cara, y para continuar, le sacude un guarrazo al plato, y acto seguido se tira para atrás, doblado perdido, gritando y revolviéndose. Se arranca el babero y se pira de la trona. Cuando lo pillas y le dices que de eso nada y le intentas volver a colocar el babero, el forcejeo es lo más. Y no puedes con él. ¡No puedes con él! Y le intentas hacer que se quede sentado y tampoco. Y se sale de nuevo. Y sigue gritando rabioso como si le estuvieras arrancando las uñas con un alicate. Y al final claudicas, pero porque físicamente no puedes retenerlo si no es propinándole un martillazo en la cabeza, y él se larga tan pichi y petardea por el salón mientras nosotros continuamos cenando. Y eso El Cachorro, que no es tonto, lo ve (en el más amplio sentido de la palabra).

 

¡Claro que lo tratamos diferente! A él no le hubiéramos permitido semejante desmadre. Pero es que él no llegó nunca a esos límites, y no se atrevía a desobedecer de semejante manera. A Don Bimbas no hay forma humana de meterlo en vereda. Y admitimos que se largue de la mesa. Es verdad, le consentimos hacer algo que a El Cachorro no le dejamos.

 

A los hermanos SE LES TRATA DIFERENTE. Y ahora que soy madre, tengo más argumentos para rebatirle a la mía lo que sigue sosteniendo, que a mi hermano y a mí nos han tratado y educado IGUAL.

 

Y NOOOOOOOOOOOO.

 

Integrándose

El Señor de las Bestias lleva a los niños al cole. Bueno, al cole va El Cachorro, el otro a la guardería. Pero deja primero al mayor, que antes de entrar en clase tiene que hacer una cola en la puerta. Pues el pequeño, todos los días, encantado de la vida se coloca en ella, como uno más.

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Es la sensación de la cola mañanera.

 

(Me parece que jamás lo he visto tan obediente).

 

Aceitunas con hueso

Nos vamos a un restaurante a comer. Nos plantan como aperitivo unas miniaceitunas. Don Bimbas se lanza en plancha a por ellas. Tienen hueso. Salta El Cachorro: “¡Nooo, se va a morir! ¡No lo quiero ver!”

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Sin haber expulsado el hueso, el pequeño vuelve al ataque y se mete otra aceituna en la boca. El Cachorro:

 

“¡Nooo, ni lo quiero ver! ¡Aaaaah! ¡Se lo va a tragar!”

 

Y el caso es que ha acertado. Menos en lo de morirse, más vale. Pero se ha tragado los dos huesos. Y no más porque ya me ha dado por apartar las aceitunas. Don Bimbas, tan pichi. Está que se lo zampa todo. Miradlo:

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Come a lo bestia. Se mete la manaza en la boca al completo. Creo que en una de estas la mastica, la engulle y se queda manco.

 

Y a El Cachorro le da un vahído.

 

Halloween, segunda parte

No he visto disfraz/accesorios que le vayan mejor a un ser humano.

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Es que es un papel que está hecho para él. Los cuernos y el tridente le sientan como un guante a esa cara de pillo.

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En su justa medida. Lo veo muy cómodo haciendo de malvado. Pero muuyyy cómodo. Demasiado cómodo…

 

Él y su hermano están encantados con las iniciativas de su padre. El Señor de las Bestias ya no sabe qué inventar para escaquearse de hacer el trabajo sobre los aparatos reproductores y la gestación que tiene que presentar El Cachorro en unos días, ese marrón que aún lo tenemos pendiente y que a mí no me deja ni vivir.

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Prefiere liar a todos con el atrezzo “halloweeniano” de la casa, que ni el pasaje del terror de la Warner…

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Ha quedado muy chulo, sí. Pero yo, que nací siendo práctica, veo que es demasiado esfuerzo para nada… Halloween es cosa de un día, o de un fin de semana. Si aún me dices Navidad…

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En fin, temblemos mientras podamos.

Modo espía ON

Es difícil ver a mis niños en su salsa porque, cuando aparezco en su campo de visión, ya los distraigo, abandonan lo que fuera que estuvieran haciendo y se abalanzan sobre mí para convertirme en parte de sus juegos.

 

Hoy he salido por la terraza y he caído en la cuenta de que podía asomarme a la ventana de su habitación para, desde fuera, ver cómo se manejan.

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Me encanta espiarlos sin que se den cuenta. Soy toda una voyeur.

 

Y pienso en lo distintos que son. La profesora de Don Bimbas en la guardería, que asimismo lo fue de El Cachorro, lo afirma y lo corrobora. Y lo vive en sus carnes. El Cachorro, tan dulce, atento, a veces vergonzoso, empático, solidario… Y Don Bimbas hecho una furia. Cuenta que se tira encima de sus compañeros, sin contemplaciones. Claro, está acostumbrado a jugar a lo bestia con su hermano mayor y sus amigos, que le sacan tres años, y está imparable. Comenta que tiene la mano algo larga, cosa que, aunque suene mal, me tranquiliza, porque El Cachorro es más de recibir y me trae por la calle de la amargura. Por lo menos sé que de Don Bimbas no va a abusar nadie…

 

La mujer que los cuida, también me da el parte. Dice que es imposible vestirlo. Que enseguida se descalza y tira los zapatos y los calcetines. Cuando se los vuelve a colocar, lo que lanza por los aires es el abrigo. Y así, en esa rueda anda, con lo que salir a la calle con él le cuesta horas.

 

Además, me comenta que le pide que lo coja en brazos, y una vez a su altura, le agarra la cara y se la vuelve hacia él. Eso a mí también me lo hace. En plan “préstame a mí toda la atención”. Le resulta muy útil porque te empuja con la manica la cara y te la coloca enfrente de la suya, y entonces se manifiesta: señala hacia el lugar donde quiere que le lleves, o lo que quiere que le alcances, y lo consigue. No habla, pero no se puede comunicar mejor, el tío. Sin embargo a la mujer que lo cuida se lo hace también para que no hable con nadie. No le permite que se distraiga con nada que no sea él. Está hecho un dictadorzuelo.

 

Definitivamente he tenido al Demonio de Tasmania, en versión adorable.

 

Con El Cachorro, sin embargo, siempre me dice lo mismo: “Ningún problema, él todo bien, es muy bueno”.

 

Buenos son los dos, solo que cada uno a su manera. Y por muy distintos que sean…

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… están la mar de compenetrados.

 

El Cachorro ya tiene oficialmente un perfecto compañero de juegos. <3