El primer alumno de la forma más pura del “bimbés”

Don Bimbas habla en su propio idioma, el “bimbés”. Existen dos modalidades del idioma: está la jerga, con la que más o menos se hace entender, y luego la forma más pura de esta lengua… en la que se lo inventa todo. Suelta palabras a boleo, que le encanta, y le encanta más que el resto le siga la corriente y se las repita, o contraataque con otra aún más estrambótica.

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El peque ha hecho muy buenas migas con su profesor particular de esquí, el mismo que tenía el año pasado, pues el año pasado nos dijo: “Si volvéis, avisadme, a ver si le puedo dar clase, porque este niño es un crack”. Y eso hemos hecho.

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Así que, con su profe, puede decirle: “¡Achiquipolibuá!”, por ejemplo. O “Coca cati patipú”, o “chumbalacachún”, y así. Y el monitor, le sigue la corriente. Y andan ambos hablando de esta guisa.

Y entonces es cuando intervengo yo. Pero no para unirme, sino para decirle: “¡Deja de inventarte idiomas y aprende el que debes!”

Sigue bastante en su línea de hablar como si tuviera dos años menos de los que tiene. Dice “¿alé?” en vez de “¿a ver?”, y como eso, muuuuchas cosas más. Acaba de decir que quiere mandarle un “selfaje” (mensaje) a su amiga.

Hablar como un alienígena, eso lo borda.

#Malamadre

Ojito a la escena:

Aquí, a punto de perder a mi hijo mayor por un precipicio por hacer el canelo, pero no paro de grabar por si obtengo un vídeo viral. Porque lo primero es lo primero.

El caso es que ayer y hoy me echa en cara El Cachorro que yo no le ayudo con el esquí.

“Hijo, no ayudándote, te ayudo. Te estoy enseñando a salir de entuertos tú solo para que no me necesites a mí”, le argumento.

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Queda guay aquí escrito, pero en su cabeza no mola nada.

Terminada hoy la jornada de esquí, espero adelantada a que se quite las tablas. Empieza a protestar y a pedir ayuda.

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Yo lo miro impasible. Acabo de ver en Instagram que una amiga ha colgado la foto de su hijo pequeño, que tiene tres meses menos que El Cachorro, llevando sus propios esquís como un campeón. Así que ahora sí que sí le toca apechugar.

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Y me salta:

“¡Tú vete, como quieres ser mala madre…!” A esto se le llama dar la vuelta a la tortilla. Hacerme sentir culpable… ¡qué indecencia! Esta es la especialidad del Sr. Tragedias.

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Cada uno con su papel. A mí me ha tocado ser la mala. Pues a ejercer.

Jurassic Snow Park

Estrenamos funda de casco de esquiar.

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Están mundiales, los peques. Pero, claro, uno un poco más que otro…

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Tenéis que ver al pequeño, con ese supercasco y su carica de bebé, de dinosaurio. Por supuestísimo, a su paso la gente se gira para mirarlo, asombrada, divertida, y se van sucediendo exclamaciones: “¡Qué monada!”

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Porque es un muñeco absoluto sobre sus pequeños esquíes. Dan ganas de quitarle el frío a base de achuchones. Corre serio peligro de ser secuestrado.

Y eso que no lo oyen hablar. Me está diciendo cosas como:

“Ya se me ha ponido en pelo mojado otra vez, con en casco y con en gorro”. ¿Te lo comes o no te lo comes? Más: “Me gusta la ñeve y jalogüin”. De verdad, este hizo un máster en ternura. Y sacó cum laude.

Castigo para una madre impaciente

Esto es una madre que se muere por que sus hijos aprendan a esquiar y se viene arriba cuando ve que El Cachorro mantiene el equilibrio sobre las tablas.

Esto es una madre a la que le pueden las ganas y hace lo que no debe, que es tomarle la palabra a su hijo cuando le dice: “Ya sé esquiar, mamá, no me hacen falta clases”.

Esto es una madre que tira a su hijo, que lo justo hace la cuña, por una pista larguísima con sus pendientes curiosas. El primer tramo, bien. Pero cuando ya están ella y él a una tiradita (muy por debajo) del huevo que había para bajar al pueblo, es decir, en el punto de no retorno…

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… el pequeño esquiador empieza a dar problemas. Despatarre, lloros, miedos…

La madre tiene que optar por esquiar pegada a él, colocándolo entre sus piernas, que acaba separando de tal forma que hace una cuña que viene siendo más bien un espagat. Porque el crío hace una cuña ancha como Castilla y las piernas de su señora madre van por fuera, no sé si me explico. Bueno, he aquí la foto:

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Y esa madre va frenando lo más grande, con lo que hace una fuerza en las piernas espectacular. Los músculos, esos que no usa jamás, ni esquiando, dado que hay que decir que practica este deporte con cierta facilidad y no le cuesta mucho esfuerzo, están a punto de reventar. Los muslos pesan. Queman.

Pero la pista es interminable. Y El Cachorro está cada vez más cansado y temeroso. Así que la descerebrada madre decide atajar:

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(Mira, una modalidad de esquí que jamás había practicado).

Esto es una madre que acaba teniendo agujetas dentro de las agujetas.

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Pero que lo lleva con estoicidad.

(Soy muy consciente de que ha sido culpa mía y he aprendido la lección. Espero que no se me olvide cuando le toque el turno a Don Bimbas).