Hijos de la era tecnológica

Pues nada, ya me ha pasado. El Cachorro sacándome fotos que yo pensaba que iban para el chat de whatsapp con su padre, y resulta que lo ha mandado…

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… al grupo de mi curro.

 

Lo mato.

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Sobre todo por sacarme fea. Imperdonéibol.

 

Tendré que andarme con ojo dejando el móvil a su alcance. Porque además no alberga muy buenas intenciones. Os cuento:

 

Quiere hacer algo y no le dejo.

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Se pone a protestar, que últimamente es su estado anímico normal y por eso lo llamo “Don Protestón” o “Niño Jo”. Como le digo que ya me tiene más que hartita con los lloriqueos caprichosos y con las quejas y que como siga así se va a quedar sin bajar hoy a la piscina (y él sabe que yo lo que digo, lo cumplo), corta de raíz con su actitud. Pero su cabreo continúa igual de encendido, o más.  Entonces me advierte: «Pues yo cuando estés de viaje te voy a mandar una cara enfadada». Se refiere a los emoticonos. Le debe parecer el colmo del desplante y la reafirmación del cabreo. Porque a él le encanta enviar a su padre y a sus abuelos corazones de todo tipo, brillantes, de colores, etc. Así que cuando la alternativa es una cara enfadada, con la que me amenaza, el chunguerío es de órdago. Más que un mal de ojo gitano.