La felicidad de ser pequeño y que todo te la traiga al pairo

He aquí mi recomendación a madres que no pueden dormir a sus infantes: metedlos en un autobús de línea y sentadlos bajo el agradable solecito.

madre 23 (1)

Mano de santo.

Qué pena no recordar lo despreocupado y feliz que vive uno cuando es así de pequeño. Yo me adormilo en el metro y lo hago angustiada pensando en si se me va a pasar la parada o en si se me va a caer la baba. Este señorito cae y cae. Y punto. Sabe que no va a ser abandonado, sabe que hay alguien que se va a encargar de él, sabe que es mono y que da igual si se le cae la baba, el moco o lo que sea, está más a gusto que un arbusto, me cago en la mar salada, qué envidia cochina le tengo.

Ahora, prefiero ponerme verde de envidia que roja de apuro, o de cabreo, o de cansancio, o de… Porque más tarde, bajo tierra, lo nuestro es ir llamando la atención…

madre 23 (2)

Uno encaramado a la barra como un monillo y el otro tiradazo en el suelo. No necesitamos un acordeón ni nada para dar el cante.

Gratificante viaje en metro

Pero qué fantástica aventura supone lanzarse a las calles un bonito día de lluvia…

 

Había quedado con dos amigos para ir a un bar, a la celebración del cumple de un tercero. Una vecina se había ofrecido el día anterior para hacerme de canguro, pero al día siguiente reculó, así que me lié la manta a la cabeza y decidí no perderme el festicholo y llevarme a mis hijos conmigo.

 

El trayecto al metro, esquivando charcos, ya se las trajo. Pero… ¿y en el vagón? Una piensa que ya ha superado lo peor, pero no.

madre 5 (1)

El convoy abarrotado, yo abriéndome paso con el carrito empapado y El Cachorro de la mano, el de la mano “quítame el abrigo”, pongo el abrigo encima del carrito, el otro se desprende del zapato, me agacho, el metro pega un frenazo, me caigo de culo en el suelo mojado, me cuasiincorporo, coloco el zapato en el piecico del pequeño, me levanto, se cae el abrigo del mayor al suelo (mojado), me agacho, saco la merienda del mayor, me avisan de que el pequeño ha vuelto a desembarazarse del zapato, el mayor dice que no quiere viajar sentado, se levanta, el carro no tiene bien echado el freno y echa a rodar hacia un lado, me lo paran, saco el bocata del pequeño, me agacho dando tumbos, el pequeño me lo tira a la cara, el abrigo se vuelve a caer desde lo alto del carrito, lo vuelvo a colocar junto con el mío, que me lo he quitado porque estoy sudando la gota gorda, el pequeño decide que quiere salir y empieza a revolverse como la niña del Exorcista, el carro se mueve con los paraguas mojados que he colgado de las asas, que empapan al de al lado y mi pelo, le hago placaje al pequeño, le insisto al mayor en que se siente, el pequeño grita, se le cae el bocata fuagrás al mayor al suelo, lo recojo, el mayor se vuelve a levantar y se pone a trepar por un poste, el pequeño sigue gritando, los abrigos se vuelven a precipitar al suelo, qué bien, ya tengo los dos sucios, me siento, se me sienta el mayor encima, me mancha los pantalones con sus zapatos, se acerca la parada, me levanto, le pongo el abrigo al mayor, me lo pongo yo, intento salir del vagón, se me encala una rueda entre el vagón y el andén, sudo, lo logro sacar todo y… me siento resoplando en el banco de la estación para tomar conciencia de que esto no ha terminado… No ha terminado porque esta estación NO TIENE ASCENSOR…