Después de la calma viene la tempestad

Me decía una amiga estrechísima que tengo, tan estrecha que vivió conmigo: “Flipo contigo y tu ritmo de vida. ¿Qué ha sido de la Amaya que se pegaba tres días seguidos tiradaza en el sofá, en pijama, comiendo Cheetos y palomitas, tomando chocolate y CocaCola? ¿La Amaya que disfrutaba de hacer NA-DA?”

“Bueno”, contesté, “creo que sabes que hay costumbres que permanecen…” Porque, hoy día, concibo pocos planes mejores que un bol de palomitas, una bolsa de pipas, un saco de Conguitos y una peli para un sábado noche.

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“Pero supongo”, continué, “que, sin saberlo, estaba cogiendo carrerilla para todo lo que hago ahora”.

Quizá sea así. Años descansando como un cachalote varado para poder afrontar mi frenética vida actual.

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¿Quién, después de haber dormido cuatro horas por haber actuado la noche anterior con su monólogo, ha llevado a los niños al cole, se ha hecho una mamografía y una ecografía, ha ido al trabajo, ha compaginado su trabajo con citar a los dueños de 42 chihuahuas para un rodaje del Señor de las Bestias, ha salido a las cuatro y cuarto de la tarde, cogido un autobús que después de tres cuartos de hora la ha dejado cerca del fisio para su sesión de láser y magneto en el pie, ha ido corriendo al terminar al súper, ha subido a casa, colocado toda la compra y cogido a su hijo mayor para ir a catequesis con él a las seis y media, pues hoy teníamos que ir los padres, de camino ha llamado a una vecina para que bajara a su hija a mi casa para que se quedara con Don Bimbas y no se sintiera tan solo con la chica, se ha tragado una reunión en la parroquia que ha culminado con un karaoke de una canción de Pimpinela tuneada (es de lo más surreal que he vivido últimamente en mi apasionante y sorprendente vida), ha salido para ir disparada a casa a hacerse un bocata de chorizo y queso y pillar un “Huesitos” y dejar al crío, para ir corriendo a una clase de Improvisación, que recibo de ocho a once de la noche y, al llegar de vuelta a casa, ha caído en que había que haber hecho un pez con un CD para la clase de Don Bimbas para mañana…

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… y se ha puesto manos a la obra a las doce y pico de la noche? Sí, la de la foto. Yo.

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¿Me puedo aplicar ya lo de “genio y figura”, o en qué circunstancias exactamente?

Regreso al pasado

Vamos con la bici y vamos a pasar por un puente. «¡Puente de piedra a la deriva!», grita emocionado El Cachorro. Jaja. «En lontananza», le digo. Porque soy de las petardas que corrigen y le digo que es «mirad» en vez de «mirar», pese a arriesgarme a convertir a mis hijos en unos pedantes, porque el paso que vamos, lo raro o cursi va a ser hablar bien.

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Esto me ha recordado a cuando yo era pequeña. Utilizaba palabras que me parecían bonitas sin tener ni idea de lo que significaban. Colé en clase un «carente» en una poesía que no tenía nada que ver con lo que significa el verbo, convirtiendo mi poema en un despropósito.

Me encanta este proceso de descubrir palabras y expresiones. Yo a día de hoy sigo haciéndolo y me chifla. Lástima que sea un interés tan poco popular…

Pues bien, nuestro paseo está siendo muy de regresión al pasado. A ver, desde que El Cachorro descubrió unas tizas, ahora hay que salir con tiza por la vida.

Hemos hecho una parada de nuestro paseo en bici y le he enseñado el juego típico…

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No solo me ha gustado mi reencuentro con el juego.

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También las conversaciones que generaba entre los viandantes. «Papá, no pises la rayuela», decía uno. «En mi pueblo se llamaba cascalla», apuntaba otro.

Qué bonito es mira atrás.

¿Las apariencias engañan?

Señala el pequeño un número cuatro y dice «ato».

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¿Será cierto que reconoce los números? ¿Son las ganas o es coincidencia? ¿O es algo normal y yo me estoy empalmando por nada?

Luego se sientan en la mesa y me surge otra duda:

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Esto de los abrazos ¿lo hacen de verdad, porque se aman con locura, o porque saben que yo me pongo moñas y me quieren tener contenta…? ¿Es postureo?

Diantre, qué sensación me está entrando hoy como de si me estuvieran tomando la cabellera…

Sopa sin sopa

Hacía tiempo que no hacía sopa. No hacía sopa más que nada porque no sé hacer una sopa en condiciones. Y cuando la hacía era por utilizar el agua sobrante de los chiquimil purés que había que hacer cuando mis hijos eran pequeños. Echaba fideos a ese caldo y andando. Pero ya no hago tanto puré.

Hoy he ido al carnicero para pedir filetes de cerdo fresco y me ha encasquetado un trozo con hueso: «Te va a salir mejor de precio, te lo deshueso, te hago filetes y con el hueso haces caldo». Yo es que estas cosas de maruja eficiente no las controlo, y me encantaría. El caso es que he vuelto a casa con mis filetes y mi hueso…

Y he hecho sopa. Primero he cocido el hueso con zanahorias, puerro y cebolla y luego he colado el caldo… lo poco que quedaba, porque se le ha evaporado la mitad. Y después lo he puesto a hervir con fideos. Se me ha ido la mano con los fideos, y el resultado ha sido unos cuantos fideos, sin pizca de líquido.

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Les he puesto tan suculento plato a mis niños (son muy soperos). He tenido el cuajo de decirles que era sopa, cuando se podía encontrar más líquido entre el asfalto de una carretera de Sudán. Ante la cara de extrañeza de El Cachorro me he visto obligada a corregir: «Es sopa de fideos sin sopa».

Pues les ha encantado.

Al día siguiente, a la hora de la cena, me dice El Cachorro: «¿Me pones sopa de fideos sin sopa, que me encanta mucho?»

Jaaja. Y ahí que le he cascado el engrudo.

… Pues nada, que ahora, de tanto en tanto, El Cachorro pregunta con emoción si para cenar hay fideos sin sopa. Tengo que pensar en repetir mi guiso especial.

Momentos de relax

Cuando hacen lo que les gusta, y sobre todo cuando hay para los dos (eso es primordial, no pelearse por un mismo objeto), todo es tranquilidad.

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Aquí cada uno con su “tablet”.

Otro invento del que intento no echar mucha mano pero que hay que reconocer que amansa a las fieras que da gusto: la TV. Invento no, inventazo.

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Mirad qué formales.

¿Y qué me decís de un buen baño de espuma a oscuras? Si, normalmente aquí debería salir yo, pero no. Es cosa de El Cachorro. Desde que me vio de esta guisa hace unos días (no os creáis que lo mío es estar así cada dos por tres, era el segundo o tercer baño de espuma que me he dado desde que él nació) no hizo más que pedírmelo. Hoy he decidido darle el gusto y, para su sesión relajante, hemos empezado por llevar todas las velas de casa al baño.

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Y luego ya el agua, el jabón a raudales, la espuma.

Feliz. Hasta el otro está sin dar guerra, a pesar de que el baño no era para él.

Y a mí lo que me relaja es verlos a ellos así, entretenidos, quieticos, a lo suyo… Cómo me gustaría escribir post así, de niños en calma y armonía, sin parar. Sí, vale, son más sosos, pero qué paz…

Rutinas

Hay que levantarse. Don Bimbas me dice “eíaa”, que es buenos días, o “ani”, que es good morning.

En cambio El Cachorro es clavado a mí. Le cuesta levantarse de la cama la misma vida. He aquí su cara nada más incorporarse (después de trescientos “levanta” míos).

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Y he aquí cómo desayuna.

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Se queda sopa total.

Ya se espabila y al final acabamos él, su hermano y yo arrancando la mañana de la misma manera.

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Lavarnos los dientes a la vez es uno de los placeres por los que hasta se te olvida lo mucho que te ha fastidiado tener que madrugar.

Por la noche, más rutinas…

Que hay que irse a dormir y a Don Bimbas hay que tenerle el bibe preparado para que se le llene la barriga y pueda cerrar el ojo, hay que aplicarle crema en el culete porque enseguida se le pone como un mandril, hay que darle fibra en polvo disuelta en el bibe porque se estriñe, hay que darle las benditas e ineficaces gotas de melatonina para ver si es capaz de dormir una noche seguida, hay que extenderle cremita especial por todo el cuerpo para que no se pase la noche rascándose desesperado por la piel atópica…

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A veces pienso que se me va a hacer de día, (“eíaa”) y todavía no lo hemos acostado.

Para qué engañarse

Después de cenar, le pregunto toda esperanzada a Don Bimbas, supongo que esperando que se apiadara de mí, o que fuera consciente de lo que ocurre y se animara a cambiar, quizá pretendiendo que aceptara el reto subliminal que iba implícito…: “¿Vas a dormir hoy, cariño?”

Y me contesta: “Noooooo”. Tan ancho.

Al menos es sincero. No me vaya a hacer ilusiones… Y lo prefiero. La verdad ante todo.

Pero, hablando de ilusión, luego sí es capaz de hacerme vivir espejismos…

Me pide el váter (ni orinal ni flowers). ¡Yuju! Lo siento en la taza. No hace nada de nada.

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¡Pero él hace como que sí y coge un trozo de papel higiénico para limpiarse! No hay nada que limpiar pero, por cómo se lo está tomando, parece que se ha propuesto sacar brillo a los bajos.

Y se va luego con cara de conquista. Aquí, el Rey.

Pienso que mi hijo es como un dibujo animado.

Complot

Ayer Don Bimbas, en su escalada del terror nocturno, se coronó. No dormimos ni una noche seguida desde que nació, pero la de ayer ya se llevó la palma. No se limitó a despertarse una, dos o hasta tres veces para pedir biberón. No se limitó a llorar por algo que le molestaba o incomodaba que no sabemos qué es y nos desespera. Ayer, además de todo eso, su primer despertar fue para pedir caca, y la quiso hacer en el váter. Le quité el pañal, le até el body en el hombro, lo planté… ¿y?

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Y nasti de plasti. De la caca, ni rastro. Vuelta a la piltra.

Y luego continuó con más novedades, como la de reclamarme, entonces yo iba y me tumbaba a su lado en la cama, momento en el que me decía “¡quita!”, me sacudía un manotazo y me apartaba, pero cuando me iba lloraba aún más fuerte… O sea, un plan genial. Más tarde, sin saber cómo calmarlo, lo levanté, le pregunté que dónde quería ir, me soltaba un “ahí” detrás de otro y nos recorrimos toda la casa…

Luego me lo metí en la cama, y ahí volvió a entrarle la rabia y gritó y lloró sin parar. Después pidió agua. Se la di. Y me dijo que no. La puse en la mesilla y pasó por encima de mí, pisoteándome, para, entonces sí, cogerla y beber. La dejamos en su sitio. Volvió a su lugar original para seguidamente levantarse e ir de nuevo a por el agua.

Yo, que ya no podía más, me propuse, por mi propia supervivencia, pasar de él, darme media vuelta e intentar conciliar el sueño. Y él empezó a correr por el pasillo y a buscar sus juguetes. Y encontró el más escandaloso de los que tiene, y se puso a darle a los botones.

Así TODA LA SANTA NOCHE.
No he pegado ojo en ningún momento. Un horror.

Lo que me escama es cómo este niño puede sobrevivir. Cómo aguanta y no se cae por las esquinas, con lo mal que duerme. De verdad que es espectacular el tema.

Y lo que no es ya espectacular, sino un despropósito total y absoluto, un caso digno de estudio, el resultado de una estudiada tortura conjunta, es que cuando una noche a Don Bimbas le da por descansar, ¡una noche!, entonces va y le cubre El Cachorro. Es que NO FALLA.

POR QUÉ.

Abogado defensor

Está Don Bimbas pesadico y no me deja trabajar (intento escribir este blog). Me hace auparlo, dejarlo en el suelo, me coge la mano para llevarme a no sé dónde, se me sube encima… Y todo lo hace lloriqueando. Por nada. Así que, harta, le imito. Y salta El Cachorro, que estaba jugando en el suelo, parecía que a lo suyo…:

“¡No le hagas burla!”

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Alucino. Pensaba que solo le molestaba que se la hicieran a él. Ya sabéis que se sacó el Master en Susceptibilidad. Y resulta que tampoco soporta que se rían de la gente que él quiere.

Con lo bien que me sale burlarme y no me dejan. Jo.