Hijo desagradecido

Vamos en el coche y, tras un silencio de los suyos, salta El Cachorro:

– Yo no quería haber nacido.
– ¿Cómo dices? – El Cachorro y sus cosas.
– Por tu culpa he nacido. Y me has puesto dos nombres feísimos.
– Tienes dos nombres bonitos. Uno, como el patrón de Navarra, que no puede ser más chulo, y otro con mucha personalidad y fuerza. Para que elijas, además.
– Yo te quería poner Rodolfo y tu madre no me dejó – me ayuda el Señor de las Bestias. El Cachorro se ríe.
– ¿Y qué es eso de que no tenías que haber nacido? – sigo indagando.
– No me gusta la vida porque luego voy a morir y qué rollo.
– Bueno, pero así vives y ves en qué consiste.
– Yo de pequeño ni os pedí un hermano. Yo tal cual y vosotros pensando en tener un hermano – añade.

Vamos, que está terriblemente descontento y nos echa unas cuantas cosas en cara.

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– Esto es de traca – me indigno – todos los hijos de mundo agradeciéndoles a sus padres que les dieran la vida, y ya viene el monicaco este a quejarse, y que si los nombres y el hermano y todo, ¡vamos, que no hemos dado una!

El Cachorro se ríe. Pero algo de verdad hay ahí dentro, en su cabecita… Qué tío.

… Al día siguiente veo una noticia acerca de un chaval que ha denunciado a sus padres porque no le consultaron si quería nacer. No sé si es más tonto él o quien le admite la denuncia. Pero, visto el percal, ya puedo ir buscándome un abogado…

Tatatachán

El Señor de las Bestias es mago.

No sé cómo hace para que partamos un palillo dentro de un trapo y que, al deshacer el trapo, el palillo esté entero.

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Pero es que lo partimos de verdad. Chas, clas, oímos. Y luego ahí está el palillo, enterito. Y del roto, que se ha roto y si no que me caiga muerta aquí mismo, ni rastro.

Flipo. Hay que decir que en mí es habitual. En magia no pillo ni una nunca. Soy un público fantástico. Además de que yo sí creo en la magia.

PD. Me confesó el truco. Es muy bueno. Se lo enseñó su padre. Me encanta que lo comparta conmigo. Lo malo es que, en diez días, ya se me habrá olvidado…