Chulapo auténtico

Ya lleva mucho tiempo así. Don Bimbas elige qué quiere ponerse. Pero va a más. Antes te armaba un pollo si pretendías ponerle una camisa que no le gustaba. Ahora también te monta el pollo, pero antes tiene más recursos: va directamente al armario, señala lo que quiere que le pongas y dice “éte”.

Por ejemplo, el padre le intenta plantar esta camisa.

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No hay forma. El peque va al cajón de las camisetas. Entonces yo le digo que bueno, que vale, que sin camisa, pero que se ponga la camiseta azulona, y él…

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… quiere la azul marino. Luego le intento tentar con otra, la de Superman, en este caso más que nada por comprobar si su preferencia es real o pura cabezonería, si su deseo es consistente o sucumbe a la tentación.

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Pero, oye, lo tiene claro. Quiere la que pone “POLO” y no hay más tu tía.

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Hoy, en su guardería, se celebra San Isidro. Va a haber verbena y los críos pueden ir vestidos de chulapos. BU-E-NO. Ponerle el disfraz nos ha costado siete placajes. Qué rabieta. El pobre se dirigía al cajón de las camisetas, mostrando, aparte de su disgusto a lo que le había puesto, con qué quería vestirse en su lugar. Yo me he esforzado en pintárselo superguay, y me he entretenido de par de mañana en buscar una foto de El Cachorro vestido igual. La he encontrado, se la he enseñado, le he dicho: “¿Ves qué chuli?”, y él ha respondido: “No”.

Pero yo erre que erre, y además de los pantalones que es lo único que le habíamos conseguido colocar para entonces, le logro poner la camisa. Incluso el chaleco. (Que diréis, “vaya tirana, deja al crío en paz”. Pues igual sí, pero no sabéis la de cosas que hace, no porque verdaderamente quiera, sino por PURA CABEZONERÍA, por cruzarse, por rebelarse. Y a mí me es difícil discernir cuándo se trata de llevarme la contraria PORQUE SÍ o porque realmente es algo que él no quiere hacer de corazón. Pero sigan leyendo…)

El caso es que le pongo el traje completo. Sin embargo, a la hora de salir de casa, se lo arranca todo y se tira al suelo llorando. Su padre, negro (tiene cero paciencia), lo coge en volandas y se lo lleva medio desnudo al garaje.

A media mañana recibo de su profesora esta foto:

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Para enseñarme lo contentísimo que está.

Ella titula la foto: “Chulapo super serio”. Me dice que no hay manera de que sonría. Yo le cuento la movida mañanera. La otra se parte de risa y me contesta: “Los tiene bien puestos”. Lo conoce bien. Lo sufre a diario…

Pero no acaba ahí la cosa. Para colmo de males me envían más tarde este mail de la guarde.

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¡HORROR! Esto implica que vamos a volver a pasar por este infierno dentro de una semana…

Por favor, Diosito, que el crío le encuentre la gracia al chulapismo a lo largo del día de hoy…

(Lo que hay que reconocer es que de chulapo tiene este el espíritu. ¡Menudo es!)

… Pues os cuento que el día 16, TRANSIGIÓ.

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Y hasta disfrutó.

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¡Tan pichi! (Nunca mejor dicho).
Este va por días… Según le dé. Está clarísimo.

La felicidad de ser pequeño y que todo te la traiga al pairo

He aquí mi recomendación a madres que no pueden dormir a sus infantes: metedlos en un autobús de línea y sentadlos bajo el agradable solecito.

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Mano de santo.

Qué pena no recordar lo despreocupado y feliz que vive uno cuando es así de pequeño. Yo me adormilo en el metro y lo hago angustiada pensando en si se me va a pasar la parada o en si se me va a caer la baba. Este señorito cae y cae. Y punto. Sabe que no va a ser abandonado, sabe que hay alguien que se va a encargar de él, sabe que es mono y que da igual si se le cae la baba, el moco o lo que sea, está más a gusto que un arbusto, me cago en la mar salada, qué envidia cochina le tengo.

Ahora, prefiero ponerme verde de envidia que roja de apuro, o de cabreo, o de cansancio, o de… Porque más tarde, bajo tierra, lo nuestro es ir llamando la atención…

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Uno encaramado a la barra como un monillo y el otro tiradazo en el suelo. No necesitamos un acordeón ni nada para dar el cante.

Una oveja en la ciudad

Es San Antón y los madrileños se acercan a la iglesia de la calle Hortaleza a bendecir a sus mascotas. El Señor de las Bestias ha querido llevar a los críos con un animal. El elegido ha sido esta oveja.

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Se ha encontrado con un amigo que también tiene un hijo y ahí que han ido los tres con la oveja por la calle.

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Luego se han metido en misa. A la salida es cuando llego yo, que les pregunto cómo es que no me han esperado dentro, pues hace un frío que pela, y ya me cuenta el padre: «Se porta mejor la oveja dentro de la iglesia que los críos».

Y le creo.