Aguantar la risa

Les echo la bronca a los peques. A El Cachorro, zas, le entra la risa. Le sucede con cierta frecuencia. Él y yo sabemos que le entra la risa EN EL PEOR MOMENTO. Y lo pasa mal (y yo. Uno, porque me toca la moral, y dos, porque me contagia). Intenta mirar para otro lado. Hace muecas. Suda.

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Lo entiendo taaaan bien. Pero me tengo que enfadar. «¡Como te rías te enteras!» Se tapa la boca con fuerza. Yo creo que hasta se pone bizco. Un día va a explotar, el pobre.

El pescado no es para tanto

“Aparte que no he tomado tanto pescado soy muy fuerte”. Me lo dice mientras lleva la bolsa de basura.

 

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La coge pero de manera despreocupada, en plan “pesa mucho pero como soy tan fuerte, la llevo como si fuera muy ligera, como si no me costara ningún esfuerzo”.

 

No le gusta nada el pescado y entre la mujer que lo cuida y yo le cuasi convencemos diciéndole que comerlo lo hace más listo y más fuerte.

Él ahora me intenta cuasi convencerme de que no le hace falta ningún pescado para ser listo y fuerte.