El blog: la razón de ser

Hoy una vecina del grupo de amigos nos ha empezado a contar por Whatsapp que su hijo mayor le ha venido con que quiénes eran los Reyes Magos y tal, y que se lo ha tenido que contar.

Es igual de desmemoriada que yo, y por eso ha querido hacernos un avance, porque luego dice que se le olvida. Y añade: “Voy a tener que escribir un blog…” Es bastante seguidora de este.

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Y de nuevo saca a flote la verdaderísima razón por la que hago yo esto. Estoy plasmando la vida de mis hijos para que tengan un registro de todo. De lo que hacían, de cómo era yo, de lo que pensábamos, de… ¡de todo! Gracias a este blog, ya sé cuándo aprendieron a andar, cómo hablaban de pequeños, qué salidas tenían… ¡todo! Y este es el tesoro que les voy a dejar.

A mí me sirve mucho por, insisto, precisamente mi falta de memoria. Ahora me preguntas y soy incapaz de recordar cuándo hicieron mis hijos cosas por primera vez. Y por segunda. Y por tercera… Pero lo tengo aquí recopilado. Y, cuando un día deje de escribir, me podré entretener leyéndolo todo. Y tengo lectura para bastante tiempo. Podré volver a recordar, a rememorar, a saborear… Me estoy asegurando unas memorias a las que recurrir para mi propio solaz.

Y, ya puestos, diría que esto también puede ser mi salvaguarda para mi vejez. En mi familia tenemos muchos cuadros de Alzheimer y de demencia senil. Somos de perder la cabeza. No sería extraño que me ocurriera a mí. Y quién sabe si, cuando me lea a mí misma, cuando me vea en fotos, podré recordar un poquito más quién soy y a los míos, podré trasladarme a una época que disfruté como ninguna…

Fiebre del sábado tarde

Pero qué bailongo es mi pequeño. Ponen una canción en la tele, y ahí va él, a darle a la cadera.

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En este caso está bailando lo mismo que un dibujo animado. Da gusto verlo.

Y si anda así ahora, qué no hará en una pista de baile, me pregunto. Si hoy mismo tiene un atractivo nato e irresistible, qué no conseguirá con ese movimiento de culillo y el golpe de cadera. Pues me libro porque lo he parido yo, que, si no, si coincidiera con él siendo ambos jovenzanos, caería presa en sus redes, estoy segura. Para este tipo de tipos, soy carne de cañón.

Pasta con punta

En su línea de que, cada cosa pelín inusual que hagan o que suceda, ha de tener foto, mis hijos me reclaman en el baño:

– Mamá, saca foto de la pasta de dientes – solicita El Cachorro.
– ¡Tiene punta! – exclama encantado su hermano.
– La ha puesto Pablito.

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Y, sí. Hoy ha puesto la pasta en los cepillos Don Bimbas y le ha quedado así de resultona. Creo que El Cachorro, a pesar de ser quien me ha avisado, rabia un poco, porque siempre la pone él y no le queda tan guay. Pero es un ser generoso y fantástico, y ya se ha encargado él de avisarme el primero de la curiosa y atractiva forma, para que la inmortalizara antes de que se viniera abajo.

Por cierto, no me he de quejar nada sobre lo de que tiendan a avisarme de que saque foto a cualquier cosa inusitada que tenga lugar o realicen. Han crecido viéndome hacerle foto a cualquier cosa pelín especial u original que lleven a cabo u ocurra. Cualquiera. E incluso no inusual. ¿Qué esperaba? No tengo además más que agradecérselo. Me hacen el trabajo…

Gusto cromático u otro misterio resuelto

Me anuncia Don Bimbas que me va a hacer un dibujo. Que va a tener un arcoíris, tres estrellas, una que se mueve y un planeta. Vaya, hay que ver lo claro que lo tiene. Eso es planificación y lo demás, tontería.

Me lo enseña y, de nuevo, tiene esa bola (¿estrella fugaz?) con los mismos colores con que la hace en los últimos tiempos, cuya combinación me encanta. Un núcleo rojo, rodeado enseguida de naranja, con un amarillo detrás bien grande y rodeado todo de un fino azul. Me tiene perpleja cómo se le ha ocurrido hacer esto y me pregunto por qué es un dibujo recurrente.

Pero hoy lo he descubierto…

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¡Es el dibujo que viene en la caja de rotuladores!

Con Don Bimbas siempre hay un misterio por resolver. Y, a estas alturas, debería saber que todas las cosas que hace que no tienen explicación, la tienen.

Ayudantes

No es raro verme a mí con los críos en el supermercado. Tampoco es raro verme gritándoles. Suelen liarla por quién lleva el carro, venga, toma tú este y lleváis uno cada uno, pero ponme a mí el primero, no, a mí, venga, toma, ¡bien!, jooooooo, ¿y a mí?, veeeenga, este paquete para ti, ¿cuántos llevamos?, uno, dos, tres, cuatro, cinco, uno, dos, tres, cuatro, ¡él tiene más!, ¡¡basta ya con la tontería!!

Hacer la compra sin relax implica que acabes llevándote más de lo que no necesitas y olvidándosete varias cosas.

Pero hoy… hoy no sé qué ha pasado que, no solo no han reñido en ningún momento sino que, al llegar a la caja, han puesto entre los dos toda la compra encima de la cinta, aplicados y sin discutir, mientras yo, por otra parte, no les hacía ni caso porque estaba intentando vender un Thermomix por el móvil.

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Están últimamente bastante solícitos y haciéndome caso a la primera. Razonablemente obedientes. No sé si porque me han visto malilla últimamente, que ando arrastrando un catarrazo bueno con su afonía incorporada o porque su subconsciente les avisa de que estoy sola con ellos, que su padre anda fuera, y me tienen que poner las cosas fáciles. O porque están creciendo. Y en este último punto es en el que me desobedecen de lo lindo, pues les tengo dicho que NI HABLAR DE CRECER, QUE SE QUEDEN COMO ESTÁN. Que quiero a mis niños así, siempre.

Ley de superMurphy

Pero tal cual, lo de la Ley de Murphy. No os lo perdáis. Leíais ayer que yo andaba vomitándolo todo, hecha unos zorros, justo el día en el que, al punto de la mañana, el Señor de las Bestias hizo mutis por el foro, ¿verdad? Pues ahí no quedó la cosa… Porque cuando todo puede ir a peor, va a peor, ¿no? Pues sucedió que, por la noche, Don Bimbas, a eso de las diez y pico, empezó a quejarse. Los quejidos fueron in crescendo y terminó berreando de lo lindo. En una de esas que fui a consolarle, vi que la almohada estaba empapada. “¿Habrá vomitado él también?”, pensé; porque lo mío, si era resaca, estaba siendo demasiado virulenta, y quizá realmente era un virus. Pero el líquido, casi transparente, no olía. Él se tocaba la oreja derecha. Llamé a su padre. Me dijo que, como tenía Sanitas, podía ir alguien a casa de urgencia. Genial. Porque estábamos como para salir, ¿sabes? Once de la noche, yo con el estómago vuelto del revés (había empezado a tomar suero y estaba esperando a ver si también lo echaba) y sin poder tenerme en pie, El Cachorro más que dormido, y el peque sufriendo.

Peeeero resulta que la aseguradora no cuenta con pediatras a domicilio. Y me recomendó, dado que me hizo comprobar en la almohada de Don Bimbas si había color, y lo había, que fuera a urgencias.

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MIEEERRRRDA. Así que tuve que coger, llamar a los vecinos para ver si se quedaban con mi hijo mayor en su casa (benditos vecinos, que ya son amigos. Los que no tenemos red familiar donde vivimos, agradecemos horrores contar con gente como la que han en nuestro grupo, en la que apoyarnos todos), vestirme, vestir al pequeño que, con el Paracetamol, se había quedado frito y no colaboraba en absoluto, conducir hasta el Niño Jesús y, hale, a esperar.

Cuando lo atendieron, al fin, comprobaron que tenía el tímpano perforado por una acumulación de mocos. Una infección en toda regla. Me recetaron antibiótico, y vuelta a casa.

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(Aquí yo estaba a punto de tirarlo de la camilla para tumbarme yo. “¿¿Por qué HOY esto, PRECISAMENTE??”)

Dos de la mañana, me metía en la cama. Y todo esto, sin el Señor de las Bestias. Cuando está, no pasa nunca nada. Y es irse, y liarse. Ay, Jesús, qué paciencia.

Ah, y NO-FALLA. Se cambian las sábanas y NO-FALLA.

No solo las suyas. También las mías. Porque todos los días se despierta en mitad de la noche y viene a mi cama. Así que la de ayer, antes del mogollón, que se habría despertado por lo de la sangre, pues qué menos que venir a manchar también mis sábanas. Y, ahora que me fijo, también mi colcha. PERO BUENO.

En serio, ¿es una especie de sensor cósmico? Porque NO LO ENTIENDO. Estoy entre abrumada y fascinada. Además, es que ocurre siempre con las sábanas, tú, lo más coñazo de tender y de planchar del universo. ¡MALDICIÓN!

Bueno, pues hoy, aparte de poner la lavadora, Don Bimbas y yo nos hemos quedado en casa mientras a El Cachorro los vecinos lo llevaban al cole. Estamos Don Bimbas y yo, que hemos pasado una noche toledana, como para movernos mucho. El caso es que yo sigo fatal de los fatales, tiradaza en la cama, pero mi pequeño está divinamente. No le duele nada de lo que le dolía por la noche, ni está cansado ni con sueño.

Lo que me alucina más de él, es lo mucho que se entretiene solo. De toda la vida. Su hermano mayor es más de dar la murga con que le ponga la tele, pero este peque, bueno, la da un poco con la tablet pero, si le dices que no, normalmente lo asume a la primera y se enfrasca con alguno de sus juegos.

Pues hoy, oye, HORAS se está pegando con sus cosicas. SOLO. Saca el Tragabolas. Recoge. Saca unas pistolas. Recoge. Luego sus coches…

Ahora aparece en mi cuarto. Está metido de lleno en su mundo imaginario. Lanza coches a diestro y siniestro. Yo ando en un duermevela. Cuando abro el ojo, me lo encuentro así:

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Colocándose los coches en la cintura como si fueran munición. Y seguidamente se larga para continuar con su película. Me fascina lo de este crío. ¡Desenfunda, vaquero!

Felicidad ante la adversidad

Estoy de resaca infernal, venga vomitar, enferma en la cama y mis hijos, los pobres, todo el día en casa. El Señor de las Bestias se ha ido esta mañana de viaje como unos veinte días a un rodaje. Y yo del revés. Les preparo una comida para salir del paso y me mareo viva sobre la encimera.

– ¿Vas a vomitar, mamá? – me pregunta El Cachorro.
– Creo que sí – contesto, con un lastimero y patético hilo de voz.
– ¡Pues corre al váter!
– Ahora voy…

Y voy. Y vomito. Y aparecen mis pequeños:

– Mamá, vete a la cama.

Y voy. Y cierran la puerta de mi habitación para no molestarme. Y al rato vienen y me dicen que me asome a la cocina. El Cachorro ha pasado la escoba, limpiado la mesa y fregado (primera vez que lo hace, lo de fregar). Muero de gusto con este cielazo de niño.

Vuelvo a la cama, contentísima, y mis niños se ponen a jugar. Los oigo a carcajadas, corriendo, disparándose…

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Y yo me pongo melancólica, pensando en el día en el que esos gritos y esas risas ya no estén en mi casa, y los echo de menos desde ya, porque oírlos es GLORIA BENDITA. De verdad, las risotadas de mi pequeño siendo perseguido por las ocurrencias de mi mayor, son felicidad pura. Ay, leñe, qué moñas se vuelve una bajo los efluvios etílicos… Y ahora, discúlpenme, voy a vomitar un poquito más.

Últimos 30 días del blog

Malas noticias. Al menos para mí. Malísimas. Hoy es 17 de octubre de 2020 (yo entrego los post con un año y un mes de antelación). Repito: hoy es 17 de octubre de 2020, el año en el que no ocurren cosas buenas, y ayer recibí un mail de COSMO en el que se me comunicaba la finalización de este blog. Sí, se acaba. Y yo no puedo estar más triste.

Han sido ocho años, ocho, que se dice pronto. Ocho años en los que he reflejado, día a día, la vida de mis hijos, a mi familia. Jamás, obviamente, he tenido un vínculo mayor con un trabajo. Este es, con diferencia, el que más me ha gustado, el que más he querido. Es un proyecto personal que he llevado a cabo con ganas y con cariño. El que he hecho sin esfuerzo. Y me explico… El blog me ha llevado mucho tiempo y esfuerzo. Puede parecer que no, pero hacer esto, cuesta. He tenido que estar atenta a lo que ocurría con mis niños, apuntarlo en mis notas del móvil, hacer fotos, volcarlo todo en el ordenador, sentarme a desarrollar las anécdotas, pensar en cómo empezarlas, en cómo contarlas, en cómo terminarlas, en buscar cómo ilustrarlas… en alargar donde no había… en convertir 56 temas en 30 días que tiene el mes… en ser yo… Uff. Para sacar un post diario. Durante ocho años, todos los días. Y, sin embargo, como decía, es el trabajo que no me suponía trabajo. Sentarme a escribir sobre algo que sé, escribir desde el corazón, sobre mí, sobre los míos, desde mi punto de vista, sin tener que inventar nada, sin tener que buscar documentación, sin tener que investigar ni comparar ni crear, sentarme a escribir cuando es más describir, sobre el tema que más me apasiona de todos, no ha sido un trabajo. Ha sido un regalo.

Por supuesto, no tengo más que buenas palabras para esta casa. COSMO me propuso realizar esto, como he contado más de una vez. Desde la cadena localizaron, en los estados que publicaba de Facebook, embarazada de El Cachorro, el germen de algo con más entidad. Y fue un acierto, porque hay que ver en lo que se ha convertido. COSMO me ha acompañado durante todo el camino de ser una madre primeriza, hasta que ese título se me ha quedado pequeño. Bueno, pienso que una es madre primeriza casi hasta que se muera. Los niños crecen y una tiene que hacer frente a nuevas situaciones, a nuevos retos. Pero ya sabéis a lo que me refiero…

Mis hijos se han hecho mayores, y la finalización de este blog (lo llamo blog por defecto, pues ha sido un diario) representa precisamente eso. Ya no tengo bebés, ya no tengo pequeñitos, ya no tengo que cambiar pañales ni hay manos minúsculas que se aferren a la mía para que les sirva de apoyo en pasos titubeantes, ya no hay guarderías ni primeras veces… Ahora, no en el tiempo en el que se desarrolla este espacio, que ya sabéis, insisto, que va con un año exacto de retraso, en 2020, Don Bimbas, Pablo, acaba de empezar Primaria y El Cachorro, Simón, está en 4º. Ya tengo dos muchachitos. Y me duele en el alma dejar de ser esa “Madre primeriza en apuros” que fui y dejar de vivir “Aventuras de una madre primeriza” que estaba siendo y que estaba compartiendo con vosotros.

Ha sido un placer que mis hijos fueran “Niños COSMO”. Que crecieran de la mano de COSMO (dudo que haya existido un caso igual). Que estuvieran asociados a una TV que siempre me ha tratado bien y que siempre ha contado conmigo. Llevo colaborando en COSMO TV desde septiembre del año 2000 (lo acabo de comprobar en mi C.V.) Hacía una sección que se llamaba “COSMO Opiniones” y cubrí la Pasarela Gaudí de moda. Desde entonces, he sido guionista de las “COSMO News”, he presentado algunos de sus eventos y sido speaker de la Carrera de la Mujer durante cinco años. Durante los últimos ocho años, he aparecido en su web. Todos los días.

Me es duro despedirme, la verdad. Por eso prefiero hacerlo ahora, día 1 de noviembre, y no el 30, que será el último post. El mes de noviembre, a estas alturas, ya lo tenía preparado. Tenía preparado hasta diciembre, y así acababa el año…

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… con el Señor de las Bestias con la cadera rota por un accidente de esquí (no, si ya no sabíamos qué inventar para seguir sorprendiéndoos aquí)… y dispuestos a dar más guerra.

Pero os digo más, qué demonios. Como he pasado bastantes meses en paro, aproveché para adelantar trabajo…

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¡Tenía dispuesto hasta el mes de marzo del año que viene! Es más, ya andaba trabajando en abril y mayo. Había adelantado muchos posts porque había pasado bastantes meses en paro y, cuando me sale trabajo como periodista en una cadena de televisión, ya no tengo tiempo para nada. Aproveché. E hice bien (bueno, visto para lo que va a servir, igual no tanto ;-D), porque hace un mes que trabajo como reportera en un programa de viajes y ya vuelvo a no tener tiempo y a no aparecer por mi casa…

Noviembre estaba escrito al completo y con las fotos elegidas y colocadas. Listo para enviar. Pero he tenido que modificarlo para añadir este post que nunca quise escribir pero que sabía que no iba a tardar en hacerlo.

¿Qué deciros a quienes habéis estado ahí siempre, y a quienes os habéis asomado de vez en cuando, incluso a quienes os habéis dejado caer por casualidad y habéis disfrutado de alguna de mis rutinas? Que me ha encantado compartir nuestra vida con todos vosotros, que me leyerais y estuvierais al otro lado, a mi lado. Que me va a resultar muy, muy extraño no hacer lo de todos los días, que era meterme en Twitter y en Facebook para poner “Hoy… + el título del post del día” y colgar el enlace al post. Que me va a dar una pena inmensa no leer los comentarios fijos que me escribíais algunas en un grupo de FB en especial… Que voy a tener que aprender a vivir sin mi “Diario de una mamá”.

Todo tiene un final. Este diario iba a tener un final. Para mí este final representa muchas cosas. Implica demasiados aspectos. Estoy demasiado triste. Y, sin embargo, solo puedo decir una cosa: GRACIAS.

Y, ahora, vamos a hacer como si nada y a intentar entretenernos, como siempre, el mes que nos queda, ¿vale?

Vamos con lo que tenía escrito para hoy, que había titulado: “El día de los muerticos vivientes”:

“Mira, mamá, parece que estoy muerto”, me dice Don Bimbas. Ha pillado la lápida de decoración de Halloween y se ha puesto tal que así:

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Por supuesto, seguidamente se levanta como un zombi…

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La fascinación que tiene este niño con lo oscuro, con lo tétrico, es como para estudiar.

Quizá es por eso por lo que a todos sus muñecos los quiere mandar al otro barrio. Me chifla la barraca de feria que se monta para derribar muñecajos con una pistola.

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Por descontado, a tan maravilloso tiro al blanco se apunta su hermano. Esta vez, con las pistolas que disparan coches.

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Se produce una auténtica escabechina.

Liada padre

Una vez más, nos hemos megaliado con la noche de Halloween.

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Al final, está acabando siendo una autoexigencia. Vamos a más cada año, y el personal que pasa por casa, así lo espera.

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Y aquí andamos, con la decoración…

https://www.instagram.com/p/B4VF9lEiFrd/

Ya vamos teniendo peticiones de fuera de la urbanización para venir por casa a asustarse el año que viene… Me lo tengo que plantear. Y lo de cobrar entrada, claro.

Terror en el colegio

Pues de esta guisa han ido mis chiquillos al cole hoy.

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A El Cachorro, lo de pintarse como que no. De toda la vida. Jamás le ha gustado. Siempre ha pasado de los pintacaras de las fiestas y los cumples. En cambio, al otro le encanta. Se mira y remira y pone caras. Me pide sangre en la boca. Pues, tengo, pero no la he probado y paso de hacer experimentos cuando ya vamos tarde a clase y no sé si acabará su disfraz tan ensangrentado como para que, en vez de con un vampiro, lo tomen por Carrie. Así que lo que hago es pintarle los morros de rojo.

Cómo les gusta lo de Halloween. Tanto que, hasta su padre, que se fue ayer a Fuerteventura a un rodaje, a pesar de que rueda el 31, se vuelve hoy para no faltar a lo que organizamos todos los años ya en casa.

Yo ya he empezado a colgar y a colocar apechusques.

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Pero hay que decorar sin parar…

Mañana es el gran día.