Arf, arf

Cómo no vamos a ir con prisas todas las mañanas si se me ponen a hacer el canelo estos todo lo que pueden y más…

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Justo ayer una vecina me decía que por qué me levantaba tan pronto. Que ella se levantaba media hora más tarde que yo y le daba tiempo hasta a jugar un ratito con su hija antes de ir al cole. Pues será porque le hace caso a la primera, supongo. Estos inventan algo todas las mañanas. Y voy siempre con la lengua fuera…

No hay manera

Por mucho que se lo haya estado diciendo estos tres últimos días, por mucho que le obligara a escribírselo en su agenda en el día de hoy para que no se le olvidara, bajo la advertencia que le hago a diario de que tiene que mirarla constantemente, hoy El Cachorro ha venido sin el cuaderno de Science a casa. Mañana tiene examen. Es un caso.

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Y como esto no le preocupa en absoluto, mientras yo pido por el Whatsapp de padres a ver si un alma caritativa me envía una foto de las hojas de la unidad que entra, él se entretiene con la manualidad de un esqueleto que tiene que hacer su hermano. Y cuando le digo que se ponga con lo suyo, va y me salta: “No, estoy en huelga”. ¿Hola?

La noche de las sábanas blancas

Aquí donde los veis, hay dos edredones tratando de secarse extendidos en el salón. ¿Y por qué?

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Porque, no sé por qué razón, en cuanto cambio las sábanas de los niños, se las ingenian para ensuciarlas recién puestas.

O Don Bimbas las estrena con una estupenda meada o el otro sangra. O cualquier otra razón.

Esta noche, El Cachorro se ha puesto a vomitar.

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El Señor de las Bestias le ha retirado las sábanas y lo ha tapado con una mantita. Esta mañana, cuando los he levantado, al recoger la cama de Don Bimbas salta El Cachorro: “Ahí también vomité”.

– ¿Sí? ¿Aquí también? ¿Además de en tu cama?
– Sí, me asomé y vomité.
– ¿De verdad? ¿Por dónde?
– Por aquí – señala.

Acerco mi nariz y huelo. En efecto, huele a vómito.

– Pero, vamos a ver, una vez que te pones a vomitar… ¿¡no puedes hacerlo solo en tu cama!?

Me tienen desesperada perdida, de verdad.

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Mi presumido

No quiere que se le seque la cabellera porque quiere estar guapo con el pelo así, peinado hacia atrás. Bien pegado, como si lo tuviera engominado.

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Se ve tremendo de guapo quitándose el pelo de la cara, y le doy la razón en esto también, es tan bonito… (chocha me tiene). Tanto, que le queda todo bien, aunque quiera parecer un galán trasnochado de los años 50.

El niño veleta

Y un día, porque sí, Don Bimbas se quiere poner esta gorra y se viste en consecuencia. Y tan contento.

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Si esto no es tener personalidad, yo ya no sé.

Pues encantado con la hélice. En el coche va con la ventanilla bajada para que el aire incida rápido ahí y se ponga a dar vueltas locamenti.

La gorra es graciosísima. Me la pasó una amiga, que había sido de sus hijas, y no es la primera cosa original que me cae de su parte. La antigua mochila con forma de avión (ya ha salido aquí en fotos; algo viejales, pero muy mona) también fue heredada de la misma familia. Estoy deseando conocer el próximo ítem.

Mal agüero

Vuelvo a la cocina y veo a El Cachorro, que está sentado en la mesita, esperando la cena, con los ojos llorosos. Estaba solo, no ha ocurrido nada, Don Bimbas se hallaba en otra estancia de la casa, sin dar por saco… y él con cara compungida. Me descuadra.

– ¿Qué te pasa, cariño?
– Nada…
– ¡Pero si estás muy triste! ¿Qué ocurre?
– Que estoy pensando que Pablito se moría…

Ay, Jesús. No, si cuando digo que mi mayor es como yo, no me equivoco. Yo es que me pego unos berrinches del patín cuando me da por pensar que se me muere gente, especialmente mis hijos. Ahí me rompo. En mi torturada imaginación, ya los he matado de todas las formas posibles: se atragantan de repente, se caen de una altura, les detectan un cancerazo… No sé por qué me maltrato así, no sé por qué me da por pensar estas cosas horribles, pero me da. ¿”Pensamientos intrusivos”, se llama? Y resulta que a mi chico, pobre… ¡le está pasando lo mismo! Y se sufre horrores.

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Pero yo creo que, cuando te pasan cosas extrañas, alivia bastante saber que no eres la única persona a la que le ocurre eso.

– Oh, cariño, eres como yo, ¡a mí también me pasa lo mismo!
– ¿Sí? ¿Y qué piensas?
– Truculencias varias, cariño. Pero lo que hay que hacer es reponerse y pensar que estamos todos aquí, vivitos, felices y coleando, y ya está.

Es fácil decirlo. A ver si, al contrario que yo, él es capaz de controlarlo…

Flota

Lo que le encanta a mi chiquitín sacar los coches y ordenarlos. Ora por colores, ora en fila…

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A mí me resulta hasta hipnótico. Quizá porque yo también hacía cosas así. Me chifla.

¿Por qué no será tan ordenado ni tan mirado con el resto de cosas? ¿O es que su pulsión a llevar la contraria, o a la rebeldía, es más intensa que su tendencia a la clasificación y al orden?

Carismazo

Hace poco ya conté aquí que, yendo en coche al cole, tanto mi hijo mayor como el pequeño, saludaron con entusiasmo a otro niño que iba andando, de la edad de El Cachorro. El Cachorro me explicó que ese niño era muy amigo de su mejor amigo, y que conocía a Don Bimbas porque le encantaba mi pequeñajo. A ver, Don Bimbas siente adoración por el mejor amigo de El Cachorro, y es totalmente correspondido. Ahora, parece que ese amor a mi pequeño, se está expandiendo. “Es que a Hugo le parece muy mono”. Hugo es el niño al que saludaron.

Hoy, al dejar primero a El Cachorro en la fila de su clase, veo cómo el tal Hugo se acerca a mi hijo y le dice: “¡Pablo!”, así, como encantado de la vida. Don Bimbas, que estaba distraído, repara en él y se le lanza. El otro lo coge aúpa y pone cara de encantado de la vida.

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¿¡Habrase visto!? Está Don Bimbas de un contemplado que es tremendo. Como esto siga así, a ver quién le baja el pavo más adelante…

Al detalle

Vuelvo a casa de pasar el día fuera y El Cachorro me recibe con un dibujo de bienvenida.

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Por supuesto, me encanta. Pero, más, cuando me lo explica.

– Mira, está el de Amazon con los paquetes.

Jaaaajjajaa. ¡Pero bueno!

– Y aquí en el árbol la chancla de Pablito.

Hace como un mes, Don Bimbas lanzó su chancla a uno de los cipreses o abetos largos o lo que sean los árboles que tenemos en la urbanización (lo mío, definitivamente, no es la botánica) y se quedó enganchada en un lugar alto y no determinado. Es tan tupido el árbol que no había forma humana de verla para rescatarla. Yo lo intenté, se me cayeron varias hojas secas llenas de polvo encima y tuve un principio de urticaria. Ideal todo.

Recuperó la chancla el portero un buen día, en que supongo ella misma se precipitó al vacío desde esa maraña de ramas, hojas y ácaros.

En cualquier caso, ahí está El Cachorro, reflejando nuestro balcón con sus flores, la parte de la urbanización donde juegan los niños con los árboles donde se quedan enganchadas chancletas, y al de Amazon haciendo sus repartos. Me parece brutal, el dibujo.

Gesta

Hoy es el Día de la Bicicleta en Madrid y yo, primera vez, no estoy. Cuando mis amigas de Pamplona de toda la vida me propusieron hacer dos etapas del Camino de Santiago este fin de semana, no sabía que implicaba perderme este día.

Pues resulta que el Señor de las Bestias se ha llevado a los críos en coche hasta Neptuno (normalmente vamos desde Legazpi, pero yo llevo a Don Bimbas en la silla y él va empujando de vez en cuando, más en cuando que en vez, toda la cuesta del Paseo de Delicias a El Cachorro), les ha dado las bicis y me manda esta foto.

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¡Están en las cuatro torres, los tíos! ¡Qué pedazo de campeones! Y pensaba que había llevado al peque en la silla, pero no, ¡¡ha ido con su minibici!! Flipo. El Señor de las Bestias no, porque pensaba que el año pasado él lo hizo. Yo tengo la sensación de que no. Y como él y yo tenemos esta memoria mierder, recurro a la galería de fotos. He aquí:

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En efecto, llevábamos al peque en una silla. Es decir, este año el tío, con cuatro primaveras, se ha subido toda la Castellana en una bici canija con la que tiene que hacer más esfuerzo que yo qué sé. Lo que yo recorro con una simple pedalada, él lo hace con cuatro. Este niño es ESPECTACULAR, no me digáis.