Agalychnis Callidryas y Mus musculus

Reportera dicharachera esperando a que su familia se prepare para salir de casa.

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Y no soy yo.

 

Esta es una rana verde de ojos rojos que, aparte de su nombre científico, se llama así: rana verde de ojos rojos. Hoy ha dormido con nosotros y ahí la tenéis de par de mañana, participando de las rutinas del hogar…

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Tan contenta que se iría al cole o a la guarde con los peques.

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¿Y qué ocurre cuando llega la noche? Que hay relevo. Hoy los encargados de despedir el día a mis chiquillos son estos:

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Además de tener ese detalle, les deleitan con sus piruetas. Uno, con el más difícil todavía.

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El otro, haciendo un rally por el cuello del pequeño.

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Pero como ha percibido que no ha sido de su total agrado, luego ha ido a reconciliarse.

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Pues hale, un besito de buenas noches y a dormir.

 

No me puedo extrañar luego de que plasmen la fauna tan bien… (El Cachorro, de momento)

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La generosidad del arremangao

Este crío pequeño odia la manga larga. Anda todo el día remangándose. Don Bimbas es Don Calores. No lleva muy bien que le pongamos jersey.

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Con los bracillos al aire y esa barrigota, con esa pinta de sanote, parece que se va a poner a partir troncos de un momento a otro. Pero no todo es lo que parece. Al “sanote” enseguida le aparecen los mocos…

 

Y me surge a este respecto una duda:

 

Que mi hijo se saque unos mocarros de escándalo con el dedico y me los dé en la mano, no sé si tomármelo como un síntoma de desprecio absoluto, de extrema confianza o de sincero cariño.

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Yo creo que es amor.

Hermanos pequeños con trato de favor

El Cachorro ya se ha dado cuenta. Ya se ha percatado. Ha caído en lo que yo llevo diciendo toda la vida a pesar de que mi señora madre no haya dado jamás su brazo a torcer.

 

El Cachorro le ha dicho a la mujer que le cuida que sus papás le permiten más cosas a su hermano pequeño que a él y… TIENE RAZÓN.

La otra se lo ha disfrazado diciéndole que él no se acuerda, pero que cuando tenía la edad de Don Bimbas, también le dejábamos o no dejábamos hacer cosas exactamente igual que a él. PERO NO. El Cachorro ha sido un cielo desde que nació, y le poníamos límites y lo llevábamos como una vela. Lo bueno es que él obedecía. O aprendía de las reprimendas. Y las advertencias o los castigos no le eran indiferentes.

 

Pero el otro… ¡ay, el otro! Es igual de buena gente que su hermano mayor, muy simpático, graciosísimo, un amor. Pero es un rebelde de libro. Y si le prohíbes abandonar la mesa mientras estamos cenando, después de que solo se haya comido UNA CUCHARADA de su plato, te arma un pifostio de escándalo.

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Para empezar, la cuchara te la tira a la cara, y para continuar, le sacude un guarrazo al plato, y acto seguido se tira para atrás, doblado perdido, gritando y revolviéndose. Se arranca el babero y se pira de la trona. Cuando lo pillas y le dices que de eso nada y le intentas volver a colocar el babero, el forcejeo es lo más. Y no puedes con él. ¡No puedes con él! Y le intentas hacer que se quede sentado y tampoco. Y se sale de nuevo. Y sigue gritando rabioso como si le estuvieras arrancando las uñas con un alicate. Y al final claudicas, pero porque físicamente no puedes retenerlo si no es propinándole un martillazo en la cabeza, y él se larga tan pichi y petardea por el salón mientras nosotros continuamos cenando. Y eso El Cachorro, que no es tonto, lo ve (en el más amplio sentido de la palabra).

 

¡Claro que lo tratamos diferente! A él no le hubiéramos permitido semejante desmadre. Pero es que él no llegó nunca a esos límites, y no se atrevía a desobedecer de semejante manera. A Don Bimbas no hay forma humana de meterlo en vereda. Y admitimos que se largue de la mesa. Es verdad, le consentimos hacer algo que a El Cachorro no le dejamos.

 

A los hermanos SE LES TRATA DIFERENTE. Y ahora que soy madre, tengo más argumentos para rebatirle a la mía lo que sigue sosteniendo, que a mi hermano y a mí nos han tratado y educado IGUAL.

 

Y NOOOOOOOOOOOO.

 

Decoración U.S.A. style

Vuelvo a casa de una cena y me la encuentro…

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… TERRORÍFICA.

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Me reciben mis dos canijos.

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No sé muy bien si me dan más risa que susto, pero están mundiales.

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Al Señor de las Bestias le ha dado por decorarlo todo por Halloween. A lo grande, en su línea.

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Es que no le falta detalle.

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Hasta tumbas. La de nuestra familia y la de los vecinos, que han sido invitados a participar y se lo han pasado, sí, de miedo.

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Parece una casa de Oklahoma.

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He aquí el satisfecho autor de la obra:

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No sé por qué le ha dado por ahí. Pero cuando le da, le da. Que no lo nombren alcalde porque lo del soterramiento de la M30 va a parecer un flan de arena en la playa comparado con lo que sería capaz de llevar él a cabo.

Coger sueño

Don Bimbas ahora solo se duerme si es en mi cama y abrazado a su hipopótamo de luces y sonidos.

 

Pero hay veces que no encuentra en la programación del hipopótamo nada que le convenza para dormirse. No si no es con su mamá al lado. De hecho, la mayoría de las veces. Así que me toca hacer guardia a su lado hasta que se queda K.O. Me tiene pelín esclavizada.

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Y no es nada operativo. Porque invierto el gran rato en que se duerma, siendo en general contagiada por él, pero habiendo dejado muchas cosas por hacer. O sea, que aunque muera de sueño no puedo ponerme a dormir. Así que a horas ya intempestivas, pongamos las once y media, me tengo que poner a cenar, recoger lo planchado, fregar… etc. Me da la una de la mañana, como pronto. Lo de sentarme a escribir el blog, otra noche más, aplazado.

Correveidile

Me cuenta Bori, la mujer que cuida de mis críos y de mi casa mientras yo trabajo fuera, que El Cachorro es de lo que no hay. Que ve cómo anda de loca con Don Bimbas y le dice: «Yo te ayudo, Bori. Y les voy a contar a mis papás lo que hace Pablo».

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Es que es muy cielo. Aunque en esta ocasión yo diría que la ayuda no es tan desinteresada como parece…

 

Aunque Bori lo tiene que agradecer. Porque siempre me da el parte de mil historias de Don Bimbas cuando llego a casa, y como son tan exageradas, puede que piense que yo pienso de ella que es una quejica, y ahora ya tiene un testigo que respalda sus narraciones.

 

Pero, vamos, ya conozco yo a mi hijo pequeño como para que me crea todo lo que me cuentan que hace… Y más.

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Legal hasta las trancas

Echamos una carrera en bici El Cachorro y yo y llegamos a meta más o menos a la vez. Así que exclamo:

 

–  ¡Hemos llegado a la vez!

– ¡Empate! – corrobora él.

 

Pero realmente creo que en la foto finish se proclamaría él vencedor, y como soy bastante justa en la vida, le reconozco:

 

– Pero creo, cariño, que tú has llegado un poquito antes.

 

Y salta él:

 

– No, mamá, ¡hemos llegado empate! – en plan “y no se hable más”.

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Este crío no va a llegar a ningún lado. Es demasiado legal. Lo adoro.

El último superviviente

Hay cumple en la urbanización con el castillo hinchable de costumbre. Los padres de niños que tienen la edad de Don Bimbas se abstienen de meterlos ahí dentro porque hay niños mayores que saltan como auténticos esquizofrénicos y puede ocurrir una desgracia.

 

Pero eso no es obstáculo para Don Bimbas.

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Se mete de cabeza (prohíbeselo tú si tienes huevos) y ahí anda, saltando, corriendo… Chocándose con los demás y defendiéndose que da gusto verlo. Los padres de los niños de su edad, que observan todo desde la barrera, mientras retienen a sus infantes, se asombran bastante. Pero yo diría que son más bien los padres de los niños de más edad, de los que andan compartiendo espacio con Don Bimbas, los que tienen que estar preocupados.

 

Luego me cuentan en la guarde (ver post de hace tres días) que se tira encima de la gente… Claaaaaro.