Don Bimbas tiene secretario

Tengo tutoría con la profe de Don Bimbas. Me recibe con un: “Pues ya ha salido del tiesto”.

Jaaaaaaaaa.

– ¿Qué te dije? – le pregunto – ¿te dije que todavía no había sacado su carácter, y que sería porque no tenía confianza?
– Sí, sí, si ya me acuerdo que me advertiste…

Y también conté aquí el mes pasado que ya había empezado a enseñar la pezuña, sorprendiendo a sus profesores, que estaban convencidos de que era un bendito que no conocía la malicia, un ser de luz.

Porque a principios de curso, diría además que durante todo el primer trimestre, las noticias que me llegaban de mi hijo eran que qué tierno, qué tímido, qué obediente, qué formal… Que decía yo. “Soy la madre de Don Bimbas, ¿eh? ¡A ver si me estáis tomando por la de otro!” Pero no. Me hablaban de mi hijo. Y a mí que obedeciera, que no se negara a hacer cosas, que no se bloqueara, que no gritara, que no se enfurruñara, que no… que no hiciera todo lo que hace conmigo me tenía patidifusa. Y supuse que era porque no había cogido confianza. Porque en el fondo es un gran tímido.

Eso, y/o porque es una táctica, una estrategia pergeñada en su mente avanzada e hiperinteligente de supervillano. Primero los engaña dando una imagen de sí mismo dócil y manejable, inocente y achuchable. Y cuando ya se los ha metido en el bolsillo, cuando ya están confiados, cuando menos se lo esperan… zas, saca a relucir su verdadero yo.

Así que ahora me cuentan que, si le amenazan con que, si no acaba tal trabajo, no hace tal cosa, que supuestamente le debería apetecer… él se queda igual, SE LA PELA. Me cuentan que le piden que diga algo, y él se queda mirando a los ojos fijamente, y que es capaz de sostener la mirada HORAS. Me cuentan que, si alguien le toca las narices, le sacude. O sea, me cuentan mi vida con él.

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Pero en lo de pegar me he preocupado. (Bueno, me preocupa todo, porque no hay quien lo maneje). He preguntado si mi hijo se trata de un matón o algo así, si va buscando pelea, y entonces me han dicho que no. Que como no se sabe expresar, y debe notar que en ese aspecto está por detrás de los demás niños, la única manera que tiene de protestar o de defender lo suyo es arreando. Pues como hacen los niños pequeños, que como no saben comunicarse bien, lo hacen a limpio manotazo.

Y en cuanto a lo de hablar… A ver, yo últimamente he notado avances notables. Pero claro, tal y como llevaba él el asunto, un avance notable es todavía absolutamente insuficiente. Así, él ya se empieza a soltar más, charla, pregunta… Y se sigue cabreando como una mona si le hago repetir tres veces la misma cosa porque no le entiendo (y se la haría repetir más, pero él ya es cuando empieza a gritar, y es el momento en el que El Cachorro actúa como traductor. Que es INCREÍBLE cómo le entiende). Pero por hache o por be continúa haciéndose entender. O porque nos vamos haciendo a su idioma, o porque él señala o te coge de la mano y te indica lo que quiere, o porque existe El Cachorro.

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Y va y me cuenta su profe que en clase él tiene SECRETARIO. Tiene un amiguito que es quien habla por él. Si Don Bimbas se queda sin pinturas, es que no le hace falta ni pedirlas (que de hecho no lo va a hacer ni loco – eso es lo que me cuentan-), va su amiguito y dice: “A Pablo le faltan pinturaaaass”. Y como eso, todo lo demás. Ha seducido a su compañero para que sea su portavoz.

Don Bimbas con secretario. Jíbalo.

Sin ruedines

Se va el Señor de las Bestias con los críos y me manda un vídeo.

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Señores y señoras, Don Bimbas tiene 3 años y 4 meses.

Busco cuándo aprendió El Cachorro, que en su día ya me dejó alucinada perdida, pues le bastó un empujón para pillarlo. Lo encuentro y resulta que El Cachorro aprendió también un abril, un 17 de abril… de hace dos años, es decir, cuando tenía 4 años y 4 meses… ¡Con un año más que Don Bimbas! ¡Y ya me parecía que iba adelantado!

Mando corriendo el vídeo a unas vecinas. “No sé por qué te extraña tanto, este niño va a ser un super deportista”, me responde una. ¡¿Con 3 años y 4 meses?! ¿Y una bici más grande que él? Es que lo estoy flipando. “Da igual lo que haga, todo se le va a dar bien, tiene un físico brutal”. (Esta vecina fue profesora de Educación Física).

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Se ve que Don Bimbas, entre que tiene un superejemplo a seguir (su hermano), y que está hecho de otra pasta, lo va a petar como deportista. En este campo es un ser extraordinario. Un JEFE.

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Por la noche es cuando le duelen las rodillas. Una noche de cada tres. Yo creo que es porque no le siguen el ritmo…

Es todo amor

Quero pucho Katerín”, me dice Don Bimbas. Que quiere mucho a la chica que le cuida. “Y Bori quero pucho”. Esta es la mujer que le cuidaba antes. Y luego añade “Manina y Calito quero pucho”. Esos son sus vecinos Marina y Carlitos. Y “quero pucho acuela y acuelo”, a sus abuelos. Y suelta una retahíla de gente. Nombra a más vecinos, por supuesto a su hermano…

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Y me hace gracia. Porque de repente le dan estos prontos. Está tan tranquilo y de pronto le entra la cariñada, se me acerca y me suelta: “Acuela quero pucho”.

Es todo amor.

Limpiacristales

No falla. Es limpiar los cristales y, o llueve, o van los malandrines de mis hijos a plantar sus manazas.

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Pero El Cachorro tiene 6 años, o sea, que ya puede ir solucionando lo que estropea por sí solo. Le insto para que arregle el desaguisado.

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Qué bien.

La cosa empieza a adquirir mala pinta cuando aparece el pequeño para colaborar con un fluflús de algo de jardinería que ha encontrado en el lugar de los aperos de jardinería de la terraza (mira que tiene recursos, el tipo).

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No sé cómo le logro convencer de que no haga uso de él. Pero él quiere limpiar como hace su hermano me ponga yo como me ponga.

Ha sido más tarde cuando se ha salido con la suya. Cuando El Cachorro ha soltado los instrumentos de limpieza. Los ha trincado él y ha procedido.

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¡No iba a ser menos! Y, por la cara que pone, está de lo más concentrado y hacendoso.

Ahora, que tengo que limpiar más que lo que tenía que limpiar un ratín antes, sí; eso no me lo quita nadie.

La estructura de la frase según Don Bimbas

Mi chiquitico tiene una forma peculiar de hablar. Por varias razones, pero además porque coloca el posesivo al final de las preguntas. Por ejemplo, vienen los vecinos a casa y dice: “Los chicos gritan en la casa mía”. O ve que se me estropea el móvil y pregunta: “¿No sushiona (funciona) movi tuya?” (Tampoco domina los géneros, es más, los cambia siempre). O me pregunta:

– ¿Papá none eztá?
– Trabajando.
– ¿No viene casa mía?

Señala mi coche: “Es coche tuya”. No es que cambie los géneros, sino que todos los posesivos son femeninos. Qué curioso. Me parto.

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Pero no solo lo hace con los posesivos. Intento que siga durmiendo la siesta y me dice: “Yo no congo (tengo) sueño más”. Jaajajajaaj. Pero no os lo perdáis, que normalmente me dice “no congo sueño más yo”. Los pronombres personales, también al final.

¡Es fantástico!

Po qué

Los críos lo preguntan todo. Todo es por qué esto y por qué aquello. Y me obligan a discurrir lo más grande. Porque todo va en cadena. Por ejemplo, Don Bimbas:

– ¿Duele e pie?
– Sí.
– ¿? – Siempre repite tus afirmaciones o negaciones, como para asegurarse de que ha sido eso lo que he contestado.
– Sí, cariño.
– ¿Duele pucho?
– Sí, mucho.
– ¿?
– Sí.
– ¿Po qué?
– Pues porque me han operado.
– ¿Po qué?
– Pues porque tenía el pie mal.
– ¿Po qué?
– Por caminar con tacones.
– ¿Po qué?

Yo creo que ya lo hace por inercia, porque dudo que sepa ni qué es un tacón. Es más, no sabe ya ni qué narices está preguntando, ni cómo empezó todo, ni cómo ha llegado hasta ahí.

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Pregunta por ejemplo también:

– ¿Eto qué e?
– Un pájaro.
– ¿Po qué?
– Porque vuela y pone huevos.
– ¿Po qué?
– Porque tiene alas y puede volar.
– ¿Po qué?
– Porque hay muchos tipos de animales en el mundo, y están los mamíferos, los reptiles, los peces, los pájaros…
– ¿Po qué?

Y aquí es cuando meto a Dios. Porque yo qué coño sé por qué.

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Por otra parte, he escrito los porqués entre interrogantes cuando, tratándose de Don Bimbas, en realidad pregunta como exigiendo: “Po qué” (pondría doble tilde en la e, si existiera). O sea, lo hace en plan “a santo de qué” o “nadie ha preguntado mi opinión al respecto”. “¡PO QUÉ!”

Pero lo más cachondo del asunto es cuando te preguntan por qué, en cosas que no tienen respuesta. Pongamos:

– ¿Ezo qué e?
– Una silla.
– ¡PO QUÉ!

Tócate los pies.

El Cachorro entonces se monda, porque yo contesto indignada, así de seguido, como con incontinencia verbal: “¿¿Cóóómo que “po qué”?? ¡Pues porque es una silla! ¡Ahí va, el otro! ¡Una silla es una silla! ¡No es una mesa ni una manzana ni un camello bailando claqué! ¡Una silla es una silla! ¿¡Cómo “po qué”? ¡Para sentarse! ¡Una silla! ¡Silla! Anda, tira…”

No solo hago este teatro para hacerles reír. Tengo que hacerlo para parar los porqués. Así se les va la pinza y ya se han olvidado de las dudas que querían resolver.

Visita al hospital

Me han operado de hallux rigidus, dedo rígido. Nada, una movida por llevar tacones. No puedo doblar bien el dedo gordo del pie y me duele. Ando medio coja. Y es un fastidio. Ya me operé de ambos pies en 2012 y esta, entonces, es la segunda vez que lo hago del pie izquierdo, a la espera de que lo haga también del derecho.

El caso es que por la tarde aparecen mis niños. Los trae su padre. Y bien traídos.

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En cuanto Don Bimbas me extiende la Caja Roja de Nestlé, me dice: “¿Pero (puedo) comé bombón?” Jaaajajajaj. No veía la hora. Le he dicho que sí.

El Cachorro por su parte, le pregunta a su padre: “¿Vamos ahora a por el regalo?” “¿Qué regalo?”, indago. Y es uno que les ha prometido si venían a veme. O sea, tengo unos hijos que, o se les soborna, o pasan de su impedida y dolorida madre. Qué guay haberlos parido entre terribles sufrimientos. Compensa mogollón.

Con Don Bimbas masticando bombones, El Cachorro se pone pesado: “¿Vamos a por el regalo? ¿Nos vamos a por el regalo?” Hasta que su padre pierde la paciencia y le dice que como pregunte una sola vez más algo acerca del regalo se queda sin regalo y sin móvil y sin tele. Así que pregunta: “¿Cuánto nos vamos?” Le mira el Señor de las Bestias con rictus furibundo y salta El Cachorro: “¿¡Qué!? ¡No he dicho nada de regalo!”

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Un pelín más tarde abre la puerta del baño y le pilla el pie a Don Bimbas. Y Don Bimbas reacciona como si le hubiera pisado un elefante. No en vano, ya que andaba descalzo. O sea que imaginad el dolor. Se pone a gritar y a llorar de manera harto escandalosa. Para más INRI, El Cachorro le secunda intentando defender su inocencia: “¡¡Ha sido sin quereeeeeeeeeeeerrrr!!” Intentar callarlos es imposible. Estoy convencida de que han sido capaces de despertar de un coma de veinte años a algún tipo de la última planta del hospital.

Calmados los ánimos, y para evitar males mayores, les digo que pueden irse a casa. Los peques se ponen los zapatos, también las cazadoras, vienen a darme un besito y salta Don Bimbas, con esa vocecita inocentona y tierna que pone, echando mano a los bombones, a ver si cuela…: “¿A llevá a caza?”

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¿¿Habéis visto hijos más interesados que los míos?? Qué gusto, oye.

Ojo

Ojo, nunca mejor dicho, al primerísimo primer plano que me ha sacado El Cachorro.

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Cuando me ha venido con el móvil y me ha enfocado, para rato pensé en que estaba haciendo semejante zoom. Yo posando con mi sonrisa superestudiada. Y luego me enseña la foto y veo esto.

Tiene un don. No me canso de decirlo.

P.D. ¿Veis? ¿¿Veis, como no tengo los ojos marrones??

Sin pijama

Hemos venido a casa de mis padres, a Pamplona. Me he olvidado los pijamas de los críos en Madrid. Cachis en la mar. Tengo que buscar una solución. ¿Qué les planto? Aquí no hay nada de su tamaño.

Busco y rebusco y encuentro unas camisetas mías del año catapún. Unas camisetas que compré talla XXL cuando estuve de adolescente con una familia norteamericana en Estados Unidos. Allí todo era grande y yo estaba en esa época en la que me parecía que tenía mejor aspecto enterrando mi cuerpo bajo kilos de tela. Era un fardel, pero hoy, mis hijos… ¡están geniales!

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Esto me recuerda a la anécdota que me cuenta siempre mi madre, de cuando me dejaron en casa de sus padres siendo yo pequeña porque ellos se fueron de viaje. Tampoco tenía pijama, y se les ocurrió plantarme una camiseta interior del abuelo. Y con las pintas que tenía, enterrada en esa camiseta, y con la carica con la que les debía mirar, se tronchaban y no podían parar. Y cada vez que se acordaban, vuelta a las carcajadas. Se ríe hasta mi madre siempre que me lo cuenta, y eso que ella no estaba…

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Seguro que, si hubieran visto a mis niños, me hubieran contado cuando sucedió conmigo. Ah, qué pena me da no haberlos disfrutado apenas…

Salomón

Coge El Cachorro de un armario la pizarra para dibujar, y cuando lo hace tira de paso y sin querer un par de juguetes al suelo. Le pido que los recoja.

– ¡Espera! Después de dibujar.
– No, ahora. Y luego dibujas. Qué manía tienes de que cada vez que te digo que hagas algo, no lo hagas nunca en el momento. Venga.

Así que se pone a la tarea y aparece Don Bimbas.

– ¿Pedo dibujaaaaaaa?
– Sí, puedes solo mientras tu hermano recoge, porque ha cogido él la pizarra.
– Vale.

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Me voy de la habitación. Por supuesto, no vale. Oigo forcejeos y a Don Bimbas llorando desesperado, montando un escándalo. Y El Cachorro protestando. Cuando me asomo, veo que están ambos intentando coger el “boli” que viene atado a la pizarra, tirando de él de mala manera.

– A veeeer, a veeeeeeer, venga, soltad.

Ni caso.

– ¡Soltad ya, hombre! ¡Se va a romper el cordel del boli!

Y es El Cachorro el que lo suelta ipso facto, echándose a llorar de impotencia. Lo ha hecho, obviamente, por preservar la integridad del juguete. Se ha sacrificado (siempre lo hace). Igual que la verdadera madre del hijo en disputa que presentaron ante el rey Salomón, que prefirió que se lo quedara la falsa con tal de que no lo partieran en dos con una espada.

Qué mono es, por favor.

Así que le quito la pizarra a Don Bimbas, recordándole que la había cogido antes El Cachorro, Don Bimbas retoma el lloro desconsolado, cojo a El Cachorro de la mano y me lo llevo al salón. Pongo la pizarra en la mesa y lo dejo dibujando en ella.

Vuelvo a la habitación y abrazo a Don Bimbas, que se calma. Y al minuto, aparece El Cachorro con la pizarra.

– Toma.

Y se la da a Don Bimbas, a quien se le ilumina la cara.

Sé que lo hace porque le da pena. Porque se conmueve con los lloros de los demás.

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Y entonces cojo a El Cachorro y lo abrazo fuerte, y le digo: “Eres más bonito…” Porque es un niño increíble.