Crece en generosidad

Me he levantado pronto. Mejor dicho, Don Bimbas me ha levantado pronto. Así que he aprovechado para repartir los regalos de El Cachorro por toda la casa mientras él seguía durmiendo. Hoy es su cumpleaños. Los he colocado o escondido para jugar al “frío-caliente”. Don Bimbas me ha acompañado callandico, participando y disfrutando de lo que estábamos organizando para su hermano.

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Pero, claro, es demasiado pequeño para ser consciente de que ninguno de todos esos regalos va a ser para él. (Bueno, una camisa le ha caído, así como a El Cachorro le caerá un par de camisetas el día del cumple de Don Bimbas). Así que cuando el homenajeado se ha despertado y le he animado a buscar sus regalos, y los ha ido encontrando, ha ido su alegría en aumento en la misma proporción en la que crecía la decepción de Don Bimbas.

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Ningún regalo era para él. “Cariño, es el cumpleaños de tu hermano, el tuyo será en tres días” (y, oye, menos mal que son tan seguidos…)

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El Cachorro ha ido entonces, como digo y como es lógico, abriendo sus regalos. Pero al final, con el último, va y le dice al pequeño: “¿Lo quieres abrir?”

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Y me entran ganas de regalarle el mundo entero, porque se merece eso y más.

En cuanto a los regalos, no sé si os habéis fijado en que uno es un Lego. MI FAVORITO. Y ha triunfado. El pequeño, ha querido enseguida hacer acopio de todas las piezas.

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Yo, me he puesto por poner, por matar el rato mientras padre e hijo construían una moto.

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Y me he engorilado.

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A mí me ha encantado el Lego de toda la vida. Hacia casas y les sacaba fotos.

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Hoy no iba a ser menos…

¡¡Viva tener hijos para recuperar tus juguetes favoritos!!