Creatividad

El Cachorro era un crack dibujando. No por la finura del trazo ni por lo bien que lo hiciera, sino por la imaginación y la creatividad. Pero este año está vagurcio y todos los dibujos que trae del cole son árboles y un sol. Tengo una colección con la misma temática. Así que le digo:

– Cariño, antes hacías dibujos superchulis y ahora siempre dibujas lo mismo, árboles.
– Me gustan los árboles.
– Ya, cariño, pero que antes dibujabas de todo y ahora no.

Es que está a piñón fijo, el tipo. Así que ha innovado.

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Y, por supuesto, con algo que no requería de mucha pericia… ¿No os digo yo que no encuentra la inspiración, últimamente? (Aunque, siendo honesta, me parece que esta obra tiene su punto).

A ver si la recupera con Superpotato. Se lo han regalado sus primos y hoy han creado sus potatos. Y, claro, he tenido que sacar una foto.

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Cada uno ha hecho dos. Y tan contentos.

Yo más, que no he oído peleas por tal nariz o tal ojo. ¡Eso sí que es milagroso! ¡E inspirador!

Porque eso suele ser el denominador común de todos los juegos. Por ejemplo, cuando se ponen a construir torres. Don Bimbas enseguida se aburre. Encuentra diversión en destrozar la de su hermano. El Cachorro aparece cada dos por tres llorando porque el simpático de su hermano le tira su torre sin parar.

Así que me ofrezco a hacer con él una torre más alta, la más alta de todas, “más alta que mamá”.

Y me pico.

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Don Bimbas intenta boicotearla un par de veces, pero le suelto un bufido que ya ha visto que el horno no estaba para bollos.

La torre se me derrumba como tres veces. El reto no es moco de pavo. Pero quién dijo fácil. Yo no soy de desistir.

El inconveniente, claro, es que se aburre hasta El Cachorro.

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Yo no desisto. Cuando me pongo con algo, me pongo. Me quedo sola, pero al final, y recurriendo a una pequeña trampeja… ¡lo consigo!

(La trampa es que las piezas aguantan por estar apoyadas en la pared).

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Y me he venido superarriba, nunca mejor dicho.

Se veía venir

Como ya sabéis que a mis hijos, lo que es un tobogán común y corriente, se les queda corto, hacen el cabra por donde pillan, como pueden.

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Descubren esta barandilla y hala, para arriba, para abajo… Escalan, se deslizan…

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Y me dan envidia.

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Me sumo al juego.

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Hacemos trenecito.

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¿Y cómo termina el juego? Cuando acabamos en la barandilla, yendo primero El Cachorro, que se lo ha pedido, Don Bimbas en medio y yo la última y nos deslizamos hasta que acaba…

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¡Y sale disparado El Cachorro, que se cae, va detrás Don Bimbas y se golpea en la mejilla con la cabeza de su hermano mayor, que la tiene dura como el granito, y yo, por suerte, reacciono para no precipitarme encima de ellos y saltarlos como una gacela huyendo de una manada de leones!

Pero, lo dicho, no he podido salvar a mis dos críos. Uno ha pillado. Moratón que te crío.

Mi padre: “Se veía venir”.

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Claro, porque, para colmo, tenemos que tener a la voz de la conciencia haciéndose el listillo. Cómo se las da de patriarca sabio, el tío… ¡Y anda que hablará mucho! ¡Él!

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Luego se acaba cayendo o le da un tirón en el riñón, y eso no lo ve venir, no…

El bestiamóvil

Ha aparecido El Cachorro de su segundo día de cole con un dibujo que en cuanto me lo ha enseñado he sabido qué era…

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No me digáis que no es clavado a esto:

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Es uno de los vehículos de trabajo de la empresa de su padre.

No sé si habéis reparado en la foto en El Cachorro y a Don Bimbas, que se encuentran en un sitio donde no deberían estar… Acompañamos al Señor de las Bestias a ver cómo va una obra que está haciendo en su finca, y ya están mis hijos pajareando más de la cuenta. No paran. Y, cómo no, escaleras que ven, escaleras que tienen que probar. Aunque sean las de las furgonetas…

madre 12 (3)Los obreros, de eso que están soldando algo, levantan la vista y ven en el techo de una furgoneta a un mocoso de dos años. Pues claro, flipándolo.

Entre eso y la tierra, y lo saltos, y las cajas de cartón por el suelo… no os digo yo lo bien que se lo pasan. Claro que luego la que lo flipa más soy yo cuando veo lo cochinos que se han puesto…

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Cualquier excusa es buena para estos para asilvestrarse.

En una de estas, veo a El Cachorro que pilla un pico. Le digo (por enesitropecientosmil vez) que deje de coger cosas que no son suyas. Le sugiero que pida permiso al obrero. Y me contesta: “¿Y si dice que no?” Este es de los de la liga de Es Mejor Pedir Perdón Que Pedir Permiso. Más por la poca tolerancia a las negativas, sospecho…

Total, que entenderéis que diga siempre que de mayor quiere trabajar en la finca. (A veces dice que en la finca y en la tele, pero creo que lo hace porque así le parece que queda bien conmigo). Me las voy a ver y desear para hacer que estudie Económicas, Derecho o Veterinaria.

Uno para todos y todos para uno

A ver, que a veces soy una madre enrollada…: Nos hemos cascado el pequeño y yo unas carreras de ranas que hay que ver lo bien que lo hemos pasado.

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Pero, claro, tengo seria competencia.

Viene El Cachorro:

– ¡Pablo!
– Qué.
– ¿Vienes a jugar conmigo?
– ¡Tí!

Y va disparado, claro.

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Cómo se entienden, madre mía. Qué presto está el pequeño a jugar a lo que sea que le proponga su hermano mayor. Qué bueno que el mayor considere a su hermano pequeño como un gran compañero de juegos. Qué bien que tengan gustos comunes, qué gusto que estén siempre preparados para encontrar mil formas de divertirse.

Qué gozada ser testigo de este tipo de conversación. Es la esencia de la infancia. Y debería serlo de la vida. Un “¡ti!” como la copa de un pino. Siempre a punto para lanzarse a la aventura.

Don Bimbas disfruta además siendo un juguete en manos de su hermano y de los amigos de su hermano.

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No sé muy bien quién lo pasa mejor, si ellos o él.

Yo no muy bien, porque pienso en la que se puede organizar si se les cae. Así que prefiero darme la vuelta y dejar que las cosas… ocurran.

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¡Al ataque!

Estoy en el sofá del salón tan tranquila, y se produce por sorpresa una irrupción de fuerzas enemigas.

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A raíz de ahí, todo ha sido una sucesión de ataques.

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El Cachorro me ha pedido que fuera reportera gráfica de guerra.

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Sacándole fotos para ilustrar sus arriesgadas tácticas. Y hay que decir que el soldado de su unidad imponía también bastante con su arrojo.

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Pues nada, avance, retirada, avance, retirada.

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Para coger carrerilla en el pasillo y depurar la embestida.

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Así hemos pasado el rato.

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De verdad que yo esta actitud, este meterse en el papel, este vivirlo, no sé de dónde lo han sacado.

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Pero están para empezar a rodar una peli de lucha tal que ya.

Ah, y esta sesión ya ha cogido entidad. Mes y medio más tarde, me viene El Cachorro y me dice: “Mamá, ¿jugamos al juego de hacer saltos con las espadas y tú nos sacas fotos?”

Venga.

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Jugar a las casitas

¿A vosotros no os pirraba construir vuestra propia casita, ya fuera en vuestro cuarto como en la calle? Apilar cosas, meterte dentro y simular que era tu hogar. Buah, la leche.

El Cachorro ya ha empezado con lo de las casitas, aunque lo del techado no lo controla. Solo pone alguna barrera y determina que lo que hay dentro, es su casa. Yo hoy le he ayudado un poco colocando ciertos elementos y extendiendo una manta por encima de ellos. Bien es cierto que la sujeción era endeble, bueno, más bien inexistente, y la manta no aguantaba mucho como techo. Pero no es menos cierto que lo que ocurre es que El Cachorro no acaba de controlar el concepto casa. Me llama para enseñármela y me lo encuentro acurrucado en el suelo con la manta por encima.

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Esto no es jugar a las casitas. Eso es jugar al escondite. Me parece que está hecho un lío.

Collar

Vuelve El Cachorro del cole con un collar hecho con macarrones que, oye, me encanta. Me lo pongo tan contenta.

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Y Don Bimbas lo solicita. Le dijo que ni hablar, que lo va a romper y que no quiero porque me gusta mucho y ES MÍO. Y El Cachorro me corrige: “Nooo, es de todos”.

Vaya, mi gozo en un pozo. De verdad que pensaba que lo había hecho para mí.

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Pero es que resulta que lo dice para poner a prueba una teoría que él tiene. Cree que si determina que es de todos, Don Bimbas incluido, este no lo romperá. Por el respeto a las propias cosas.

Yo en cambio creo que eso se la pela bastante, que lo que le gusta es el destrozo por el destrozo, sean de quien sean las cosas, incluso si son suyas…

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Y no le voy a dar el collar para averiguar quién tiene razón…

Tipos de morros

La lía de par de mañana, le echa su padre la bronca y se cabrea.

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Mirad qué morros.

Por suerte, tiene un amplio surtido de ellos, según la ocasión. Por ejemplo, tiene el modelo “beso de las siete leguas”. Porque desde siete leguas atrás viene Don Bimbas con los morrillos preparados para darme el beso antes de irme a trabajar.

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No le vaya a coger el beso desprevenido, con los morros sin preparar ni nada. Madre mía, es que me lo como.

Y ojo que para morros… estos.

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Provienen de “Chuchelandia”, un juego que le regalamos por su cumple, ahí en los primeros diciembres, y lo estrenamos ahora. ¡Ahora! Y un ratito corto, que es hora de ir a la cama y el juego este supone mucho pifostio…

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Con la murga que dio, el pobre. Se lo vio a su mejor amigo y, claro, lo deseaba por encima de todo. Y eso que este no ha salido laminero como su hermano pequeño o como yo, que dice que le gustan las chuches porque se supone que les tienen que gustar a los niños, no porque realmente se vuelva loco por ellas.

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Hacerlas, es otra cosa. Pero el jueguecito se las trae. Hay que coger agua, echar polvos, mezclar… Y eso las gominolas fáciles. Las otras me han parecido una receta de cocina de esas con ingredientes tipo pimienta del Cáucaso y ajo morado de Las Pedroñeras. Vamos, una pereza que para qué.

El caso es que las hemos hecho y nos las hemos comido. Y ha sido entonces cuando le he encontrado la gracia al juego…

Desmontando películas

Oigo una feroz batalla entre mis dos hijos y, cuando me asomo a la habitación, me veo a El Cachorro con mis botas camperas.

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Lejos de enfadarme, me sorprendo. ¡Qué bien le quedan mis botas al espadachín! Creo que ya no tengo que lamentarme por no haber tenido una niña que herede mis cosas y les saque partido.

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Está preparado para protagonizar una peli sobre mosqueteros. O, más tarde y ya sin botas, para versionar la de “Manostijeras”.

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Don Bimbas, por su parte, apuesta por “Upside Down”.

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Y hablando de películas… Nos vamos a ver una y, lo que más les interesa a estos no es ver la cartelera, es…:

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Palomitas. Me temo que esta programación es insuperable.

 

Saturnino is back

¿Os acordáis? ¿Os acordáis de Saturnino?

 

Ha estado aparcado mucho, pero que mucho tiempo. Es un aspirador robot de esos con el que El Cachorro ha protagonizado muchos posts. Pero se le fastidió no sé qué y ha estado muerto de la risa. Solo que el Señor de las Bestias lo ha arreglado recientemente y hoy lo he sacado de nuevo a pasear.

 

¡Bueno! Don Bimbas, que siempre lo ha visto “aparcado” y por eso mismo jamás habría reparado en él, flipándolo a tope. “¡Ah!”, gritaba señalándolo.

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Me ha agarrado de la mano, y hale, a perseguirlo por toda la casa.

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“¡Ah!”, me volvía a mirar en plan: “¿No te das cuenta, tía, que hay una cosa extraña que se mueve sola por el suelo haciendo ruido? ¿Cómo puede ser que estés tan pancha?”. “¡Ah!”. Y así hemos pasado el rato.

 

Otra gran amistad se está fraguando.

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