Niños autónomos

Estamos en el bar de debajo de casa y el Señor de las Bestias coge y le da las llaves a El Cachorro y le pide que vaya a casa y que coja una cabritilla, y que la baje adonde estamos.

– Eeeeh, ¿en serio le has dado las llaves de casa a un niño de seis años para que lo acompañe su hermano de tres A COGER SOLOS UNA CABRITILLA Y BAJARLA, SACARLA A LA CALLE Y TRAERLA AQUÍ?
– Sí.

Bien pues.

O sea, tenían que subir, saber abrir tres puertas (portal de fuera, portal de dentro y casa), saber abrir el transportín, saber dominar a una cabra (pequeña), saber ponerle la correa, saber llevarla por el pasillo y por la calle, sin que les diera un tirón y acabara en la carretera… y aparecer los tres sanos y salvos en el bar.

– Igual me he pasado, ¿no? – me reconoce.

Pero El Cachorro solo nos ha llamado del fijo un par de veces, creo que porque no podía sacar la llave de la cerradura de casa. No me he querido enterar mucho cuando a la vez estaba diciendo algo de que la cabra había ensuciado no sé qué y ya me estaba poniendo yo del higadillo.

Y luego han aparecido los tres…

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Ahí los tienes. Jíbalos.

En fin, nada, que hoy con cabra en casa.

No está tomando su biberón. Pero la dejo en la cocina un segundo ¡y mirad la que me ha liado!

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Ha cogido una foto que tengo en el frigo y…

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La ha tuneado a mordiscos.

También le ha dado por masticar mi vestido y en cero coma le ha hecho un agujero. Una más y abro el horno. Ella verá.

Aquí me pilla…

Es junio, ya no hay extraescolares, y para las tres y pico mis críos ya están en casa. Últimamente Don Bimbas viene del cole y acaba sobándose en el sitio más insospechado.

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Parece un muerto de esos a los que fotografiaban en posturas de vivos, como las fotos que salían en la peli de Amenábar de “Los Otros”. ¿Que no?

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Por no hablar del dolor de hombro con el que se va a levantar… ¿Cómo puede dormirse en esta posición? Es increíble.

Bueno, el caso es que suele caer tipo cuatro de la tarde. Hoy parecía que aguantaba.

De repente, noto como una paz… El Cachorro y él han estado jugando y armando jaleo como locos. Pero ahora hay un silencio totalmente perturbador.

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Pues ahí se ha quedado, traspuesto en la silla. Hace falta estar derrengado para encontrar algo de comodidad en esa superficie y con esa postura.

(Por cierto, vienen comidos, pero con hambre. De ahí los macarrones…)

Madres modernas (que boicotean fiestas infantiles)

Mira, ¡mira!, esto ya es el acabose.

Mañana la clase de Don Bimbas celebra la Fiesta de la Primavera. Pueden ir vestidos de algún motivo relacionado con la estación: collar de flores, con temática flower power, de hippies, etc. Y para desayunar, dice la profe, algo para compartir.

¿Pues no va una madre, en el chat del cole, que dice que ha comprado unas galletas de dinosaurio, y va otra y dice lo siguiente?:

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¡Que pensaba en un “TAPER DE SANDÍA CORTADA”! ¿Sandía? ¿¿Hola?? Y que no sabe si va a tener mucho éxito al lado de las galletas.

Hombre, PUES NO.

Pienso en que puede que se trate de una broma.

Qué equivocada estoy…

Porque no acaba ahí la cosa. Salta otra: “Pues galletas y sandía me parece una combinación perfecta”. Mujer, sí. Aunque dudo que, si no va a haber alguien que amenace a los críos con que, si no comen sandía, no hay galletas, se lancen en plancha a por la sandía. Pero bueno. Mal, desde luego, no me parece. Como iniciativa es fantástica.

PERO, ahora es cuando se anima la madre de las galletas de dinosaurio…: “Si llevamos todos fruta, encantada, mi hijo solo desayuna eso, pero como la profesora en los cumples comentó que tenían que ser cosas envasadas, por eso”. Raudamente, acude al rescate otra madre con la solución: “Pero fruta sí se puede. Se refiere a nada cocinado o elaborado por nosotros”. Y la madre que ha renegado de sus galletas de dinosaurio determina: “Pues entonces llevo fruta, fresas por ejemplo”.

Eeeeeeh. A ver, que esto está adquiriendo tintes serios… Así que aporto mi granito de arena de #malamadre total para que esto no se desboque (soy la del bocadillo verde de la captura de pantalla).

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Pero hacen como que no me leen. Y siguen con lo de la fruta. La que había comprado galletas de dinosaurio ya se ha convertido del todo, despreciando y repudiando totalmente sus galletas de dinosaurio, y propone: “Si os parece bien a todos podíamos llevar mañana solo fruta”. TÓCATE LOS PIES.

Y el resto…

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¿¿De verdad a estas madrespluscoamperfectas les parece bien llevarles a los críos para su fiesta… FRUTA?? ¡Para su F-I-E-S-T-A!

De verdad.

Se me vienen todas arriba:

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Lo tengo claro: las madres modernas NO QUIEREN a sus hijos. Valoro intervenir para decir que yo aportaré un táper de acelgas y algo de pescado azul, que es muy sano, a ver si pillan el sarcasmo. Pero desecho la idea porque seguro que me aplauden.

Hay una madre que se atreve a decir que una fiesta con fruta, galletas y gusanitos es una buena fiesta. La madre apaciguadora que aúna criterios.

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Pero la arrepentida, que debe estar flagelándose con el látigo de siete colas en la espalda por habérsele ocurrido comprar galletas de dinosaurio, determina: “Si hay galletas, la fruta no la van a probar”.

Claro. CLA-RO.

Total, que continúa la cosa con fruta de todo tipo y condición. Y zumos para beber, por supuesto, qué batidos ni qué batidos.

Una del Team Zumos dice que ha comprado unos de manzana (DE MANZANA): “Eco y sin azúcar, para seguir por el buen camino”.

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¿¿SE-PUEDE-SER-MÁS-TRISTE??

Madre mía, pobres críos, ¡pobres críos! Vaya manera de echar por tierra una fiesta.

Y por fin una, ¡una! (además de yo), se atreve: “Pues yo pensaba llevar Boca Bits o mi hija me mata”.

Recibe un emoticono de pulgar para abajo (menos mal que no estamos en tiempo de los romanos, porque la lanzan a los leones), y yo ahí es donde veo la grieta donde poder contraatacar:

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Y entonces aparece, CHAN CHARACHÁN…:

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… ¡La bruja piruja cum laude!

¿¿Pero será posible?? Ojo a la mentalidad dictatorial: “Si no les damos esta opción”. Que, traducido, significa: “VAN A COMER FRUTA SE PONGAN COMO SE PONGAN”. Dice que “seguro que cada uno encuentra algo que le guste”. O NO. O igual hay alguno al que no le gusta la fruta, ¿se lo ha planteado alguien?

Me veo obligada a insistir:

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NO-ME-HACEN-CASO. Siguen a lo suyo, pensando en quién se encarga de comprar pajitas para beber esos zumos insípidos y deprimentes.

Veinte minutos de cháchara vegana después, aparece una madre (en respuesta a uno de mis mensajes) comunicando que su hijo seguramente no quiera nada porque la fruta no la quiere ni ver. TATE. Pero dice: “Pero me sumo a la mayoría y llevaré pera en trocitos”.

Joooooooooooopé. Lo que hace la turba. O sea, tu hijo no come fruta ¿¿y vas a llevar pera para su fiesta?? ANDAMAJABÁJATELAFAJA.

A todo esto, nadie, NA-DIE, le pregunta a esta madre qué alternativa se puede llevar para su pequeño.

Así que vuelvo a la carga:

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Otra madre, tímidamente, apunta: “Me parece bien también que alguien lleve gusanitos”. Y la madre del niño que no come fruta me dice entre risas: “Mi hijo te va a adorar, Amaya”. TOMA, NO. Claro que me va a adorar. Tu hijo, el mío y todos los niños de la clase. Pero vamos, NORMAL.

Que, oye, estoy TOTALMENTE A FAVOR de que se celebre un día el Día de la Fruta. Entonces, convenientemente aleccionados los críos, ya sabrán que ese día se hará una especie de Oda a la Fruta (aunque en el calendario de almuerzos ya se establece la fruta para los miércoles) y seguro que lo disfrutarán horrores.

Pero, en lo que a hoy se refiere… estoy hasta el píloro de tanto rollo zen, así os lo digo, de tanta vida sana, de tanto saludo al sol, de tanto sin azúcar, sin gluten, sin hidratos, verde, eco y hojas de parra en vinagre. Estoy indignacérrima. ¡Menudo despropósito! ¿Desde cuándo los niños asocian la alimentación de una fiesta, ¡una fiesta!, a la sandía? Es que me los estoy viendo en el recreo hablando con los de otras clases: “¿Que habéis comido Doritos y dónuts? Uff, qué insano y aburrido. Nosotros unas deliciosas uvas”. Venga, hombre, ¡dejad a los niños que se salten su aburridísima dieta de soja y quinoa por un día para comer unos ganchitos y unas gominolas, para que se relaman y disfruten de la vida un poco! Que seguro que vosotras os habéis atiborrado a garrotes de chocolate.

Cómo se puede tener tan mala idea, madre del amor hermoso. Qué madres más malvadas.

P.D. A ver, padres de la clase de mi hijo que me leéis, que sé que hay varios que lo hacéis… ¡¡no os sublevéis por este post!! No escribo esto para ofender a nadie. Los nombres los tapé en su día en las capturas hace un año (este blog, como estáis comprobando, va con un año de retraso exacto), así que ni sé quién dijo qué ni nada, ni me importa, y os guardo el mismo aprecio a todos. En este diario se intenta contar las cosas de esta manera. Al revés que en la vida real, que hay cosas que se piensan pero no se dicen, yo cuento sin filtro las cosas que pienso en el momento que suceden, o que pensamos muchos o algunos, pero que no se dicen. Ahí reside su originalidad. En la exageración está el humor.

Y, en realidad, me da envidia que alimentéis tan bien a vuestros pequeños, mientras yo… en fin, tengo días…

Os mando besos. Y unas cerezas, si queréis. 😀

Flipándolo

Todos queremos fresas, pero cada uno de una manera. El Cachorro, enteras. Don Bimbas, partidas en trozos. El Señor de las Bestias, en trozos con azúcar. Yo, nata con fresas (no fresas con nata, no. Nata con fresas).

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Don Bimbas, que en el tema gastronómico es mi heredero, cuando me ve, me pide nata. Le pongo. El Cachorro. “¿En serio que os gusta la nata?” No sale de su asombro pardo.

Pues porque no me ha visto aún meterme el bote en la boca y apretar el botón…

Carteles de advertencia

– ¿Cómo se escribe bicicleta, mamá, con be o con uve?

– ¡Con be!

Y me encuentro un post it pegado en su bicicleta con la siguiente advertencia…

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“Nadie utilizará mi bicicleta”.

Mi hijo es la monda lironda, en verdad os digo, hermanos.

Y le ha debido de encontrar la utilidad, porque, a los días, me dice que ya sabe cómo hacer para que no se quede abierto un cajón repleto de juguetes que tienen, que le dije yo que, con lo que pesa, si se queda para fuera, como se está venciendo, se va a acabar rompiendo. Coge un par de minipost-it y escribe “no tocar” y hace un aspa de prohibido.

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El pequeño que lo ve, quiere contribuir a la causa.

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Hace LO MISMO que hace su hermano mayor.

He aquí sus carteles.

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Clarísimo, ¿no?

Confesión

Acuesto a mis pequeños. Cuando voy a darle un beso a El Cachorro, y en realidad son veinticinco, y le digo que le quiero mucho, me coge y me dice: “Espera, que te diga una cosa”. Le ha cogido gusto a contarme secretos por lo bajini en la oreja. Así que me agarra de la cabeza y me la voltea para poner mi pabellón auditivo a la altura de su boca. Y va y me susurra: “Es verdad que soy muy quejica”.

MEEEEEEEEEE LOOOOOOOOOO COOOOOOOOOOOOOMOOOOOOOOOOO.

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Sí, siempre le digo que está continuamente protestando. Es que me habla ya quejándose, el tío. Todo es un lamento continuo, un grito, un echar en cara algo, un excusarse de mala gaita. Ha dejado de expresarse de manera normal.

Yo se lo hago notar constantemente: “Hijo, ¿por qué hablas así? ¿No puedes comentarme algo, pero sin quejarte?”. También es muy suyo lo de adelantarse a los acontecimientos, siempre esperando lo peor: “Seguro que voy y no quieren jugar conmigo”, “¿y si se ríen”, “¿a que vamos y ya se ha terminado?” Es bastante cenizo.

Pero esta confesión a mi oído: “Es verdad que soy muy quejica”, me ha privado. El primer paso es reconocerlo.

Es muy grande, el tío.

Celos

Coge El Cachorro y me cuenta que un tal Marco de su cole es tonto porque se ríe de él PORQUE TIENE NOVIA.

¡Anda! Debe ser Jimena (nombre ficticio), la niña un año mayor (alta, rubia y con una sonrisa preciosa) que va a judo con él. Ya sabía de su existencia y de su “relación” (¿o debería quitar las comillas?), pero El Cachorro me había dicho que habían decidido postergar el noviazgo.

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Bueno, por lo pronto le digo que el tal Marco que le hace burla porque tiene a Jimena como novia debe estar muerto de la envidia porque él no es el novio de Jimena. Y también le digo que seguramente nadie quiera ser novia del tal Marco. Y por eso le hace burla, porque la gente que hace burla a los demás es porque no mucha gente les quiere, y están dolidos, e intentan hacer a los demás infelices.

Después del speech motivacional, ya paso a interrogarle:

– A todo esto, ¿Jimena y tú seguís siendo novios?
– Todavía no lo hemos decidido – me contesta, con un aplomo que tira de espaldas.

Habla con más propiedad con 6 años que yo con 43.

En fin, a ver en qué queda esta historia de amor con villanos incorporados.

Se veía venir

Como ya sabéis que a mis hijos, lo que es un tobogán común y corriente, se les queda corto, hacen el cabra por donde pillan, como pueden.

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Descubren esta barandilla y hala, para arriba, para abajo… Escalan, se deslizan…

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Y me dan envidia.

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Me sumo al juego.

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Hacemos trenecito.

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¿Y cómo termina el juego? Cuando acabamos en la barandilla, yendo primero El Cachorro, que se lo ha pedido, Don Bimbas en medio y yo la última y nos deslizamos hasta que acaba…

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¡Y sale disparado El Cachorro, que se cae, va detrás Don Bimbas y se golpea en la mejilla con la cabeza de su hermano mayor, que la tiene dura como el granito, y yo, por suerte, reacciono para no precipitarme encima de ellos y saltarlos como una gacela huyendo de una manada de leones!

Pero, lo dicho, no he podido salvar a mis dos críos. Uno ha pillado. Moratón que te crío.

Mi padre: “Se veía venir”.

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Claro, porque, para colmo, tenemos que tener a la voz de la conciencia haciéndose el listillo. Cómo se las da de patriarca sabio, el tío… ¡Y anda que hablará mucho! ¡Él!

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Luego se acaba cayendo o le da un tirón en el riñón, y eso no lo ve venir, no…

Mensaje versionado

Nos vamos al Mc Donalds a cenar. Los críos, encantados. Aunque Don Bimbas se encanta por inercia, porque luego la hamburguesa se la sopla. Pero él, antes las noticias, sucesos o circunstancias, se alegra, enfada o entristece según reaccione su hermano. Si sonríe y aplaude por ir a una hamburguesería, lo hace porque ve a su hermano contento, que es quien aprecia más esta clase de manjares.

Pedimos el Happy Meal. El Cachorro lee el mensaje que viene en la caja: “¡No olvides tomar chocolate y hamburguesas todo el día!”

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Ja, ja, ja. Menudo manipulador. Será…