Miembro fantasma

Esta mañana, desayunando, Don Bimbas tiene frío. Por eso le traigo su bata, una que tiene unas orejitas en la capucha, que se coloca y está más mono que ni qué. Así que… adivinad… Le casco una foto. (No sé por qué lo digo en singular, cuando siempre es en plural. Fotos).

– ¿Ané (a ver) la foto? – pide mi pequeño. Y se mira. – Parezco un ratón – sentencia.

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Pero hay algo que lo deja mosqueado…: “¿Po qué no puedo mové las orejas?”

Jaaajaja. Parece un amputado, que sufren del síndrome del miembro fantasma, pero al revés.

Espejo en el techo

Oye, que nunca sabes dónde se encuentra el entretenimiento para dos críos… Hoy, en el súper, reparo en el techo…

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Y mis dos payasos han encontrado algo a su medida…

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Ni tan mal. Porque son, o estas carcajadas chocándose con algún cliente, o trepar por las barras que separan las cajas, resbalar y abrirse la cabeza e incluso, lo que es peor, que yo reciba una llamada de atención de la cajera por su culpa.

De cazas indispensables y de suelos acogedores

Tres horas para hacer tres hojas de deberes y AÚN NO HA TERMINADO.

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Se lo cuento a su padre: “Se entretiene con las moscas”. Es que es increíble. Y lo de las moscas, no es metafórico. “De hecho, ha cazado una”, le sigo contando. Porque esto es real. Me ha venido con una mosca entre los dedos:

– He cazado una mosca.
– ¿Sí? ¿A ver?

Me la enseña.

– Está muerta, ¿no?
– Nooo.

La suelta y la mosca se escapa volando. Jíbalo. Su padre, alabando la hazaña: “Cazar moscas no es fácil. Igual es más difícil que hacer restas”. “Pues nada, fenomenal. ¿Cuánto pagan por cazar moscas vivas?”

Entre el padre y el hijo, no hago carrera.

Por cierto, ¿me quiere alguien contar la querencia que tienen mis hijos con el suelo? El Cachorro es ver un suelo y se tira, como habéis visto en la foto, cual largo es, a ver pasar la vida. Cuantas más cosas pueda hacer tiradazo en el suelo, mejor que mejor. Jugar a los coches, a los aviones, cantar, leer…

Pero no os perdáis al pimpollo. Aparece en el estudio. Estaba echándose la siesta en la cama. Me dice, somnoliento: “Tengo fríoooo”. Se tira en el suelo y…

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… ¡hale, a seguir sobando!

Ha estado dando un rayo de sol en el suelo y lo ha debido de dejar calefactado.

¿Qué hago yo comprando muebles, a todo esto?

Padre e hijo hablando de mujeres

– A mí me gusta Marina para ti – dice el Señor de las Bestias. Es una vecinita con la que estamos de vacaciones.
– A mí no – contesta El Cachorro.
– A mí sí.
– Pues cásate tú con ella.
– No puedo, es una niña.

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Lo que tampoco puede el padre es concertar ya el matrimonio, muy a su pesar. Él ahora mismo se iría de cabeza a la Edad Media. Porque Marina, además de ser una niña muy mona, es también muy responsable. Una buena influencia para nuestro vástago. Y hacen una parejaza.

(He de decir que a El Cachorro por supuesto que le gusta Marina. Lo que no quiere es casarse con ella. O puede que sí, pero es que tiene novia…)

En fin, que ya se verá si es Marina, Marino o se mete a cura, mi muchachito. ¿Qué vida le esperará?

¿De qué se alimentan los peces?

Nos vamos en barco a una cala fabulosa. El lugar es idílico. Un agua de ensueño. El paraíso en la Tierra.

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Le dice el Señor de las Bestias a El Cachorro:

– ¿No es alucinante esto?
– ¿Qué? ¿Escupir y que los peces se coman el escupido?

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Yo estoy tardando en escribir un libro con las salidas de El Cachorro. Es que no sabes por dónde te va a venir. Y siempre deja al personal con la boca abierta. Sin comerlo ni beberlo, es tremendamente divertido, el tipo.

El caso es que estos peces hoy comen saliva… y también jamón de jabugo, el que Don Bimbas les está echando desde la borda.

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Ahora estos bichos han abandonado la pleitesía al dios Neptuno y su nuevo dios es un rubiales muy generoso…

Que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son

Llegamos al hotel tarde con Don Bimbas dormido. Es un hotel que hemos cogido para dormir solo tres horas, pues hemos de madrugar muchísimo para pillar un ferry. Lo despertamos a las cinco menos cuarto de la mañana, mira alrededor y dice: “¿Qué es esta casa?”

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Enseguida determina: “Esta casa es supeguay”.

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Porque el único adjetivo que utiliza para las cosas que le gustan es supeguay.

Me encanta su capacidad de adaptación. Dormirse en un coche y despertar en una habitación totalmente extraña y que no le genere ninguna angustia, sino todo lo contrario.

Pero, lo dicho, por muy “supeguay” que sea, la disfruta durante unos minutos, porque salimos pitando en coche, donde esta vez se duerme El Cachorro. Cuando llegamos al embarque, lo despierto para que no se lo pierda, porque nunca ha visto nada igual y creo que le va a gustar. Abre el ojo con mucho esfuerzo, mira y dice:

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“¿Un barco con parking?”

Jaja. Despierta en un mundo onírico.

No solo con parking, también con jaulas para mascotas.

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Un barco muy especial que nos lleva a Ibiza, y estamos más contentos que unas castañuelas.

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Vete tú a saber por qué…

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¡Arriba las vacaciones, abajo el estudiar, los libros a los rincones y nosotros a jugar!

Videovigilancia

¿Cuánto de inaceptable se considera mangar los Triskis a tus hijos para llevártelos al trabajo y comértelos tú sola? Es para una amiga.

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Ay, chica, no me puedo reprimir. Pero estoy generando un clima de desconfianza en casa… Se fija El Cachorro en su máquina de chicles y cree que no hay los que había.

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Nota que hay como… pocos. Está convencido de que alguien se los ha comido. “Mamá, ¿y si ponemos una cámara de seguridad?”

Sí, hombre, y que me pille.

Él, en cambio, tiene mucho que aprender de mí. Lleva todo el día intentando ir a hurtadillas por la casa. Intentado burlarme. Quiere como espiarme sin que yo me entere. Pero lo cazo siempre. En la última, que escucho un leve crujido de la tarima, lo vuelvo a pillar.

“¡Jopetas!, ¿por qué siempre me descubres? ¿Es que tienes cámaras de seguridad por todos los sitios?”

Eclipse de riesgo

Decidimos ir a ver el acontecimiento del año, que es la luna de sangre, un eclipse total de la Luna con Marte merodeando…

Para ir al campo para verlo en todo su esplendor, hay que coger, por supuesto, el coche verde (el Santana militar antiguo). Y llevarse a unos vecinos.

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Claro que, en nuestra línea, a las horas a las que vamos, a un cuarto de hora de que el eclipse alcance su cénit, no podemos llegar muy lejos. Así que vamos a tener que ir a las afueras más cercanas, a algún lugar que esté algo despejado y haya baches para divertirnos con el coche.

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Cuando el Señor de las Bestias coge un desvío por un camino de tierra, veo que la zona no es, digamos, la más bucólica del mundo. Resulta que hay chabolos y quinquis y yonkis. Y un coche destartalado, que parece una kunda, con el que nos cruzamos, y al que El Cachorro, asomando medio cuerpo de nuestro coche, saluda con efusión: “¡Holaaaa!”

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Supongo que los de dentro debían pensar que era consecuencia de los alucinógenos…

No encontrábamos un promontorio a nuestro gusto, y en nuestra búsqueda, bien de polvo. Polvo y más polvo. Tanto polvo que yo ya veía eclipsado todo, no solo la luna.

Al final, por fin, en un lugar entre Getafe y Vallecas, encontramos el sitio ideal.

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¡Y llegamos a tiempo!

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Ha merecido todo la pena las prisas, masticar polvo e intimar con yonkis.

Y ya que estamos con esta temática, os cuento que Don Bimbas no es muy de esforzarse dibujando (bueno, no es mucho de esforzarse en general). Solo hace rayajos y, como mucho, caras de las de círculos raros, dos ojos, cada uno de un tamaño, un palo por nariz y una boca que no se sabe si el monigote ríe, llora o tiene un ataque epiléptico.

Pues hoy me ha sorprendido cuando se ha asomado al estudio y me dice: “Mira, mamá, el sol”.

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Oye, y muuuuuy conseguido.

Locutio interruptus

Me encierro en el estudio para poder grabar un off de referencia en el iPhone para enviarlo al programa donde trabajo, ¿y dónde me aparecen los molusquitos?

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Madre mía, qué brujos, tienen recursos para todo. Su ansia de cotillear les espabila que no veáis.

Los echo, pero vuelve El Cachorro suplicando quedarse. Así que me rindo a la evidencia y le pido silencio absoluto, dice que vale. Hasta que me confundo, le entra la risa, y luego no hay forma de que yo pueda retomar, porque el ataque no se le pasa. Lo echo. Y a la que le entra el ataque es a mí.

Logro restablecer el orden y aparece Don Bimbas. Tengo grabada una frase en la que estoy yo intentando transmitir toda la tensión acerca de una posible caída mortal (el programa va sobre gente que realiza trabajos verticales), y se oye de fondo, con vocecilla pitufera: “¡Hola, mamá!”

Son mis hijos con todas las consecuencias. Queda una locución a nuestra medida.

Tatatachán

El Señor de las Bestias es mago.

No sé cómo hace para que partamos un palillo dentro de un trapo y que, al deshacer el trapo, el palillo esté entero.

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Pero es que lo partimos de verdad. Chas, clas, oímos. Y luego ahí está el palillo, enterito. Y del roto, que se ha roto y si no que me caiga muerta aquí mismo, ni rastro.

Flipo. Hay que decir que en mí es habitual. En magia no pillo ni una nunca. Soy un público fantástico. Además de que yo sí creo en la magia.

PD. Me confesó el truco. Es muy bueno. Se lo enseñó su padre. Me encanta que lo comparta conmigo. Lo malo es que, en diez días, ya se me habrá olvidado…