Composición redonda

Para salir del clásico filete de pollo empanado, busco hoy una receta de pollo para hacer en Thermomix y encuentro una fácil con tomate y guisantes. La hago, pese a que sé que provocará rechazo en uno de mis hijos, El Cachorro, concretamente.

A la hora de comer, aunque ha protestado, aún se ha metido alguno. Pero cuando me he ido a la cocina a fregar y he vuelto, me he encontrado con esto:

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Todos los guisantes en el borde del plato, primorosamente colocados.
Ah, si fuera igual de cuidadoso y de preciso para todo…

Entre rubios anda el juego

Vamos Don Bimbas y yo caminando por la calle, y se para en el escaparate. de un chino. “¡Mira! ¡El que vimos esta mañana!”, dice señalando un superhéroe. “Esta mañana”… ja. Para él todo es esta mañana. Pues no, esta mañana no lo ha visto. Puede ser ayer, hace una semana o un mes. Ve una foto de nosotros en la playa de hace dos años que tengo colgada en la nevera, y dice: “¡Donde estuvimos esta mañana!”

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Señala, emocionado, a un bicho: “¡Mira! ¡El qué tiene papá en la finca!” Luego a otro: “¡Mira! ¡El qué tiene papá en la finca!” Jaaja. Pues hay bastantes.

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Y ahí anda: “¡Y este también! ¡Y este!”

Cuando se aburre, continuamos el camino, y entonces se para en otro escaparate y me dice, señalando a la foto de una chica rubia: “¡Mira qué chica tan guapa!”

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Creo que ahí hay un poquito de endogamia. Es rubia, como él, que tan bicho raro se siente entre nosotros… Ahora, dejadnos un poco solos, que le voy a explicar que aquí GUAPA NO ES MÁS QUE SU MADRE y punto pelota.

Hijo asesino

Llamo al móvil del Señor de las Bestias y me coge El Cachorro.

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Me dice “hola” como con voz de mayor:

– Hola, ¿quién eres? – le pregunto.
– Soy Cachipapa.
– ¿A qué se dedica usted?
– A matar gente.
– … Uy. Pues eso está muy mal. No se puede matar gente. ¿Por qué mata gente?
– Porque es muy fea.
– Es usted un peligro.
– Mañana iré a por ti. Vigila tu casa.

¿¿Oye??

Una madre divertida

Pues nada, que vamos toda la familia de par de mañana al cole a dejar a los críos. He estado unos días fuera, con lo que se ha estado encargando de todo el Señor de las Bestias. Así que hoy me he levantado para llevarlos yo. Pero va el otro y dice que también va, que tiene dentista a las 10 en Madrid y que tiene tiempo de sobra. “¿¡Y para eso me haces levantarme, con lo mal que he dormido!?” No sé por qué me hace estas jugadas. Es que se me llevan los demonios. Así que, como digo, vamos los cuatro.

Decido que los críos vayan en mi coche.

– Noooooooooo, con papááááá – pían.
– ¡Conmigo, que hace mucho que no os llevo!
– ¡Noooooooooo, con papááááá!
– ¿¡Pero cómo podéis ser tan desagradables!? ¡Conmigo y sanseacabó! – me tienen hasta el moño, con tanta “papitis”.

Bien, así que vamos, aparcamos, y echamos a andar. Los críos: “¿Carrera?”…

Iba yo… cómo iba yo. Monísima. Con mi abriguito camel y mi bolsazo carísimo de Reyes. Mi camisita y mis botines nuevos. Mis uñas de rojo pintadas (hacía siglos que no me las pintaba, pero hace un par de días maté el tiempo haciéndolo mientras estaba en la habitación de mi padre en el hospital). Mi cuello de firma. En fin, hecha un primor. Y digo: “Noo, carrera nooo”… ¡¡pero, sorpresivamente, echo a correr!!

Porque soy una madre superenrollada.

Llevaba mi bolso en una mano, de las asas, y la mochila de Star Wars de ruedas de El Cachorro en la otra. Pero ahí iba, esquivando padres, madres y alumnos a toda pastilla, que se quedaban pasmados con la escena. Don Bimbas muerto de la risa intentando ganarme. El Cachorro también detrás dándolo todo. ¡Y, en esto…!

Y en esto que, haciendo un requiebro a otra familia ME TRASTABILLO EL PIE con la mochila de mi hijo y salgo volando de frente. ¡Pero VOLANDO! Tras un breve planeo (me he creído un dibujo manga), pongo las manos delante (gesto que me salva los piños) y aterrizo en plancha con las palmas y la rodilla izquierda. El bolso carísimo aún sale arrastrándose más adelante. El móvil se sale del bolso y termina más lejos todavía. ¡PATAPAF! La madre de todas las leches, me pego.

Vienen trescientas familias a ayudarme. Yo me río y digo que no me ha pasado nada, pero me arden las palmas de las manos, me duele la rodilla, tengo una uña que menos mal que está pintada de rojo, porque me sangra, y el orgullo, ¡ay, el orgullo!, es lo que sale más dañado.

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Como me río y no hago más que hacer bromas al respecto, “jopé, parecía una ardilla voladora”, “menuda galleta me he pegado”, “¡es que he salido planeando!”… El Cachorro se reía a mandíbula batiente. Ahí es cuando he aprovechado para meter la cuña: “Con que tu madre no es divertida, ¿eh? Con que es más divertido papá, ¿no? ¡A que no se tira así! ¡Para que luego digas que no soy divertida!” Y se reía… ¡madre lo que se reía! Ninguna compasión.

El Señor de las Bestias: “Me pasa a mí y me hago el muerto”. Es un vergonzoso irredento. “Oye”, le digo por lo bajini, “que me he hecho daño, ¿eh? Pero qué le voy a hacer. Al mal, tiempo, buena cara”.

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El Cachorro, a su bola, risa tras risa: “¡Se lo voy a contar a todos mis compañeros de clase!”

Mientras, yo en casa estaré lamiéndome las heridas…

Príncipe desastrado

Menudo melenas está hecho el terror de las nenas. Entre que a él le encanta y que yo no quiero mancillar un cabello tan bonito, dentro de nada será absorbido por su propio pelo. Tiene el verdadero pelo Playmobil.

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Está modo Príncipe de Beckelar. Aunque con poco lustre, para ser de la realeza. Mirad estas zapatillas:

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Os JURO que las he estrenado HOY.

No ganamos para calzado. Y eso que las apuro hasta que las tiras del velcro se han separado y no pegan ni leches y tienen vida propia y da pena verlas.

Este se pone por primera vez sus zapatillas, y me las devuelve que parece que tienen tres meses. Qué desesperación.

El poder del calzado

Llama mi atención Don Bimbas, encarando una cuesta: “¡Mira cómo suben estas zapatillas, mamá!”

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Es la monda, porque el mérito de lo que puede él subir, correr o escalar, se lo adjudica siempre a sus zapatillas. Si le pongo unas que no tiene controladas, me pregunta: “¿Estas corren?” Jaa, jaaa, ja.

Unos días más tarde, me enseña cómo sus dos pares de deportivas se caen a cachos. Los velcros ya están fanés y descangallaos. “Cuando corro, se salen”. La verdad es que claman al cielo, y le digo: “No te preocupes, vida. Póntelas hoy y esta tarde vamos a comprar, ¿vale?” Y me contesta, ilusionado: “¡Sí! ¡Unas más chulis que ganen a todos!”

Pediré esas, a ver qué nos sacan en la tienda.

Descripción fidedigna

Me viene Don Bimbas y me coge de la mano:

– ¿Me das el muñeco volador?
– ¿Qué muñeco?
– El que vola, el que tiene más fuerza.

No llega a la estantería donde están los muñecos. Y, tal y como me lo ha descrito, es evidente que se está refiriendo al de la derecha.

madre 20 (1)No cabe duda de que sabe describirlo. Lo que no ha descubierto todavía es el poder de la fuerza… 😛

También sabe aprovechar recursos. Pongo a Saturnino (el Roomba) a funcionar por el salón y a Don Bimbas le parece que, además de aspirar, puede ofrecer otro servicio. Planta dos tiburones encima y observa cómo los pasea por toda la estancia.

– ¿A que mola, mamá?

Está fascinado.

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Y la verdad es que sí, que, como transporte de tiburones, también mola.

Haciendo aprecio al conjunto de ropa interior

Entro en el baño del Señor de las Bestias mientras se está duchando para enseñarle cómo me queda un conjunto de ropa interior que me trajeron los Reyes Magos y que decido estrenar hoy porque sí.

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– Guau – dice el Señor de las Bestias.
– Con sus braguitas y todo – añade El Cachorro.

Le ha faltado decir “y su canesú”. Es que es muy lindo.

Pero, como veis, aquí los momentos íntimos entre adultos, no existen. Porque nunca estamos ninguno en solitario en un baño, ni cuando nos duchamos, ni cuando… ni nunca, vaya. Así que toda la familia acaba siendo partícipe de todo, y para mis pases de modelitos, por muy de ropa interior que sean, tengo público. Estoy aprendiendo a desfilar.

La tele

Cuando consiento y les pongo la tele, Don Bimbas, al cabo de un rato, se cansa y ya se pone a jugar, a marear al que tenga al lado, a petardear… Pero El Cachorro… El Cachorro se pone a ver la tele y hasta que la apagas. ¿Que es al cabo de media hora? Media hora (con protestas). ¿Qué es al cabo de cinco horas? Cinco horas (con protestas). Encantado de la vida, el tío.

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Lo de las cinco horas, o más, puede darse algún sábado al año de esos míos de pijameo desde la mañana a la noche, de esos días de tirados total, de estar calentitos mientras llueve en el exterior, comiendo rosquillas y palomitas.

Mirad cómo terminamos el día de hoy. Comiendo pizza y cocinando volovanes de chocolate.

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Madre, qué gusto.

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Yo creo que nos hemos ganado que nuestros hijos no nos manden a una residencia.

Amores que matan

Viene El Cachorro a despedirse de mí por la noche. Yo estoy trabajando y él se va a dormir. Me planta un beso de los que me atraviesan la mejilla. De esos que me trinca y pega sus labios a mi cara con fuerza inaudita, que me hace daño y todo, y se pega pegado diez minutos (sin exagerar). Se esfuerza tanto que, cuando se separa, me salta: “Te lo he dado tan fuerte que me he tirado un pedo”.

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Es único para echar al traste una gran escena de amor.