Los deberes, el despiste, la desesperación

Como de costumbre, El Cachorro no se entera de la misa la media. No le he podido repetir más veces, porque no he podido repetírselo más, que lo primero que tiene que hacer en cuanto llega a casa son los deberes.

Bien, pues hoy por la tarde-noche, a punto de expirar el fin de semana, leo en el grupo de padres no sé qué de una historia de Rudolf.

– Simón, ¿tenías que escribir una historia sobre Rudolf, acaso?
– Sí…

Monto en cólera.

– ¿¡Pero se puede saber de qué narices vas!? ¿¿¿Nos tomas el puñetero pelo???

Es que SIEMPRE estamos igual.

– ¡¡Es increíble!! ¡¡Jamás te acuerdas de nada!! ¿¡Qué te he dicho MIL veces que tienes que hacer en cuanto llegas a casa!? ¡¡¡DIMEEEEE!!! ¿¿¿QUÉ TE HE DICHO???

Y continúo mi monólogo (para algo me tiene que servir el curso que he hecho al respecto) a grito pelado (pero sin ninguna gracia):

– ¡Estoy harta, ¡¡HARTA!! de repetir siempre lo mismo y que el señorito no haga ni puñetero caso! ¡Que os damos todo, TODO, OS DAMOS, hacemos de todo con vosotros para que luego no hagáis lo que tenéis que hacer! ¡¡DE-QUÉ-NARICES-VAS!! ¡Que tienes deberes y obligaciones también, qué te crees!

¡¡Es que, de verdad, NUNCA SE ACUERDA!! Me pone de los nervios.

Así que lo pongo a escribir la historia del jodido reno.

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Lo acuesto y leo en el Whasapp de padres algo de que el comienzo de la historia de Rudolf venía en la agenda.

¿¡¿¿QUÉ??!?

El Cachorro ya está dormido, pero ganas me entran de volver a levantarlo para ver de qué se trata.

Esta mañana, al sonar mi despertador, voy rauda a su habitación y saco la agenda de su mochila. En efecto, estaba el comienzo de la historia de Rudolf. ¡¡ME CAGO EN TODO LO QUE SE MENEA!! ¿¡¿¡SERÁ POSIBLE!?!? Lo levanto.

– Pero vamos a ver, ¡¡vamos a ver!! ¿No sabías que tenías el comienzo de la historia, QUE-HAS-ESCRITO-TÚ-MISMO, en la agenda?

Pone cara de estar cayéndose de un guindo y mi cabreo va in crescendo. Es que no me explico, no-me-explico, cómo puede ser que le diga ayer que haga algo de Rudolf y él no caiga, no solo en que tenía que hacerlo, sino en cómo lo tenía que hacer. ¡¡Es que es flipante!!

– ¡¡PONTE AHORA MISMO A ESCRIBIR LA HISTORIA COMO DEBES!! ¡¡AHORA!! ¡Y SI TE QUEDAS SIN DESAYUNAR, TE AGUANTAS!
– Si ya está hecho, la hoja está metida en la mochila…
– ¡¡YA LA HE SACADO YO!! ¡¡ESTABA MAL!! ¡¡VENGA!!
– Otra vez no quiero escr…
– ¿¡¿¡CÓMO!?!? ¡¡CHITÓN, ¿EH?! ¡¡TE PONES AHORA MISMO!! ¡HABERLO HECHO COMO DEBÍAS A LA PRIMERA!

Total, que lo pongo en la mesa. Hago camas y preparo cosas y, cuando me voy a meter en la ducha, que voy ya con la lengua fuera, oigo: “Mamáááá, veeeen”…

El Cachorro tiene un padre, pero resulta que es mamá para todo, claro. Y voy.

– ¿Huelva tiene playa?
– ¿Huelva? Sí, claro, tiene playa.
– Ah, vale.

¿Pero por qué quiere saber si tiene playa Huelva? Me asomo.

(Aquí ya está corregido)

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– ¡Huelga, cariño, huelga, no Huelva!

Mira, de verdad, yo me doy.

Entre la sordera y el cerebro caprichoso

Estamos en casa viendo el programa “Tabú” de Jon Sistiaga sobre la gula. Entrevista a alguien que dice que se desperdicia comida solo porque está algo pocha. Y dice Don Bimbas:

– Esa señora ha dicho hostia.
– ¡Mustia, cariño, ha dicho mustia!

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Este me ha salido un poco malhablado. Nada que ver con El Cachorro, al que jamás le he oído nada del otro mundo y, actualmente, no dice palabrotas ni cuando se chiva: “Mamá, Pablito ha dicho “hos…” y lo que sigue”, me cuenta. O: “Mamá, Pablito ha dicho “gil…” y lo que sigue”. Un milagro que no tenga la boca sucia como el pequeño, porque con el ejemplo del padre, que no se corta un pelo delante de los críos y me pone del hígado, lo normal es que se expresen como verduleros.

O que ocurra como con Don Bimbas, que escucha “mustia” y su cerebro lo transforma en “hostia”. Directamente. Y yo voy de infarto en infarto.

Sin un pelo de tonto

El Cachorro, completamente indignado, porque descubre que, su vecina, cuando dibujó el verano, a ella se puso pelo y a él…

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– ¡Me ha dibujado calvo!
– Bueno, cariño, te ha puesto una gorra bien bonita.
– ¡Me ha dibujado calvo! ¡Cuando llevo gorra se me ve el pelo!

Oye, ¡que le ha sentado de pena! Lo del arte figurativo no va con él.

Cómo me describe mi hijo

Estamos dando un paseo y paramos a que mis hijos hagan el cabra. Y El Cachorro empieza a fingir que se ha perdido de mí, que estoy a su lado.

– ¿Mamá? ¿Mamá? ¿Dónde está mi mamá?
– Ay, cariño – le digo – ¿cómo es tu mamá?

Últimamente me toma el pelo (o eso quiero pensar) diciéndome que soy fea, y yo le digo que es imposible, porque él es guapo y se parece a mí. Así que por eso le pregunto que cómo es.

– Tiene el pelo rizado, un poco moreno… los dientes decinitivos (no sabe pronunciar bien “definitivos”)… las orejas pegadas… tiene unas gafas como las tuyas, tiene camisetas de un corazón y tiene un iPhone X y un anillo de flores – describe –. Así que, si tú tienes todo esto, ¡eres mi madre!

Me troncho con mi descripción, lo de que tengo los dientes definitivos, sobre todo.

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Ahora, el muy cuco no ha dicho nada de guapa o fea…

Chan-chan

Hoy Ruth, la chica que tengo en casa desde el 1 de este mes, ha recogido a los críos a las cuatro de la tarde y no a las seis, porque no tenían extraescolares. El caso es que llego a casa y me pongo con ella a pelar alubias verdes (le estoy enseñando a cocinar, planchar, cómo meter la esquina de la sábana, y tal). Viene El Cachorro:

– Tengo hambreeeeeeeeeeeee.
– A ver, son las siete menos cuarto. No queda demasiado para la cena. ¿No has merendado?
– Sí – dice la chica.
– Sí – corrobora él.
– Pues ya está – sentencio yo.
– Pero solo un vaso de leche.
– ¿Y eso?
– ¡El bocadillo se lo ha zampado Ruth!

Eeeeeh. Miro a Ruth de reojo. Ruth hace como si se llamara Hermenegilda, como si la cosa no fuera con ella.

– ¿Cómo dices?
– ¡Que ha hecho un sándwich y se lo ha zampadooo!

Vuelvo a mirarla con los ojos así como muy abiertos, aunque divertida. Ella… no sabe dónde meterse. Mentalmente oigo su “glubs”. Cómo traga. Está haciéndose la sueca porque no sabe cómo salir. Pero El Cachorro sigue:

– Es que se ha comido ella el sándwich y tengo hambreeeeeee.

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No conoce la perseverancia de El Cachorro. Por fin, confiesa:

– Le he hecho el sándwich y él no lo quería, y para no dejarlo ahí, me lo he comido.

Jaajajaj. Ruth, además, hay que decir que está bastante oronda. Y como le guste comer la mitad que a mí, me cuadra todo que no se pueda resistir a un bocata recién hecho, que estira sus bracitos hacia ella y le diga: “Cómeme”.

– No lo quería entonces pero después sí – protesta El Cachorro.

Y yo no le puedo ni contestar, de la risa que tengo por dentro. Porque además no ha dicho “se lo ha comido”, ha dicho “se lo ha zampado”, y el verbo me pirra.

El báculo de mi vejez

Dicen que un hijo acaba siendo tu báculo, tu bastón. Mi hijo, con sus seis años para siete, ya lo es. Él me complementa, me rellena. Me adivina.

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Yo ya ando tan fatala de memoria que ya no me vienen a la lengua las palabras. Las olvido. No me acuerdo de ellas cuando mantengo una conversación normal. Por eso soy cero seria echando broncas, porque me bloqueo, porque quiero decir algo que no me viene a la cabeza y me quedo ahí trabada, en ascuas, diciendo “eeeeeeh, eeeeeeh”, y así es imposible resultar contundente.

Hoy mi hijo me lo ha hecho notar:

“Mamá, no sabes hablar, menos mal que estoy yo”.

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Esta mañana, precisamente, he estado sembrada. En el baño:

– Por favor, ven para poner el este.
– Noooo, es una banqueta.

Acto seguido:

– Estoy secándome con el este y no te oigo.
– Es un secador.

Cogemos el coche. Yo ya ando metiéndome con los conductores:

– ¡Pero bueno, salao, ¿para qué tienes los intermitentes?!
– ¿Qué pasa, mamá?
– Pues que se cambia de… cómo se dice…
– De carril.
– Eso, y tiene que avisar, tiene que poner los intermitentes.

Y así, en un ratico de nada.

Luego me permito el lujo de criticar que Don Bimbas se haya pegado tres años de su vida valiéndose con un par de palabras. En mi caso, menos mal que existe “el este”, porque con “el este” me manejo para todo. Qué desastre. Menos mal que hace años que no hago un directo en televisión, porque os ibais a enterar DE NARICES.

Despiste morrocotudo

Bueno, bueno, bueno lo de esta mañana. Despierto a los críos, cambio al pequeño y le alcanzo unos calzoncillos limpios a El Cachorro. Y salgo para seguir con las mil cosas que hago a la vez por las mañanas: sacar el pan de la tostadora, hacer mi cama, meter el almuerzo en las mochilas… yo qué sé, de todo. Y oigo a El Cachorro que se ríe y me llama. Me asomo. ¡¡Mi hijo se acaba de quitar 4 calzoncillos que se ha ido superponiendo uno encima de otro durante estos días!!

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O sea, dos cosas. Una, su despiste alcanza cotas nunca vistas, que le hace no darse cuenta de que ya tiene un calzoncillo puesto cuando se pone otro. Y otro. Y otro. Y dos, no lo hemos bañado en 4 días.

Madreeeeee. Entre que yo trabajo de tarde y llego a casa a las once, entre que a la chica nueva (que se va, por cierto, y no me apena para nada) no se le ocurre hacerlo si yo no se lo ordeno, y entre que había que hacer trabajos y cosas y el padre llega a las ocho de la noche a casa, y hay que hacer cena y tareas y demás, pues eso, que el crío, de secano.

El día no tiene suficientes horas para todo lo que tengo que hacer. Y voy acelerada. Tanto, que ayer mismo me preparo un bocadillo, bien abiertito por la mitad… de NADA.

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Imaginad mi sorpresa al abrirlo.

Creo que habremos de donar nuestros cerebros a la ciencia.

O-SEA

Jaajajajjasa. Ay, me troncho.

A ver, mis dos hijos, de diciembre, y con una madre de talla normal y un padre bajito, los más altos de la clase no van a ser. Es más, muy a menudo alucinamos cuando los vemos al lado de algún niño de su clase, de los que están más desarrollados. Mis peques parecen sus llaveros.

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Pero hoy el Señor de las Bestias se asusta sobremanera. ¡Que qué mayores se ven los compañeros de clase de Don Bimbas! Pero asustado, asustado, ¿eh?

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… Estaba viendo una foto de los compañeros de clase de El Cachorro.

¿Y de que, siendo los dos progenitores así de despistados, estemos consiguiendo criar a dos niños, qué me decís?

Las letras de su nombre

He puesto a Don Bimbas a escribir su nombre porque se supone que ya debería saber hacerlo, y me temo que ni por el forro.

El Cachorro se lo ha escrito para que copie. Y él lo ha escrito. Y mejor de lo que pensaba.

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¡¡Pero ojo a la be…!! Parece un poste al que le han salido dos granos. Ahora, a firma original no le va a ganar nadie.