Dónde está la garantía

Aquí un padre sorprendiéndose del rosario de heridas que tiene su hijo en la pierna.

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“Yo te hice unas piernas nuevas ¡y mira cómo las tienes!”, le echa en cara. “¿No te puedes cuidar un poquito más?”

Es verdad que anda el peque espectacularmente dañado. Tiene demasiados rasguños, muchos rasponazos, gran cantidad de moratones, tremendos golpes, chichones, heridas, cicatrices, pellejos… Él a las postillas les llama “cortezas”, jajaja. Mira, hasta le encuentro sentido. A este paso le va a salir corteza por todo el cuerpo.

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(Aquí, mostrándome una de sus “cortezas” en el dedo. “Ya se la he enseñado a Leo” -su amiguito del cole-, me dice).

Y el Señor de las Bestias, que últimamente tiene mucho trabajo y para poco por casa, con lo que no es testigo de la cantidad de veces que se toña, ahora el tema le pilla de sorpresa.

Su indignación la comparto. Jopé, nos hemos esforzado trayendo al mundo a un tipo muy mono, un muñeco, un querubín, para que ahora él mismo se autolesione estropeándose tanto a sí mismo. Le deberíamos reclamar daños y perjuicios.

Bueno, igual mejor nos callamos, porque también nos ocurre que, estando en un restaurante terminando de comer, El Cachorro, el chocolatero numer one, pide su postre favorito, que es el volcán. Don Bimbas, que hace todo lo que hace su hermano mayor, también lo pide. Lo sirven. Mete la cuchara, sale el chocolate caliente derretido y dice: “Esto arde como la moto”.

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Ja, ja, ja. Menudo trauma le quedó al pobre de cuando se quemó con mi Harley hace poco más de un año (¿os acordáis, cuando su padre lo montó el día que nos íbamos de vacaciones, y se quemó en el tobillo cosa mala?). Así que si no se hace él daño a sí mismo, ya se lo hacemos nosotros.

Ahora, como veis, utiliza la moto como medida de calor.

Regalo con arrepentimiento

En Vietnam, el Señor de las Bestias regaló a sus hijos una pulsera de ojo de tigre. Don Bimbas se la cargó días después en uno de sus enfados, cuando se la arrancó, la estiró y saltaron todas las bolitas (episodio por supuesto ya relatado en estas páginas virtuales).

El Cachorro, allí, me pidió un día que se la guardara, y me la puse y me gustó. Se la demandé a El Cachorro y me dijo que no me la daba. Pero, casi al final del viaje, me dijo que me la regalaba.

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Hoy, que la ve, decide que la quiere de vuelta. Y yo le digo que lo que se da no se quita, Santa Rita. Él: “Jo, ya lo sé, pero es que papá iba a comprar otra y no lo hizo y ya no vamos a volver a Vietnam, jooo”. Yo no me inmuto. Entonces él empieza la campaña. Al rato se acerca, coge la pulsera y la manosea: “¿Ves? La pulsera quiere estar conmigo”. Le pregunto que cómo es eso. “Hace la letra ese”. “¿A ver?” Vuelve a hacerlo, solo que, para su desgracia…

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… le sale una A… ¡de Amaya!

Chivato

Estamos el Señor de las Bestias y yo holgazaneando en la cama. Los niños, se entretienen como pueden. Hacen incursiones a nuestra habitación a ver si estamos despiertos. En una de estas, viene El Cachorro:

– Pablo está viendo la tablet sin permiso.

El Señor de las Bestias, que solo quiere dormir, le dice que él se puede poner la tele. Sale y cierra la puerta. Porque cuando se pone la tele estando nosotros en la cama, tiene la deferencia de cerrar nuestra puerta, que siempre está abierta, para no molestarnos.

Y se vuelve a abrir la puerta. Esta vez es Don Bimbas. Se planta al lado de nuestra cama:

– Simón es un chivota.

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Jaaaajahaha

Hombre plátano

Que no, que dice Don Bimbas que no le ponga otra cosa que no sea su “disfraz de plátano”, como él lo llama. Y se lo pone y se ata la camisa hasta el botón de más arriba. Tan estupendo él.

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Llego a decirle yo que mira que salado esto que te he comprado, y me dice que me peine. Pero en este caso le ha chiflado…

Y están los dos críos igual. No se quitan los plátanos ni por asomo. Cinco días después, en este parque de Pamplona…

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… Observa mi cuñada: “Todos los niños van vestidos por parejas. Unas de amarillo, otras con peto vaquero, dos niños con rayas, dos plataneros…”

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De verdad, les he comprado ropa de Star Wars, de tiburones… pues nada les ha hecho más ilusión que el “traje de plátanos” vietnamita. Esa mañana, El Cachorro:

– Me quiero poner los plátanos.
– Cariño, hoy de máxima dan 24 grados, y mañana 33. Mejor mañana, que eso es una telilla infame que es como ir desnudo.
– Pero quiero que me vean los primos, los abuelos…

Y ha habido que vestirlo con sus mejores galas para obnubilar al personal. En Pamplona. Que mira que se viste bien en Pamplona.

Vaya

El niño que se ha portado de manera ejemplar, que en lo que ha entrado al garaje, la madre de mi amiga (que también ha estado de vacaciones con ellos), abuela de la suya (de la amiguita de Don Bimbas), se ha encargado de reiterarme lo que se ha hecho querer, que ha sido un amor y que ha atendido todo a la primera y que qué rico y qué pasada de niño y cómo lo adoraban sus hijos (tíos de la amiguita, pues han vacacionado donde ellos viven) y tal y Pascual, en cuanto ha entrado por la puerta de casa, como contaba en el anterior post, ya ha encontrado un motivo para enfadarse.

Este niño, que no ha dado en ocho días ni un problema y que ha dormido todas las noches de un tirón, sin quejas ni dolores, hoy ya ha llorado dos veces y he tenido que ir a su cama a darle masajes en las rodillas hasta calmarlo.

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No queda ahí la cosa:

– Amaya, y no ha hecho ni un pis.
– ¿Ningún día?
– Ningún día – me informaba mi amiga.

Pues bien, primera noche en casa y, por la mañana, para no perder la costumbre, el pequeñito se desliza en mi cama. Se mete dentro y anda rebozándose. Y yo, en un duermevela, resistiéndome a levantarme. Pero, en esto, que me asalta un presentimiento. Y toco la tripa de Don Bimbas. ZAS. Mojada. “¡NNnnnnnnnnnnooooooooooooooooooooOOOOO!”, exclamo. Quito la sábana (con el edredón – sí, soy de las de edredón en julio… en Madrid –) y le huelo y, para mi desgracia, no es sudor. Voy corriendo a su cama y compruebo que también huele a pis. Se ha sobrado el pis y ha mojado su cama ¡y la mía! A dos días de irnos de megavacaciones, con cien mil lavadoras que estoy poniendo. PPOORR QQUUÉÉ.

Esto se llama llegar y besar el santo, o donde hay confianza, da asco. Una de dos.

Faltón

Jugando a pillar con Don Bimbas, me dice: “Es que cuando me persigues casi digo una palabrota…”

Confiesa lo que pudo pasar y no fue. Esto parece “Minority Report”. ¿Qué hago, lo abronco o no?

Por esto, no. Es broma. Pero por lo que sucede a continuación, le va a caer un castigo de los gordos.

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Coge y me salta:

– Tienes el culo gordo.
– No.
– ¿Un poquito gordo? – insiste.
– No.
– Hummm… ¿Tienes el culo flaco?
– Eeeeso es.

¡Joé, para una cosa que no soy, culona, viene este a minar mi autoestima!

Cerezo

Hemos encontrado un cerezo. Las cerezas más maduras están arriba, así que, ni cortos ni perezosos, sobrinos, El Cachorro y yo nos hemos encaramado al árbol para conseguirlas.

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Toda la familia hemos podido probarlas. Se me acerca Don Bimbas para darme el parte de cómo está la cereza:

“Está un poquito asquerosa pero está muy buena”.

Es que me troncho con este niño y sus descripciones tan enfrentadas, que no hay por dónde cogerlas, que no te enteras si las cosas le gustan realmente o no le gustan ni de casualidad.

Watch your step

Abro la puerta a las once menos cuarto de la noche, volviendo del trabajo, y me encuentro con…

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O sea, no hay que bajar la guardia y dejar de mirar por dónde piso ni en mi propia casa.

Me asomo al salón y están el Señor de las Bestias y El Cachorro viendo la tele.

– ¿Se puede saber qué hace Don Bimbas ahí tirado?
– Nada, que se ha ido ahí y ahí se ha quedado.

¿Pero esta querencia de mi rubio por el suelo?

Bueno, no sé si por el suelo o por dormir raro. Otro día cualquiera, hago mi rueda de reconocimiento, esto es, echar un ojo al cuarto de mis hijos cuando yo me voy a dormir, y me encuentro esta estampita:

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¿Es esta una manera normal de dormir? Pregunto.

Luego dice que le duelen las rodillas. Lo que no sé es cómo no le duelen los tobillos, el espinazo, el coxis, los hombros y el píloro.