Carambolas de madre

Le dije a Don Bimbas que estaba castigado sin ver a su “novia” Sofía (su vecina) durante tres días. A ver, que se ven mucho, pero que por supuesto se pueden tirar dos semanas sin verse y no pasa nada. Pero, basta que se lo digas, para que parezca una tragedia. Esos son los trucos de adulto que utilizamos haciendo abuso de nuestro poder, claro que sí.

En fin, que ya sabéis cómo se canteó ayer, ¿verdad? Sabéis que últimamente se está luciendo.

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Pues bien, hoy han llegado a casa del cole antes que yo. Y, cuando he llegado, oye, COMO LA SEDA. A Don Bimbas le he dicho que recogiera sus zapatillas del salón, que ese no era su sitio, y las llevara a su cuarto. Y no solo lo ha hecho, que eso es como milagroso, es que, encima, ha cogido las de su hermano y también las ha llevado. Y eso sí que es la repanocha.

Mientras, le he recordado, a propósito de lo de ayer, porque cuando yo me enteré del desaguisado, ellos ya estaban durmiendo (“y si llegáis a estar despiertos os tiro por la ventana”, “¡hala, mamá!”, “lo que oís”), que con la comida NO-SE-JUEGA y que, por supuesto, nada de manchar paredes ni techos, “¿a ver, qué he dicho?”, “que con la comida no se juega”, “mu-y-bién”.

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Me llama mi vecina, la madre de la prometida de Don Bimbas, para invitarlo a jugar. Y yo le digo que sí, sin recordar el castigo, pero me acuerdo ipso facto, así que voy con el móvil delante de mi pequeño, y le digo a mi consuegra: “Pues está castigado, pero se está portando ahora genial, así que, dependiendo de cómo se porte, lo mismo puede subir a vuestra casa”. Mi vecina, que lo oye, me dice: “Pero tronca, no le castigues con eso, si al final es peor para ti, ¿qué haces si necesitas que me quede con él?” Eso Don Bimbas no lo escucha. Yo se lo reconozco a medias, porque el Señor de las Bestias ha vuelto de su viaje y en tres días no la voy a necesitar. Y eso que ayer tuve evento, hoy clase de impro, mañana cena con amigas y al día siguiente de pasado mañana, actuación nocturna con uno de mis monólogos.

Así que cuelgo y le digo a Don Bimbas que recoja todo lo que está tirado de su cuarto. Y va raudo. Y lo recoge todo. Y está de un suave que estoy por grabarlo.

Claro, es que ayer se sobró tres pueblos.

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Pero hoy se ha ganado la visita.

Hay que decir que qué gusto me da dar premios, que no sé por qué me empujan a tener que castigarles, los muy cenutrios (y no me vengáis los de la Liga Anticastigos, con que es que no es una manera muy sana de educar, que muy cerquita estoy viendo a algunos infantes a los que no se les castiga nunca, que no hay quien los soporrrrrte).

Y, bueeeeno, ¿os habéis fijado en qué día es hoy? Ya es día 30. Ya hemos llegado al final. Pero yo ya me despedí el día 1, ¿recordáis? No quiero volver a hacerlo. No quiero pasar por otro berrinche. Solo os dejo una foto actual que me gusta de nosotros: del Señor de las Bestias, de El Cachorro, de Don Bimbas y de mí, de este verano.

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A partir de ahora seguiremos creciendo, pero en privado. Bueno, quién sabe, porque, conociéndome… Espero que nos volvamos a encontrar.

Os deseo lo mejor. Gracias por todo.

Hasta siempre.

(Estaré en @amayareytv)

Pa’ matarlos

A ver, están los críos insoportablemente algo contestones. Y muy de plantarse y no hacer caso. Cuando les digo que hagan algo, El Cachorro es muy de “espera”, y el otro es más de “¡no!” Así que un poco frita ya me tienen, ya…

madre 29 (1)

Hoy llegan del cole y andan en las mismas. A El Cachorro le digo que vaya sacando sus deberes, y se revuelve con “es que tengo hambre” o “ya vooooooy, espera” o se pone a jugar con su hermano. De Don Bimbas descubro en sus notas mensuales de inglés que, junto con otro niño, últimamente anda molestando a sus compañeros y no respetando al profesor. Así que le digo “ven aquí que quiero hablar contigo seriamente”, me hace burla. “Que dejes de hacer eso y vengas”, y se larga en mis narices. Le grito “¡ven aquí ahora mismo!” y se sigue pirando, pero esta vez corriendo. Me levanto detrás y acelera riéndose a mandíbula batiente. Yo estoy para MUY POCAS bromas. Y él lo sabe, pero se ha propuesto tocarme la moral de lo lindo. Me tiene más que harta. Así que, cuando lo alcanzo, le quito una pluma teñida muy mona que ha traído de la calle, con la que estaba huyendo de mí, y le digo: “Mira, ¿ves bien tu plumita?, pues hale, zacatrás”, la doblo por dos partes y se la rompo en su jeta.

BUENO. Lanza un grito de histeria suprema, que nos rompe los tímpanos a los vecinos de tres plantas, y continúa gritando y llorando.

– Deja de gritar.
– ¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!!
– Que dejes de gritar.
– ¡¡AAAAAAAAAAH!!
– Que dejes de gritar. Ya.
– ¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!”
– ¿Sí? Espera.

Voy a su cajón de juguetes, y cojo uno de sus muñequitos.

– ¿Lo ves? Pues a la basura.

Casi se le salen los ojos de las cuencas.

– ¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!

Y lo he tirado. Vaya si lo he tirado.

Vuelvo.

– ¿Qué? ¿Sigues?

Sí, sigue, pero muuuuuucho más atenuado.

Se enfada. Se encierra en su cuarto.

Yo, menos mal que he sido previsora y ya me he maquillado antes de que mis hijos llegaran. Tengo un evento y me estoy preparando. Faltan los últimos retoques y vestirme. Lo hago. Antes de irme de casa, paso por el cuarto y le doy un beso que no me devuelve: “Bueno, cariño, me voy. Supongo que te ha dado tiempo a pensar, ¿verdad?”

Me mira en plan “va a pensar tu prima”, y me voy.

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Los niños se quedan a cargo de su padre. Su padre es ese señor que, mientras yo me vuelvo loca intentando que mis hijos coman de todo y variado, haciendo recetacas de la muerte, como arroz con calamares o ternera Stroganoff, el día que le toca a él hacerse cargo, va y les hace un pepino y tres salchichas. Y todo orgulloso porque “¿adivinas lo bien que se lo han comido?”

Cena sana o cena exitosa, hay que elegir, está claro. ¿Quién lo hace mal, él o yo? Porque yo ya no sé.

Hoy la cena ya estaba hecha. Él tenía que hacer que los críos se cambiaran, cenaran, lavaran los dientes, fueran a la cama… en fin, lo normal. Cuando me largaba, andaba siendo tentado por un vecino para ir con un tercero de cañas. Porque para eso están los vecinos, para ayudar mucho.

– No puedo, Amaya sale y tengo que encargarme de los críos.

Al volver, me entero de que los dos vecinos, inasequibles al desaliento, se habían plantado en mi casa con las cervezas, y habían estado los tres tan a guuuuusto en el salón. ¿Mis niños? Mis niños cenando solos en la cocina.

¿Y qué habían hecho mis niños?

TIRAR BRÓCOLI AL TECHO Y TRONCHARSE DE RISA.

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¿¿Veis las marcas??

Qué guay eso de que se pueda largar una de casa con tanta tranquilidad, ¿verdad?

P.D. El muñequito que tiré a la basura lo rescaté y lo volví a meter en el cajón, aunque él no lo sabe, porque me jjjjjode tirar cosas porque sí. Espero que haya heredado mi mala memoria y que no se acuerde de qué tipo de muñequito era y que siga pensando que se quedó sin él. Aunque si no lo echa en falta, no habrá servido para nada…

Sexo

Está El Cachorro aprendiendo los sistemas del cuerpo humano. El digestivo, el respiratorio, el excretor… el reproductor… Yo ando tanteando qué sabe de cómo vienen al mundo los bebés, pero estoy comprobando que lo que se explica es que una célula masculina se junta con una femenina y que crece el bebé en la barriga de la mujer durante 9 meses. De cómo se juntan, ni oste ni moste.

Yo no recuerdo cuándo me lo contaron. Hoy, hablando con una amiga con la que he quedado a tomar un vino, me dice que cree que nosotras nos enterábamos como en 5º de E.G.B. Dos años le faltarían a mi hijo. Pero, claro, está dando ese tema y me están dejando la pelota botando…

Recuerdo que, para explicarnos de qué iba el asunto, mi colegio de monjas llamó al Dr. Madoz, que era el doctor estupendo al que recurrían para esta y otras materias. Este señor, en la salita azul del cole, nos contó cómo iba el asunto, a través de diapositivas. Nosotras estábamos sentadas delante… y nuestros padres, detrás. BUENO. Yo, fue ir viendo de qué iba la cosa, empezar a mirar hacia atrás con cara de alucinada, ver a mis padres observándome con una media sonrisa, cogidos de la mano, irme entrando una vergüenza sideral, expresar risas nerviosas junto con mis compañeras de al lado, no volver a darme la vuelta para mirarlos y haberme pasmado de lo lindo.

La amiga con la que quedo me dice que no sé quién le dijo (es que creo que era alguien como con categoría o autoridad de poder asegurar algo así, pero, en mi línea, no lo recuerdo), que probablemente lo más conveniente era contar a los niños cómo iba el tema cuanto antes, mejor, porque así lo asimilan como con más normalidad. Yo también lo creo. A El Cachorro le explico siempre cosas con la mayor naturalidad y las interioriza estupendamente.

Así que, por la noche, que tengo que repasar con El Cachorro todos los sistemas porque tiene mañana examen, aprovecho. Y le pregunto que si sabe cómo llega la célula masculina hasta la femenina. Y por supuesto no sabe. Y se lo explico.

– ¿Eso es sexo? – diantre, ¿dónde habrá aprendido esa palabra?
– Sí, cariño eso es sexo.

madre 28 (1)

Se le pone carilla. Le entra un poco de vergüenza. Sigue indagando y pregunta si tiene que hacer pis en la chica, y le cuento que no, que se trata de otro líquido.

– ¿Cómo sabes si haces ese líquido?
– Cómo, cómo sé.
– Si eres un chico…
– Ahora eres muy pequeño, pero llegará un momento en el que te haces mayor, te saldrá un líquido y dirás “¿esto qué es?”, pues eso es lo que yo te digo, y eso sale cuando tú eres mayor, y lo puedes controlar.
– Tendré que meter el pene ahí y hacer pfffffffffffffff.
– Eso es.
– Ay, Dios.
– Ay, Dios.

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– No me imaginaba que se hacía sexo para hacer eso.
– Claro, pero es que se necesita, como te está explicando el libro, que la célula masculina se junte con la femenina, y como el sistema reproductor femenino es interno…
– Sí, menos la vulva.
– Menos la vulva, vale. Y si en un chico las células se producen, ¿dónde, hemos dicho?
– En los testículos.
– ¿Y en las chicas, dónde?
– Aquí – señala.
– En los ovarios. ¿Y dónde crece el bebé? En el útero. Entonces, ¿cómo se conecta el útero con el exterior? ¿A través de…?
– No entiendo – no, si lo que no entiende es lo que no tiene relación con el sexo, el jodío, justo lo que se tiene que aprender.
– A través de la vagina. Justo la vulva es lo único que está fuera, el resto está todo por dentro.

Y así. Pero él, claro, está a lo que está.

– ¿Y eso es lo que tendré que hacer con Jimena (nombre ficticio)? – su novia desde hace un año.
– ¡¡PERO AHORA NO!!

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Ay, madre, ay, madre, ay, madre.

Y ahora es cuando lamento no estar casada. Porque le quiero decir que eso solo se hace después de casarse y, claro, ¡no puedo! Jaajaa. Él, sigue con sus cuitas:

– ¿Qué pasa si no está ella, entonces tendré que mear en el váter? O sea, lo que sea.
– ¿Qué pasa si pierdes el líquido? Se va por el váter, no pasa nada.
– ¿El bebé se va por ahí? – ay, Dios.
– Cariño, el bebé no está en tu líquido. Ahí están las células, en ese líquido, y ese líquido tendrá que juntarse con la célula de la mamá, no se forma el bebé hasta que no se juntan.
– Si yo fuera una célula y papá me hubiera echado por el váter, ¿yo ya no existiría nunca más?
– Claro, porque la célula no se habría juntado con mi célula.
– Menos mal. ¿Yo iría nadando por el váter?

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Me temo que tendrá que haber más entregas.

Aprendiendo a leer

Por tercer fin de semana consecutivo, hay que leer con Don Bimbas. Las mismas palabras que el fin de semana pasado y que el anterior. El tío pasa millas y no se entera o hace como que no entiende. Yo me desespero. La cosa suele ser así:

– A ver, cariño, lee. ¿Qué letras hay aquí?
– La te, la a, la erre, la erre y la o –. En esta ocasión, bien, pero a veces hay letras que aún no sabe cuáles son.
– Vale, ahora a leer. ¿La te con la a?
– No sé.
– A ver, cariño, ¿la te, tttte, tttttttte, con la a?
– ¡No lo sé!
– A ver, cariño, la te con la o, to, la te con la i, ti, la te con la e, te… ¿la te con la a?
– ¿Da?
– ¿Da? ¿¿Da?? ¡Cómo va a ser da, cariño? Es una te, no una de. La de viene aquí, ¿ves?, en esta palabra, dado, ddddda y ddddddo, de a, de o. Pero esta es te. ¿Cómo será la tttttttttte con la a?
– Da.
– ¡¡Que no!!
– ¡No sé!
– ¡Sí que sabes! Mira, ta, te, ti, to, tu. ¿La te con la a?
– Hum… ¿Ta? – Y esto, cuando lo hace pronto. Así que imaginad el tema.

Y, cuando le señalo una palabra, él dice: “No, esa no, esta”. Que es una que se sabe.

Como esta es una página recurrente, ya se ha aprendido algunas palabras o, por supuesto, las deduce por los dibujos. Así que, cuando hemos repasado todas y la mayoría las ha dicho por el dibujo, sin fijarse en absoluto en cómo se escriben, decido tapar los dibujos. Tapo y enseño la palabra: “A ver, qué pone aquí”.

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Como es lógico, este sistema no le convence para nada. Y salta, que saber leer, no sabe, pero es más listo que nadie: “Dice Nuria (su profe) que las mamás no tapen eso”. JAAAAAAAAAJAJAJAJJAJAJA. ¡¡¡QUÉ CRACK ES!!!

Y desesperante.

Calurosa vienbenida

Hoy ha llegado el Señor de las Bestias de un rodaje que lo ha tenido fuera de casa veinte días, ahí es nada.

Como cada vez que hay un acontecimiento de estos, cumpleaños, día de la madre, del padre… El Cachorro encuentra inspiración para agasajar con uno de sus dibujos.

En esta ocasión, el dibujo es muy mono y, por supuesto, provoca ternura y alegría. Y urticaria y retorcijones y párpado tembloroso y anginas. Observad y decidme si lo que digo no es cierto.

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Es que ni adrede. He llorado lágrimas de sangre.

¡MIERDA! (Advertencia, fotos explícitas. Si eres de fácil arcada, NO entres).

Viene Don Bimbas:

– Mamááá, a Simón se le han caído las piernas del pitufo haciendo caca y están en la cacaaaa.
– ¿¡Qué!?

Pues tal cual me lo está contando. El Cachorro se había puesto a hacer caca jugando con una piecita pequeña de un pitufo de Huevo Kinder, y se había caído en medio de su caca.

– Uff. Pues poco se puede hacer – digo con cara de asco.
– ¡Pero es que si no va al mar! – me replica El Cachorro.

Maldita sea. En buena hora me puse a educarlos en el respeto al Medioambiente.

– Pero, cariño, jopé qué asco, no sé cómo vamos a coger eso.

Recuerdo que había unos guantes para limpiar el baño que la otra chica que tuve en casa quiso que le comprara (yo no utilizo guantes para nada). Pero no los encuentro. Igual se los llevó de recuerdo…

– Nada, no hay guantes. Me parece, hijo, que en esta ocasión se va a tener que ir al mar eso.

Y me voy.

Pero veo a El Cachorro que va a la cocina y Mayra, la chica que trabaja con nosotros, que está partida de risa con el incidente (¿por qué da por hecho que ella se libra de tener que intervenir? Jaaja), me informa: “Es que dice que lo va a coger con una bolsa”.

– ¿¡Con una bolsa!? Anda, anda.

Pero lo pienso y… mira, no es mala idea. Voy a por la bolsa, reconociéndoselo.

– Bueno, venga, te doy la bolsa, y lo haces tú.
– Es como cuando el abuelo coge la caca de Sila – el perro.
– Sí, claro. Hale, toma.

Y vamos todos al baño. Yo, con escala previa en mi estudio, para coger el móvil e inmortalizar este momento.

madre 25 (1)

Mete la mano El Cachorro.

– No lo encuentro…

Y ahí está, revolviendo en la mierda.

– Ay, pues chico, se habrá ido por detrás. Agggh – me está dando un asco que no puedo.
– Jaaajajaajaja – la chica –. Me entra risa al verle la cara, Amaya.

Está disfrutando de lo lindo, la muy perraca.

Y, jobar, si me dices que es algo de mucho valor… ¡¡Pero es que son las piernecillas de un pitufo que te viene con los Kinder Sorpresa!! ¡¡Ya me dirás!!

Pues El Cachorro ahí, busca que busca.

– Cuando lo encuentres, al lavabo. ¡Pero no lo saques directamente y que vaya goteando!, Ay, porrrrr favorrrr, pero qué asssscooooo…
– Jaajajaajaa – Mayra.
– … lo sacudes bien sacudido y después vemos cómo lo trasladamos al lavabo.

En esto, la mano de El Cachorro emerge con una bola de mierda y las patas del pitufo pegadas.

madre 25 (2)

– ¡Alto ahí! – exclamo. – ¡Ni se te ocurra sacar eso así!
– ¿¡Pues cómo!? ¿¿Cómo??
– ¡Quietoooo! ¡¡A ver, no saques toda la bola de caca, hijo, jopé qué puñetero asco, mierda!!
– Jaaaaaaaaaa – Mayra. Le voy a bajar el sueldo.
– ¡Que cómo hago! – El Cachorro.
– ¡Hijo, déjala en la loza, en la pared del propio váter – dudo que sepa qué significa “loza” – y rescatas las piernas!

Y lo veo estirando la mano que tiene libre, SIN BOLSA NI PROTECCIÓN ALGUNA, a coger las piernas directamente de la caca.

– ¡¡NNNNNNNNNNNnnnnnnnnnnnoOOOoOOoOOooooOOO!! ¡¡¡Con esa mano NO!! – la retira asustado, cuando estaba a un milímetro –. ¡Hijo, pega la caca ahí y CON LA MISMA MANO DE LA BOLSA rescatas las piernas!

Dicho y hecho. Ahora las piernas están rebozadas en mierda cogidas con la bolsa. Pliego un poco la bolsa para que no gotee y ponemos todo en el lavabo. Pero ahí ya tengo que operar yo. Intento quitarle toda la mierda que puedo estando aún dentro de la bolsa, mientras voy retransmitiendo lo que me parece estar haciendo eso: “Ay, joé, qué maldito assssco, madre, por favor, puaajjjj, me muero”.

Al final, saco las piernas, que siguen teniendo mierda, y esta vez sí las tengo que agarrar con mi mano desnuda. “AAAAAAAAARRRRRRRRGH”.

– Jaa, ja, ja -. Ya sabéis quién.

Pillo el jabón y enjabono todo como si no hubiera un mañana. Y dejo las patas esas secando en el lavabo.

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Y pienso que, si el Universo está probando mi valía como madre, creo que hoy ya me he ganado una matrícula de honor.

Mochila con autonomía

Salimos de casa para ir al cole. Como todos los días, El Cachorro arrastrando una mochila que pesa más que él. No sé si porque no se fía de él mismo, de dejar las cosas en el pupitre, porque luego es incapaz de traer lo que tiene que traer para hacer deberes o estudiar un examen, o porque no les dejan guardar las cosas en el cole.

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Y dice: “Lo bueno de una mochila con ruedas es que, si pesa mucho, la puedes llevar. Y lo malo es que, si se te cae por las escaleras, se va sola sin ti”.

Jaajajajaa. Tal cual.

Afán de protagonismo

Han hecho mis peques sendas torres con piezas y quieren que las vea. Las veo. La de Don Bimbas es muy alta y la de El Cachorro, baja y ancha. Me piden que saque foto, pero que me avisan. Y resulta que las han juntado. Vale, foto.

… ¿Pues no va el peque y se planta delante, hecho un figurín?

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– Cariño, ¡si te pones delante no sale la torre!

Jajajajajaja. Luego ya se ha puesto a la vera de su hermano para seguir haciendo el canelo pero bien.

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Pero él tiene un juego favorito: el de colocar muñequitos o cochecitos. Pone unos cuantos, da la vuelta a un camión que tiene que contiene cochecitos por ambos flancos, y dice: “¡Mira, hay más!”, como si le pillara de sorpresa o como si quisiera emocionarme con la misma intensidad con la que lo hace él.

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Que me emocionaría mucho todo ese tenderete, sí, si no fuera porque en cinco minutos viene gente a cenar a casa…

Lo que diga mi hermano

Estoy sin comida en casa y les digo a los niños que tenemos que darnos prisa, que el súper cierra a las tres y son las dos y media.

– A no ser – comento – que os haga chistorra.

Eso cenamos hace dos días.

– Bueno… – dice con resignación El Cachorro.
– ¿Y tú qué dices, Pablito? – le pregunto al pequeño.
– ¡Yo no!
– ¿No quieres chistorra?
– No. Mmmm… ¿qué ha dicho Simón?
– Que sí.
– Pues sí.

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Y así es con todo. No será porque Don Bimbas no tiene personalidad. ¡Menudo es! Sin embargo, en la toma de decisiones, sobre todo con lo que tenga que ver con comida, él dirá lo que diga su hermano.

– ¿Queréis probar este bizcocho?
– No – dice El Cachorro.
– No – dice Don Bimbas.
– Bueno… sí – rectifica El Cachorro.
– Sí, yo también – se apunta Don Bimbas.

Y, cuando lo prueban, son como un emperador romano. Me ponen pulgar hacia arriba o hacia abajo. Y Don Bimbas mira expectante lo que hace su hermano, para dar el mismo veredicto.

Si El Cachorro pone el pulgar hacia arriba, Don Bimbas igual.

– O sea, que os ha gustado – les digo.
– ¡Sí! – dice El Cachorro.
– ¡Sí! – corrobora Don Bimbas.
– Pablito, ¿te pongo un trozo, entonces?
– ¡No! – me dice.
– ¿No quieres?
– No – y pone cara de rechazo sumo.

Es decir, no le ha gustado ni un pelo pero ha tenido que decir que sí porque su adorado hermano ha dicho que sí. ¿Qué os parece?

Amaya King

Estoy haciendo la cena y aparece El Cachorro: “Mamá, ¿cómo se escribe domingo en inglés?” Yo me asusto, porque a estas alturas eso debía estar más que superado, sobre todo cuando está dando ya los tiempos pasados de los verbos. Así va, que no se entera de nada. En buena hora lo apunté a un colegio bilingüe…

Total, que se lo digo. Está haciendo deberes de inglés. Cuando los termina, voy a repasar. Y me encuentro para qué quería saber lo del domingo… Y lejos tenía que ver con el día de la semana…

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¡¡Hablaban del tenor y va y me lo escribe así!! Me parto con este crío. Mira, le he hecho corregir otras cosas que tenía mal, pero esto se lo he dejado porque me ha parecido mundial.

Supongo que a mí me llamará Amaya King…