Miembro fantasma

Esta mañana, desayunando, Don Bimbas tiene frío. Por eso le traigo su bata, una que tiene unas orejitas en la capucha, que se coloca y está más mono que ni qué. Así que… adivinad… Le casco una foto. (No sé por qué lo digo en singular, cuando siempre es en plural. Fotos).

– ¿Ané (a ver) la foto? – pide mi pequeño. Y se mira. – Parezco un ratón – sentencia.

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Pero hay algo que lo deja mosqueado…: ¿Po qué no puedo mové las orejas?

Jaaajaja. Parece un amputado, que sufren del síndrome del miembro fantasma, pero al revés.

Espejo en el techo

Oye, que nunca sabes dónde se encuentra el entretenimiento para dos críos… Hoy, en el súper, reparo en el techo…

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Y mis dos payasos han encontrado algo a su medida…

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Ni tan mal. Porque son, o estas carcajadas chocándose con algún cliente, o trepar por las barras que separan las cajas, resbalar y abrirse la cabeza e incluso, lo que es peor, que yo reciba una llamada de atención de la cajera por su culpa.

Fotos a mí

Le voy a decir al Señor de las Bestias que reciba clases de cómo sacar fotos de Don Bimbas. Otro que apunta maneras.

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Vale. Borrosa. Sin enfocar. Con luz rara. Pero ¿y el encuadre? ¿No es perfecto, ese encuadre?

Menos mal que tengo dos fotógrafos que me van a mirar con cariño a través del objetivo. Porque el Señor de las Bestias, no sé cómo se lo monta, pero me saca siempre o paticorta o con papada.

Esta foto de aquí abajo, es una excepción. Y muy buena.

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Bueno, igual no es nada del otro mundo, pero fotográficamente me trata tan mal, que luego me emociono con cualquier cosa. También es verdad que tiene una conjunción cromática de prendas que me chifla y mis peques salen muy espontáneos y simpáticos.

Perspectiva

Que dice Don Bimbas que: “A asé supe, supe grane, como papá”.

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Que va a ser supergrande… COMO PAPÁ. Que, si me pongo tacones, le saco media cabeza.

Lo que es la perspectiva…

¿Sabéis en qué se parece ya a su papá? En que, estoy tan tranquila, y me salta:

“Mecagüen la puta”.

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Así, tal cual. Es que no sé ni por dónde me ha venido. Me han salido dos docenas de canas más. Que, el tipo, bien, no habla. Menos cuando dice estas cosicas. Entonces sí que vocaliza, el muy jodido.

– Como te vuelva a oír eso te arranco la cabeza. Eso es muy grave y es muy feo – le digo.
– Lo dice papá – me contesta. Como su fuera la madre de todas las excusas.

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De cazas indispensables y de suelos acogedores

Tres horas para hacer tres hojas de deberes y AÚN NO HA TERMINADO.

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Se lo cuento a su padre: “Se entretiene con las moscas”. Es que es increíble. Y lo de las moscas, no es metafórico. “De hecho, ha cazado una”, le sigo contando. Porque esto es real. Me ha venido con una mosca entre los dedos:

– He cazado una mosca.
– ¿Sí? ¿A ver?

Me la enseña.

– Está muerta, ¿no?
– Nooo.

La suelta y la mosca se escapa volando. Jíbalo. Su padre, alabando la hazaña: “Cazar moscas no es fácil. Igual es más difícil que hacer restas”. “Pues nada, fenomenal. ¿Cuánto pagan por cazar moscas vivas?”

Entre el padre y el hijo, no hago carrera.

Por cierto, ¿me quiere alguien contar la querencia que tienen mis hijos con el suelo? El Cachorro es ver un suelo y se tira, como habéis visto en la foto, cual largo es, a ver pasar la vida. Cuantas más cosas pueda hacer tiradazo en el suelo, mejor que mejor. Jugar a los coches, a los aviones, cantar, leer…

Pero no os perdáis al pimpollo. Aparece en el estudio. Estaba echándose la siesta en la cama. Me dice, somnoliento: “Tengo fríoooo”. Se tira en el suelo y…

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… ¡hale, a seguir sobando!

Ha estado dando un rayo de sol en el suelo y lo ha debido de dejar calefactado.

¿Qué hago yo comprando muebles, a todo esto?

Estamos condenados a repetir la historia

Nos hemos venido a Denia. En Denia ya tenemos algunos restaurantes recurrentes que reservamos al mismo tiempo que el alojamiento (mierda, uno de ellos del puerto, que me encantaba, ya ha cerrado). Hay uno que es de los primeros que conocí cuando tuve a bien venir de vacaciones con unos amigos. Y nunca falló.

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Hoy estamos allí, y no sé si Google, Facebook o es que le ha dado por recordar a él, motu proprio, pero, estando Don Bimbas sentado encima del Señor de las Bestias, me enseña una foto en su móvil.

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La misma foto con Don Bimbas encima, hace justamente un año, en este mismo lugar.

A mí que estas coincidencias me chiflan…

Nos ha pasado también con un restaurante de Andorra. Tenemos fotos de tres años distintos. Me encanta (y me da vértigo a partes iguales) ver el paso del tiempo. Y me ataca la nostalgia.

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Lo malo es que son coincidencias que no podemos repetir todos los años, porque, aunque soy fiel a determinadas cosas, generalmente preferimos probar destinos.

Lo que me gustaría de verdad es hacer fotos al contrario. Cambiar de escenario pero que nosotros siempre tuviéramos la misma edad…

La sensación

No lo pueden evitar.

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Donde hay animales, mis hijos se convierten en protagonistas.

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Ir a buscar cangrejos es la actividad que más les puede gustar. Y pillan, vaya si pillan. Entonces vienen a la playa con sus capturas y los demás se acercan a verlas.

Y todo va bien hasta que a uno de sus rehenes le da por darse un garbeo…

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¿Nadie les ha enseñado a estos patudos a estarse quietos?

Espíritu libre

A Don Bimbas le encanta andar descalzo. Y quizá sea por eso que las plantas de sus pies se están curtiendo. Bueno, a la fuerza. El otro día lloró de lo lindo en la playa cuando se descalzó y se las escaldó.

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No supe hasta qué punto hasta que me fijé por la noche y me dio la impresión de que tenía en la planta de los pies una ampolla gigante. Pero me dije, no puede ser. Era enorme. ¿Qué anda, sobre un cámara de aire? Y sin quejarse.

Pero sí que debía ser, porque a los dos días el Señor de las Bestias me dice: “Tiene las plantas de los pies peladas”. Y, sí. Él no se lo explicaba. Yo deduje entonces que era porque las ampollas se le habían reventado…

Sí, eran ampollas. Tan enormes que no las supe identificar. Lo nunca visto.

Padre e hijo hablando de mujeres

– A mí me gusta Marina para ti – dice el Señor de las Bestias. Es una vecinita con la que estamos de vacaciones.
– A mí no – contesta El Cachorro.
– A mí sí.
– Pues cásate tú con ella.
– No puedo, es una niña.

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Lo que tampoco puede el padre es concertar ya el matrimonio, muy a su pesar. Él ahora mismo se iría de cabeza a la Edad Media. Porque Marina, además de ser una niña muy mona, es también muy responsable. Una buena influencia para nuestro vástago. Y hacen una parejaza.

(He de decir que a El Cachorro por supuesto que le gusta Marina. Lo que no quiere es casarse con ella. O puede que sí, pero es que tiene novia…)

En fin, que ya se verá si es Marina, Marino o se mete a cura, mi muchachito. ¿Qué vida le esperará?

La cara es el espejo del almESTÓMAGO

Se van al baño (al baño de hacer pis) y vuelven así. Yo, que soy de las que ven un cenicero lleno de colillas y digo “aquí han fumao”, les pregunto:

– ¿Qué habéis comido?
– ¡Nada! – me dicen, con todo su papo.

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Con todas las pruebas del delito pegadas en la cara. Ya les ha llevado el padre por la senda del mal. ¡Con razón lo adoran! Comen en un verano más helados que yo en tres vidas.

Su cara es el espejo de su estómago.