Autoinmolarse

Me agacho por debajo de la mesa y de pura casualidad veo esto.

madre 17 (1)

Don Bimbas ha transformado la parte de abajo de la mesa blanca del comedor en una pizarra.

(INSERTEN AQUÍ JURAMENTOS EN ARAMEO A DISCRECIÓN).

¿¡¿Desde cuándo llevará ahí?!?

Se lo hago limpiar.

madre 17 (2)

Pero, claro, esa pintura está incrustada y no hay manera de sacarla. Tengo que ponerme yo a la faena. El Cachorro, que ve cómo sufro dale que te pego al trapo, se ofrece a echarme una mano.

Como cuesta un huevo, decide dejarlo. Pero, consciente de lo mucho que me tengo que esforzar y de la cantidad de cosas de las que me encargo, lo deja para ayudarme en otros menesteres. En llevar los zapatos de su padre tirados en mitad del salón a su sitio, en abrirme la cama para cuando vaya a dormir… A mí con este niño me tocó la lotería.

Al otro le digo que lo castigaré por esto. El Cachorro me sugiere que lo castigue cuatro días sin ver la tele (nada menos). Yo le digo, en un aparte: “Cariño, mejor otra cosa porque si no tú también te quedarás sin ver la tele”. Y va y me suelta que da igual, que él también se lo merece. ¿¡Y eso!?

Pues resulta que me llega con que a un vecinito un par de años menor que él, su mejor amigo lo trata de culo. Y como es su mejor amigo, El Cachorro alguna vez le va a la zaga, y un día su mejor amigo le dijo al crío que no era su amigo y que no podía jugar con el resto de los vecinos. En aquella ocasión, en cuanto me enteré, le llegó la charla: “Cariño, no tienes que hacer cosas que no te gusta que te hagan a ti, eso lo primero. Lo segundo, decirle a alguien que se queda fuera y que no puede jugar con los demás, es cruel y está muy mal, y produce mucha tristeza. Y tercero, a un niño pequeño lo que hay que hacer es protegerlo, no hacérselo pasar mal, a ver qué va a ser esto”.

Él se puso a llorar. No le gusta que los demás lo pasen mal, ya lo conocéis. Pero también por otra cosa, y es que, en el cole, hay un par de matones de su edad y algún mayor que se meten con él y con su mejor amigo, y yo le digo que a esos niños les tiene que decir que no quiere jugar con ellos porque se lo hacen pasar mal. Que no tiene por qué aguantar a nadie que sea un cafre.

¡Y estas directrices las aplicó al vecinito!

El niño en cuestión, que es un amor, pero también un poco bestiajez y no sabe controlar sus efusiones, a veces también hace cosas inconvenientes, pensando en que son graciosas. Y no lo son. Por lo menos para El Cachorro. Cogió y le tiró una chancleta a la basura. Eso a mi hijo le sentó mal. Mal fatal. Y resolvió tal y como le dije yo en el colegio que hiciera con quienes se lo hicieran pasar mal, que es decirle “no juego contigo”.

madre 17 (3)

Así que lloraba cual Magdaleno porque había hecho con el vecinito lo que yo le dije en su día que hiciera con quienes le hicieran cosas que a él le dolieran. Y los consejos contradictorios le descolocan, como es natural. (Como aquella vez que ya, harta de que siempre fuera de los que recibían, le dije que podía devolver. Uff, se puso del revés: “¡¡Pero si no se pega, y siempre me dices que no se pega, y ahora que tengo que pegar, pero no se pega, me vuelves loco, y yo no quiero pegar, pero en qué quedamos!!” Hale, sal de ahí. Y yo: “A ver, efectivamente no se pega, pero si te pegan, pides que no te peguen, te vuelven a pegar, se lo dices a un adulto responsable y te vuelven a pegar, ¡tendrás que defenderte, cariño! Así que, en efecto, no se pega, pero también hay que defenderse”).

Total, que con el momento chancleta, le tuve que decir que hay niños pequeños que hacen cosas malas pero que no saben que son malas, que hay que enseñarles, pero lo que no se puede hacer, es dejar a alguien fuera del grupo o decirle que no es amigo, que eso es muy feo.

Pues resulta que hoy, algo le ha liado que ha desagradado a El Cachorro, y le ha vuelto a decir que no es su amigo.

Y ahora se siente fatal, el pobre. “He hecho una tontería”. Y se quiere autocastigar. Por eso no asume con estoica resignación los efectos colaterales del castigo de su hermano.

madre 17 (4)

TENGO UN HIJO FLI-PAN-TE.

Muy inteligente, muy noble y… demasiado bueno

Estoy hablando de El Cachorro. Hoy he tenido tutoría. Me cuenta su profesora que tengo un hijo con mucho mundo interior, muy imaginativo, ¡que baila muy bien! (igual tienen algo que ver los bailables que a veces nos marcamos durante el desayuno cuando pongo la música a tope a ver si así nos despertamos).

madre 16 (1)

Que es muy noble. Y muy bueno. Eso ya lo sé.

Fijaos si es bueno que en su clase hay algún matón, y uno de los blancos es mi hijo, y cuando, ya harta de haberle dicho desde que nació que no se pega, viendo que hay críos que abusan de los que no pegan, y que no hace más que recibir, voy y le digo que se defienda, que la devuelva, y me viene con que: “Yo no pego, mamá”. ¿Se puede ser más bueno? Es más bueno que yo.

En San Isidro otra compañera tuvo la fabulosa idea de esconderle su gorra y el pañuelo. Por supuesto, nunca aparecieron. Es que “era broma”. Si, ya, jarajá. Yo le dije: “Dile que te ayude a buscarlos, y que a ver qué le parecería a ella que tú le escondieras sus cosas”. Y también me contestó: “Nooo, yo no le voy a esconder sus cosas”. Ni siquiera le proponía que se las escondiera, sino que le hiciera pensar a la niñata esa. Pues ya veis. Definitivamente, muuuuuuuuucho más bueno que yo.

También es cierto que yo de pequeña era igual que él. Igualica.

Además, le ha dicho a su profesora que quiere ser “periodista de animales”. Así que camino lleva a ser mi réplica pero en tío.

Gato escaldado

De gatacho me lo han pintarrajeado.

madre 20 (1)

Es raro que se haya dejado. Estoy alucinada, porque no le gusta. Pero como él de gato ya tiene el carácter, como buen felino, será que le habrá dado hoy por ahí…

Luego quítale toda la pintura, claro. Frota que te frota, le he dejado la cara escocida, al pobre. Vamos, que de gato ha pasado a estar disfrazado de culo de mandril.

Para mamá

Acuesto a los niños y al rato viene su padre a casa. Se ha llevado a El Cachorro a comer con él. Me da una servilleta de papel con un par de bombones.

madre 17 (1)

“Los ha guardado para ti”. Y me cuenta que en el restaurante donde han comido ambos, la camarera le ha dado los bombones. Y que él le ha dicho que se los comiera, o que uno para él y otro para él. Y el pequeño ha dicho: “No, son para mamá”.

madre 17 (2)

Ni bombones ni leches. Me lo como a él.

Pero eso no es todo, apenas dos días después, vuelvo a casa tarde del trabajo y no llego a ver a mis niños. Cuando reparo en la bolsa de gominolas empezada que hay en el sofá (como para escapárseme el detalle, ya me conocéis), me cuenta el Señor de las Bestias que cuando ha cogido El Cachorro la nube (jamón, le llamamos en Navarra) y le ha pegado un par de mordiscos, le dice él (él, el padre): “Hala, la favorita de mamá”.

madre 17 (3)

Al rato, se fija en que el crío seguía con un trozo en la mano. “¿Qué haces, cariño, por qué no te la comes?”, y él le contesta: “No. Es para mamá”.

Y… ¿qué digo o qué hago yo ahora que esté a su altura?

Tiro al pichón

Va persiguiendo a las palomas con el pan en la mano, porque cree que darles de comer consiste en enseñarles el pan y que vengan a por él.

madre 12 (1)

Le gritamos “¡tíraselo, tíraselo!” En efecto, les tira el pan, ¡pero tira A DAR!

Tiro al pichón, creo que se llama esto.

Es entonces cuando me pregunto si lo que en realidad quiere es alimentarlas para cebarlas y luego matarlas para meterlas en la cazuela.
Que no cuente conmigo, todo sea dicho.

Con esa pinta angelical que se gasta…

madre 12 (2)

… qué mala idea tiene, el jodío.

Sonrisilla

A veces mi pocholo pequeño intenta aguantar la risa como un brujo mayor y ya es lo que le faltaba para que sea zampado hasta dejarlo en los huesos.

madre 13 (1)

Mirad, mirad cómo lo hace. Ayyyyyyyyyyyyyyyyyyy, que lo superestrujo.

 

Está para merendárselo desnudo, y está para pegarle un bocado tras otro también vestido. Hoy tiene que acudir a la guarde hecho un pincel, es el día de todos elegantes. Atención:

madre 13 (2)

Mi chiquillo es que no puede estar más guapo. Porque además no es solo el atuendo, no es la pajarita de lentejuelas, es también la actitud, el porte, el glamour. Lo lleva dentro. Maaaaaadre mía, madre mía. No se puede aguantar.

 

Me preocupa. Me preocupa la cantidad de lagartas que le voy a tener que quitar de encima. Quiera él o no.