Abogado defensor

Está Don Bimbas pesadico y no me deja trabajar (intento escribir este blog). Me hace auparlo, dejarlo en el suelo, me coge la mano para llevarme a no sé dónde, se me sube encima… Y todo lo hace lloriqueando. Por nada. Así que, harta, le imito. Y salta El Cachorro, que estaba jugando en el suelo, parecía que a lo suyo…:

“¡No le hagas burla!”

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Alucino. Pensaba que solo le molestaba que se la hicieran a él. Ya sabéis que se sacó el Master en Susceptibilidad. Y resulta que tampoco soporta que se rían de la gente que él quiere.

Con lo bien que me sale burlarme y no me dejan. Jo.

El apostón

Tiene El Cachorro la costumbre de asignar adjetivos calificativos al personal en concordancia a las acciones que ve que realiza o de las que es objeto de su parte. Así, el que pega es pegón y el que grita gritón y el que llora llorón. Hasta aquí todo correcto.

Están él y Don Bombas jugando con el parking. Don Bimbas pasa de las rampas, en su línea, y precipita los coches desde el último piso para que se estrellen contra el suelo. No le puede gustar más ese juego. El Cachorro se indigna: «Lo has hecho aposta. ¡Eres un… apostón!» Jaaajajjajaa.

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Más tarde coge El Cachorro un juguete, se lo cambia Don Bimbas por otro: “¡Jolines, qué cambión es!”

Me recontrachifla esta tendencia que tiene de sustantivar todas las acciones que se producen a su alrededor.

Y que por muy cambión y apostón que sea su hermano pequeño, lo quiera luego tanto…

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Él sí que es un quierón.

Lo que bien empieza, mal acaba

En el caso de El Cachorro y Don Bimbas, así es.

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Han empezado de buen rollo ayudando a su señor padre, enseguida se han aburrido, se han tirado al suelo y se han chinado.

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Han empezado a darse manotazos en plan suave, jugando, hasta que la intensidad ha crecido y si El Cachorro ya le ha dado un guantazo a Don Bimbas, Don Bimbas ha mordido a El Cachorro.

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Luego menos mal que quieren dar gusto a su mamá y se abrazan y se quieren y entonces yo empiezo a hacer gorgoritos y es cuando El Cachorro, que ya me va conociendo, me dice: “Haz una foto, mamá”. Y voy y les casco trescientas en diez segundos.

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Hoy están con la cariñada subida, porque es acostarlos y volver a la carga. De verdad que me tienen demasiado chocha estos críos.

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Saben cómo meterme en el bolsillo.

Bis, bis

Se mete El Cachorro en la cama. Se mete Don Bimbas. Pide El Cachorro su espada. Don Bimbas su “pa”.

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Tira El Cachorro el dinosaurio de la estantería de un espadazo.

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Lo coloco y le da un mandoble Don Bimbas.

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Esto de que todas las acciones de esta casa tengan eco…

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Pero todas. Y no solo con este par de miembros de la familia. Aquí, de manera habitual, se dan unos “antes y después” de lo más compenetrados.

Dejo a padre e hijo en el sofá viendo la tele. El antes.

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Vuelvo al cuarto de hora y me los encuentro así. El después.

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Jaajajajaja. Vaya tropa tengo en casa.

Estrategia

Vamos por la calle haciendo recados y pasamos por delante de una tienda de juguetes. Miramos un poco el escaparate por encima, sin siquiera asomarnos, y nos marchamos.

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Pero quince metros después El Cachorro me hace notar lo siguiente:

 

– Mamá, Pablo quiere entrar ahí.

 

Jaaaajaja.

 

– Anda, Pablo quiere entrar ¿eh? Pablo quiere y tú no, ¿no?

 

Y con un hilillo de voz me acaba reconociendo:

 

– Pablo quiere y yo también.

 

Qué cuco. No es la primera vez que lo hace: “Pablo quiere ver dibujos en la tele”, y Pablo está donbimbeando por ahí sin darse cuenta de la jugada.

 

La muerte es irreparable

Me coge El Cachorro un anillo muy delicado que tengo y le amenazo: «Como me rompas el anillo, te mato».

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Y salta, con toda la lógica del mundo: «Así no tendrás un hijo guapo y con cinco años» (que cumple mañana, por cierto). Y añade: «Menos Pablo», que es su manera de decirme que solo me quedará Don Bimbas. El que, por cierto, no es solo que no tenga cinco años como él, es que por lo visto ni siquiera es guapo, por lo visto.

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Don Bimbas no está de acuerdo. ;-P

 

P.D. Se ve que mis amenazas paralizan a mi hijo de puro terror, ¿eh?

La imagen que doy

Me escribe una amiga en un comentario a un estado de mi FB:

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Hoy he visto a tus hijos… El Cachorro está impresionante; el enano se sale. Me ha hecho mucha gracia porque El Cachorro me miraba extrañadísimo mientras yo saludaba a su padre. Como diciendo “¿Debería conocerte? Dame una razón”. He pensado: digno hijo de su madre”.

 

¡Ahí va, diez! ¿¿Yo hago eso??

 

(¿Y por qué me encanta tanto que mi amiga me vea así como que vea así a mi hijo?)

Educar al primero

Cuando tienes un segundo hijo, si has educado al primero más o menos bien, tienes medio trabajo hecho.

 

Bueno… eso es mucho decir, porque Don Bimbas es demasiado Don Bimbas. Pero digamos que en vez de dos padres desesperados, somos dos padres desesperados y un hermano generoso (no siempre) los que, cada uno a nuestra manera, educamos al pequeño.

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Don Bimbas imita a El Cachorro todo lo que puede. Que se acerca corriendo hacia mí y me dice en broma «chachipiruli», pues viene Don Bimbas seguidamente corriendo de la misma manera, se para exactamente en la misma postura que El Cachorro, y dice algo similar, en su lenguaje: «tatití».

 

Le dijo a El Cachorro que se desvista para meterse en el baño, y el pequeño quiere hacer también lo propio. Es decir, si se lo digo antes a Don Bimbas, ni caso. Pero si se lo digo a su hermano, El Cachorro procede, y luego a él, él hace lo propio.

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Menos mal que El Cachorro me ha salido como me ha salido, porque Don Bimbas tiene mucho peligro y solo le faltaba un mal ejemplo.

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Me pregunto cómo hubiera sido la cosa si él hubiese venido al mundo el primero…

Foto guardería

Esa sensación que se tiene a veces de «esto ya lo he vivido»… Pues probablemente sea porque lo hayas vivido. Toca foto en la guardería.

 

A Don Bimbas, por hacer la gracia, le he vestido igual que como vestí a El Cachorro para su foto de guardería a la misma edad.

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(No se pueden parecer menos los dos hermanos).

 

Bueno, y a pesar de que Don Bimbas, oportuno como él solo, con lo guapo que es el tío, ha desarrollado un sarpullido alrededor de la boca, a ver si con él se lucen, porque con El Cachorro… Madre qué seriote y qué cara más rara, como deforme. (Tontos nosotros, que pagamos 25 euros por esta foto en todas sus versiones: calendario, postal…)