La condena de ser el mayor

Como es natural, El Cachorro solo le ve desventajas a ser el mayor.

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No encuentra más que situaciones que le demuestran que es un rollo: “Me estoy aburriendo de ser mayor. A Pablo le encuentro el palito (ha tenido que ir a buscar un palito que había perdido), a Sofía (la vecinita amiga de Don Bimbas) le pongo las zapatillas cuando está en piedras (cuando hay piedras sobre las que no se puede caminar descalzo), a otros les hago algo…” O sea, quiere decir que se ocupa de los peques.

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Y eso pues, hombre, no es lo mismo que tirarse por una montaña rusa, la verdad.

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Y, por supuesto, hacen su aparición… los celos: “Todos los días que le hagas caso y a mí nooo”.

Cree que a él lo ninguneo. Nada más lejos, claro. Pero también es cierto que Don Bimbas es más mimoso y hace cosas mimosas y yo le hablo tierno y le digo “que te como”.

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Así que El Cachorro, reacciona:

– Le haces más caso a Pablo porque es más nuevo que yo.
– Es que tú eres viejo – le dice su padre, que no se anda con chiquitas.
– ¡Y tú viejísimo, que estás bajando, no estás creciendo! – salta él.

MA-RA-VI-LLO-SO.

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El Cachorro es el de las salidas geniales. Otra: Acompaño a Don Bimbas al baño y él protesta: “A él le acompañas y a mí no”. Les da miedo ir por el oscuro pasillo hasta el baño. Y eso que hay alguna luz dada, no como en mi piso de cuando era pequeña, que solo había luz en la cocina durante la cena, el resto de la casa estaba sumido en la oscuridad más negra y absoluta, e ir al baño o al cuarto a por lo que fuera, era un acto de valentía de la leche.

“¿Cuántos años tienes tú y cuántos tu hermano?” Le quiero demostrar a El Cachorro que cuando él era pequeño, yo también le acompañaba, pero que ahora es grande.

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Y él, que me ve venir de lejos, me contesta: “Yo tengo 5 años y él 46”.

Jaaaa. Veo que él maneja tres tipos de edades: la edad biológica, la edad mental y la edad inventada. Un crack.

¿Pero sabéis qué? Que es que realmente, El Cachorro, actúa de hermano mayor. Verbigracia:

Se despierta Don Bimbas de una megasiesta.

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Como no se han lavado los dientes después de comer, les digo a él y a El Cachorro que lo hagan. Y, como es costumbre, Don Bimbas se niega. Es que se cierra en banda. Y yo ya empiezo a impacientarme… Y a amenazar. Y dice El Cachorro… “Es que tiene sueño”. Disculpándole.

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Que mi hijo de 6 años sea bastante más empático, clarividente y comprensivo que yo, dice mucho de él. Porque tiene razón. Si de normal el pequeño es duro de roer, cuando se le despierta está intratable, pero básicamente porque todavía tiene la mente en modo off. Y yo la quiero on ipsofactamente. Todo mal.

Menos mal que tengo un hijo que hace MUY BIEN de hermano mayor. Porque, que yo recuerde, yo no ejercía mucho con mi hermano pequeño. Pero mi hijo, aunque se pelea horrores con Don Bimbas, hay que ver la ternura que le despierta y lo en cuenta que lo tiene. Chapeau.

Mentor

“Como yo, Pablito. Así, así”, le dice El Cachorro a su hermano mientras se encarama a la valla. Me chifla ese papel de mentor, de hermano-mayor-que-sabe-hacer-cosas que desempeña con tanto gusto, porque le encanta enseñar.

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Y contemplo la escena a distancia, aún a riesgo de acabar el día teniendo dos hijos magullados y desdentados.

 

Porque ya ha llegado el momento en el que los accidentes se van a multiplicar por dos, me temo. El Cachorro es un ejemplo para Don Bimbas. Y Don Bimbas imita toooodo lo que hace su hermanísimo. Pero todo.
Hasta durmiendo. No es un niño que lo haga con chupete ni con peluches ni con dou-dou. Pero hoy ha decidido hacerlo con dos objetos: dos coches.

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Ha heredado la costumbre de su hermano mayor. El Cachorro se va todas las noches con coches a dormir. Don Bimbas ni se ha planteado si son cómodos como compañeros de colchón, ni si verdaderamente le ayudan a conciliar el sueño, ni si le gustan más que otros juguetes. Es con lo que duerme su adorado hermano mayor y con eso basta. Por algo será.

 

Todo se pega menos la hermosura. Bueno, en el caso de estos niños, hasta eso.