Fotos profesionales

Llegaba a casa y un amigo me avisa de que está por mi barrio con otro amigo suyo, que además es su compinche de trabajo. Han ido a recoger los nuevos uniformes de policía municipal de Madrid. Que si nos vemos. Les invito a subir a por una cerveza. Mi amigo viene con una cámara de fotos. Siempre lleva una encima, pues la fotografía para él es más que una afición.

De repente mis hijos le inspiran. “A ver, vosotros dos, poneos aquí”.

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“Aquí” es de pie encima de la mesa de cristal. Mecagüen la leche. Yo me debato entre no dejarles, que estoy siempre a la gresca con que no se suban, o dejarles y quedarme con unas fotos chulas, pues sé que lo van a ser. Opto por la segunda opción.

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Sabía que no me iba a arrepentir.

Luego les doy la cena y mi amigo se vuelve a inspirar. “A ver, esa silla aquí. Tú, ponte aquí. Tú, al lado”. Me los coloca y no se le ocurre otra cosa que subirse él a otra de las sillas… ¡con las botas puestas! Casi me da algo, ya me conocéis.

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Pero obtengo mi recompensa…:

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Y luego nos saca a los tres afuera, a la terraza, y así, sin esperar a que me cambie de ropa, pues lo que llevo es más antiguo que mis hijos, sin importarle que esté sin maquillar y con granos, con cara de haber estado todo el día currando (cara de realidad), nos dispara un par de fotos.

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Es que es un artista, el jodío.

Me ha dejado la casa hecha un desastre, pero tengo unas fotos maravillosas.

Y útiles. Porque por la noche Don Bimbas empieza a hacer de las suyas. Las suyas son estos equilibrismos imposibles en la mesa.

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Un día la silla se va a resbalar y él se me va a desgraciar. Menos mal que hoy le han hecho un par de fotos buenas y al menos ya hay constancia de lo bonito que era antes de descalabrarse del todo…

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