Descalabrándome

Lejos de ser un ejemplo para mis hijos y se comporten como yo lo hago, sucede al revés. Yo acabo comportándome como ellos, o me sucede lo que a ellos.

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Hace tres días me di con la estantería de su cuarto encima de la sien izquierda y vi las estrellas. Un golpetazo que me llevó haciendo eses hasta el baño a por el Arnidol, producto que tengo gracias a ser madre (claro que tampoco tendría esa estantería si no lo fuera…) Me lo apliqué. Pero no me dejó de doler.

Hace dos días me di con la campana de la cocina. EN EL MISMO SITIO. Agh. Daño. Mierda.

¡Pero es que hoy me he vuelto a golpear EN EL MISMO SITIO Y CON LO MISMO!, la puta campana (perdón, me tiene frita el asunto). Aun así he conseguido reprimir los juramentos (gran esfuerzo de contención por mi parte, que espero me aplaudáis) y solo he dicho “MECAGÜENDIEZMECAGÜENTODO”.

El Cachorro: “¿Has dicho una palabrota, mamá?” Está muy atento siempre. Pero de mí no está acostumbrado a oírlas. “No, cariño, es una expresión malsonante, pero no es una palabrota”.

Menos mal que no me lee el pensamiento, porque se le hubieran puesto los pelos de punta con lo que llegué a soltar mentalmente.

Resacas sin hombres, s’il vous plait

Me levanto un domingo de resaca y… ¿qué me encuentro? El horno con caramelo solidificado porque un vecino así muy avispado que tengo decidió ayer, en la cena borrachuza que improvisamos en mi casa, meter unos crepes con dulce de leche así, directamente sobre la rejilla.

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Me cago en todo lo que se menea.

¿Y qué ocurre para que todo fluya?

Que como tengo hijos y sobre todo uno de ellos no tiene idea buena, cuando estoy en el salón veo que el susodicho aparece… Tachán. Viene como a lo suyo, concentrado, con determinación, coge dos “herramientas” (un tenedor y una cuchara de madera que pertenecen a un puzle que siempre está en la mesa de la tele) y se va tan campante, como si de un obrero que agarra una paleta y vuelve al tajo se tratara. Mosca total, me asomo al cuarto de estudio y…

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OOOOTRA VEZ HACIENDO DE LAS SUYAS CON LA TIERRA DE LA PLANTA, AQUÍ EL JARDINERO.

Bendito domingo. Entre los unos y los otros… GRRRRRRRR. ¡Hombres!

Subirse a la chepa

En el caso de Don Bimbas, es literal.

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Hoy teníamos una comida todos los vecinos y, por suerte (para él… y para nosotros), ha contado con varios de los que servirse para divertirse de lo lindo. A los que machacar para su propio entretenimiento. Sin miramientos.

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Y, como de costumbre, sus víctimas, encantadas de la vida. Con un aguzado síndrome de Estocolmo. Y lo sé no solo porque lo veo, lo sé porque me han hecho saber lo que opinan sobre Don Bimbas.

LO-A-DO-RAN.

Les parece el muchachito más gracioso y simpático, y más espabilado y culebra, y más terremoto que se han echado a la cara. Y todos tienen hijos. Pues el mío se los ha metido en el bolsillo. Pero lo gracioso es que mientras me lo decían, pasa Don Bimbas al lado como una locomotora empujando la bici rara de El Cachorro y atropellando a un par o tres de seres humanos; tres segundos más tarde, y sin habernos dado nadie cuenta del cambio, vuelve a pasar encima de una bici (una normal); y otros tres segundos más tarde (en serio, no ha debido de pasar más tiempo), de nuevo empujando la bici rara. Es que se morían todos de risa.

Les he tenido que contar que tiene un lado oscuro, que gracias a él no duermo, que es don Pupas también. Pero no os creáis que me han hecho mucho caso… Mis dramas con él se la pelan.

Después de la comida tenía invitados en casa…

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… que no sé si volverán. Pero seguramente sí, porque también han sido hipnotizados por este crío. Y por su hermano. A este amigo, entre los dos, lo han deslomado. Y ya tenemos una edad…

¿Cómo es posible que tengan tantísima energía? Es que parecen una película de esas mudas, que van a cámara rápida. Pero con audio. ¡Con bien de audio!

Complot

Ayer Don Bimbas, en su escalada del terror nocturno, se coronó. No dormimos ni una noche seguida desde que nació, pero la de ayer ya se llevó la palma. No se limitó a despertarse una, dos o hasta tres veces para pedir biberón. No se limitó a llorar por algo que le molestaba o incomodaba que no sabemos qué es y nos desespera. Ayer, además de todo eso, su primer despertar fue para pedir caca, y la quiso hacer en el váter. Le quité el pañal, le até el body en el hombro, lo planté… ¿y?

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Y nasti de plasti. De la caca, ni rastro. Vuelta a la piltra.

Y luego continuó con más novedades, como la de reclamarme, entonces yo iba y me tumbaba a su lado en la cama, momento en el que me decía “¡quita!”, me sacudía un manotazo y me apartaba, pero cuando me iba lloraba aún más fuerte… O sea, un plan genial. Más tarde, sin saber cómo calmarlo, lo levanté, le pregunté que dónde quería ir, me soltaba un “ahí” detrás de otro y nos recorrimos toda la casa…

Luego me lo metí en la cama, y ahí volvió a entrarle la rabia y gritó y lloró sin parar. Después pidió agua. Se la di. Y me dijo que no. La puse en la mesilla y pasó por encima de mí, pisoteándome, para, entonces sí, cogerla y beber. La dejamos en su sitio. Volvió a su lugar original para seguidamente levantarse e ir de nuevo a por el agua.

Yo, que ya no podía más, me propuse, por mi propia supervivencia, pasar de él, darme media vuelta e intentar conciliar el sueño. Y él empezó a correr por el pasillo y a buscar sus juguetes. Y encontró el más escandaloso de los que tiene, y se puso a darle a los botones.

Así TODA LA SANTA NOCHE.
No he pegado ojo en ningún momento. Un horror.

Lo que me escama es cómo este niño puede sobrevivir. Cómo aguanta y no se cae por las esquinas, con lo mal que duerme. De verdad que es espectacular el tema.

Y lo que no es ya espectacular, sino un despropósito total y absoluto, un caso digno de estudio, el resultado de una estudiada tortura conjunta, es que cuando una noche a Don Bimbas le da por descansar, ¡una noche!, entonces va y le cubre El Cachorro. Es que NO FALLA.

POR QUÉ.

Pasta “cabronara”

Para lo chiquitico que es, bien que se apaña con un tagliatelle más largo que él.

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Lanzo esta pregunta… ¿Por qué la pasta es tan larga? Seguro que responde a alguna razón con todo el sentido culinario. Pero para los peques es un horror. Bueno, no. Se divierten cosa mala. Es un horror para los padres.

En realidad son un horror para los padres las comidas en general, sean de lo que sean, tanto en casa como fuera. Porque también es ideal que salgamos a un restaurante monísimo y caro, y que los peques te la preparen así…

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No he olido yo a vino (porque aparte de en el mantel ha acabado en mi persona) tanto nunca. Ni en el chupinazo de los Sanfermines.

Ole, ole. Al pan, pan, y al vino como locos.

Avances en el aprendizaje

Hace poco El Cachorro nos dibujaba así al Señor de las Bestias y a mí.

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Qué raro, yo con un superhelado en la mano. No me tiene calada ni nada, mi hijo.

A mí sus dibujos (como a cualquier madre los de sus hijos) me parecen mundiales. Así que como en tres días cumple años el Señor de las Bestias, le pido a El Cachorro que le realice un dibujito, que estas cosas hacen una ilusión loca. Pues bien, se ha puesto. Pero…

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Primero ponía “felic”. Luego, “cumpeañios”. Después, “cumpleañyos”.

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Por fin…

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Maaadre lo que nos ha costado. Y además tiene que repetirlo ya todo, claro, porque la hoja esa está hecha un cuadro.

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Y luego es cuando pienso… ¿Por qué no habré dejado el original? Yo y mi manía por que se hagan las cosas, no bien, perfectas. O sea, que aplaudo lo que hace pero lo cambio. Me estoy cargando toda la autenticidad. “Felic cumpleañios” molaba todo. Maldita sea.

Por su parte, Don Bimbas también anda haciendo progresos en lo suyo. Hoy ha llegado de la guarde con un par de caritas en el dorso de la mano porque ¡ha hecho por primera vez pis en el orinal!

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Tiene 2 años y casi 3 meses. No está nada mal, muchachito, naaaada mal.

Tipos de morros

La lía de par de mañana, le echa su padre la bronca y se cabrea.

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Mirad qué morros.

Por suerte, tiene un amplio surtido de ellos, según la ocasión. Por ejemplo, tiene el modelo “beso de las siete leguas”. Porque desde siete leguas atrás viene Don Bimbas con los morrillos preparados para darme el beso antes de irme a trabajar.

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No le vaya a coger el beso desprevenido, con los morros sin preparar ni nada. Madre mía, es que me lo como.

Y ojo que para morros… estos.

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Provienen de “Chuchelandia”, un juego que le regalamos por su cumple, ahí en los primeros diciembres, y lo estrenamos ahora. ¡Ahora! Y un ratito corto, que es hora de ir a la cama y el juego este supone mucho pifostio…

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Con la murga que dio, el pobre. Se lo vio a su mejor amigo y, claro, lo deseaba por encima de todo. Y eso que este no ha salido laminero como su hermano pequeño o como yo, que dice que le gustan las chuches porque se supone que les tienen que gustar a los niños, no porque realmente se vuelva loco por ellas.

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Hacerlas, es otra cosa. Pero el jueguecito se las trae. Hay que coger agua, echar polvos, mezclar… Y eso las gominolas fáciles. Las otras me han parecido una receta de cocina de esas con ingredientes tipo pimienta del Cáucaso y ajo morado de Las Pedroñeras. Vamos, una pereza que para qué.

El caso es que las hemos hecho y nos las hemos comido. Y ha sido entonces cuando le he encontrado la gracia al juego…

Genial descubrimiento

¡Buenooooo! Cinco años con un carro que tiene una cinta con un enganche colgando sin saber para qué narices está ahí, ¡y hoy he dado con su magnífica utilidad!

Camino de acometer la Calle Arenal dirección Sol (en sábado), que quien viva en Madrid o la conozca ya sabe que eso supone atravesar una riada de gente, y llamando ya a Pablito para que caminara a mi lado con el resultado habitual, el de pasar de mí olímpicamente, se me ocurre engancharle la cinta esa a la trabilla de su pantalón.

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¡Maaaadre qué guay!

Que no sé si ese sistema está pensado para eso o me lo he inventado yo, pero más contenta que unas castañuelas.

Aunque poco dura la alegría en casa del pobre… A Don Bimbas mi hallazgo no le ha resultado tan maravilloso y a los veinte metros ya ha comenzado a quejarse de esa manera sutil que le caracteriza: desgañitándose sin mesura alguna a limpio lloro. He tenido que abortar el tema. Una verdadera lástima.

(Aunque como método para que se te queden mirando y te hagan espacio en la calle atestada, no está nada mal. Hay que investigar más en este sistema).

Aguantar la risa

Les echo la bronca a los peques. A El Cachorro, zas, le entra la risa. Le sucede con cierta frecuencia. Él y yo sabemos que le entra la risa EN EL PEOR MOMENTO. Y lo pasa mal (y yo. Uno, porque me toca la moral, y dos, porque me contagia). Intenta mirar para otro lado. Hace muecas. Suda.

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Lo entiendo taaaan bien. Pero me tengo que enfadar. “¡Como te rías te enteras!” Se tapa la boca con fuerza. Yo creo que hasta se pone bizco. Un día va a explotar, el pobre.