Cabezón desamparado

Como de costumbre, le llevas la contraria a Don Bimbas con algo y ya no hay nada que hacer con él. O se bloquea quedándose con la mirada perdida, sin reaccionar (eso sobre todo cuando se gana a pulso una regañina) o se queda inmóvil en un lugar, llorando o no, y no te hace caso así le amenaces o le digas que ahí se queda y desaparezcas.

Hoy ha sucedido algo así en el campo. Harta de insistirle, le digo que nos largamos. Y me sale el abogado defensor, su hermano mayor.

– ¿Por qué dejáis a mi hermano solo? – se escandaliza.
– Que se espabile.
– ¡No voy a dejar a un niño solo! – determina con tono trágico, muy resuelto él, a la par que indignado.

Jajaja. “No voy a dejar a un niño solo”. Habla como si él tuviera treinta años. Pues nada, ha ido hacia él para convencerle de que se moviera.

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… Y lo ha conseguido.

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Con la satisfacción del trabajo bien hecho, luego ya se ha puesto cómodo.

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Esto de utilizarnos de asiento lo hace de siempre. O sea, lo de que los padres somos un apoyo, él lo ha entendido literalmente. Pero se lo ha ganado. Porque hoy (otro día más) el apoyo ha sido él para nosotros con su hermano. Me tiene que empezar a dar unas clases de psicología infantil. URGENTES.