Hiperactivo

Don Bimbas no para. Llego a casa y me propongo leerles un cuento. Se sienta El Cachorro a un lado y el peque al otro. Y en cuanto abro la primera página, el canijo empieza ya a tirárseme encima, a saltar, a pisarme, a patearme…

A su hermano también lo machaca a base de bien. Solo que él parece más acostumbrado. Está atento al libro, mirándolo sin moverse, a pesar de la mosca cojonera que se dedica a tirarle de la oreja o meterle el dedo en el ojo. Pobre hijo mayor, lo que tiene que aguantar.

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Total, que al final acabo leyendo el cuento solo para El Cachorro. Mientras, veo que Don Bimbas ya se ha fijado en otras tropecientas mil cosas. Unas al alcance, y otras no. Casualmente, le interesan las que no, así que lo que hace es ir corriendo (ya hemos comentado muchas veces que él jamás anda, él solo se traslada a los sitios corriendo) a su habitación, coge una sillita, la trae hasta el salón, la coloca donde le va bien, pilla lo que le interesa, coge la sillita de nuevo y se la lleva (corriendo) de vuelta a su cuarto.

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No sé de dónde narices saca la energía. Pero quiero ir allí y coger un poco.