Obediencia inexplicable

No me lo explico. No sé cómo lo hacen. Es que me quedo “aluciflipando” (término que escuché el otro día a un gay en un programa televisivo cultural: “Quién quiere casarse con mi hijo”). Voy a recoger a Don Bimbas al cole, y me coloco en la cola de los padres. Tenemos que ir por orden hacia la puerta, cada uno enseñando el carné de nuestro hijo, la profe dice su nombre y el pequeño en cuestión sale. Siguiente.

El caso es que desde fuera yo ya veo a Don Bimbas. Y Don Bimbas me ve a mí. Ese pequeño ser que hace en la vida lo que quiere sin necesidad de pedir permiso, sobre todo cuando algo le hace una terrible ilusión, como en este caso verme.

Atención ahora: él me ve y sonríe que me lo como y me hace así con la manita. Yo también le saludo con la manita y también sonrío que parezco El Joker (es que no sé a cuál de los dos nos hace más ilusión vernos) … pero él NO SE MUEVE. Está sentado, formal, esperando su turno.

Se muere de ganas de levantarse y correr hacia mí. Pero ESPERA SU TURNO. Ni el amago hace. De lo más formal.

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(Foto del niño con dos caras).

En serio, ¿¡cómo lo consiguen!? Lleva tres días en el cole y ya tienen más éxito que yo en dos años y nueve meses. Y eso que soy una madre poco laxa. Tengo referencias de algunas muy lánguidas que no pueden con sus hijos y no son capaces de hacer que dejen de dar por saco. Yo no soy de esas. Yo soy de las que si no se saben comportar como deben (por ejemplo, dejando de mover o tirar objetos de la casa de otra persona, o de saltar con los zapatos puestos en su sofá), los agarro, les riño y, dependiendo de su reacción, me los llevo. Soy de las que cumplen amenazas. Soy de las que me preocupo de que no me tomen por el pito del sereno (aunque lo hagan, pero no les sale gratis).

Es decir, jamás me veréis: “Fulanitoooo, ¡Fulanito!, suelta eso, ¡suelta eso!”, Fulanito se le ríe a la cara, no solo no suelta eso, sino que coge otra cosa, y la otra se da la vuelta y se lamenta a su amiga “hija, ni caso me hace…” y sigue con el café.

Pues bien, no me explico cómo yo tengo que andar gestionando pollos sin parar, cómo tengo que estar luchando todo el rato, que estoy agotada, cómo ando discutiendo, y en el cole al indómito Don Bimbas lo tienen totalmente bajo control.

¿QUÉ NARICES ESTOY HACIENDO MAL?

No exageraba

Este trimestre El Cachorro ha dado en clase el cuerpo humano. ¿Os acordáis del trabajito que me casqué para hablar del aparato reproductor? Sí, ese con el que todo el mundo flipó en colores, porque era más propio del último curso de Medicina…

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Tuve que oír que si era imposible que con esas edades dieran las partes de los aparatos, que si vaya nivel, que si a ver si yo había entendido mal, que si esto se explica de una manera adaptada a su edad, etc. Pues bien, terminado el proyecto el peque se ha traído el material con el que han trabajado en clase. Un libro que recogía, hablando del aparato reproductor, esto:

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¿¿Hola??

Se confirma. Yo no iba desencaminada.

Hoy es el día

Lleva El Cachorro una semana diciendo que después de Fulanito va Menganito y después va él y después Rodrigo y después Hugo y después Mateo y se acaba el mes.

 

¡Hoy viernes le toca pasar lista!

 

Y eso también le da derecho a ir el primero de la fila al comedor. A la ida… ¡y a la vuelta! Hoy es el día especial de mi niño.

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Es como cuando en mi cole nos tocaba tocar la campana. Una pequeña que cogíamos con una mano y agitábamos mientras echábamos a correr por todo el pasillo para que te oyeran todas las clases. Tocar la campana y pegarte esa carrera despendolada armando jaleo, ser la responsable de dar el aviso de que se terminaba la clase, era de las mejores cosas que te podían pasar en el cole (y lo hacíamos con más edad que la que tiene ahora El Cachorro).

 

Años después, ahí está mi niño, emocionado con su “campana” particular. Hoy él pasa lista y será protagonista, y mola todo.

Foto guardería

Esa sensación que se tiene a veces de «esto ya lo he vivido»… Pues probablemente sea porque lo hayas vivido. Toca foto en la guardería.

 

A Don Bimbas, por hacer la gracia, le he vestido igual que como vestí a El Cachorro para su foto de guardería a la misma edad.

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(No se pueden parecer menos los dos hermanos).

 

Bueno, y a pesar de que Don Bimbas, oportuno como él solo, con lo guapo que es el tío, ha desarrollado un sarpullido alrededor de la boca, a ver si con él se lucen, porque con El Cachorro… Madre qué seriote y qué cara más rara, como deforme. (Tontos nosotros, que pagamos 25 euros por esta foto en todas sus versiones: calendario, postal…)

 

Integrándose

El Señor de las Bestias lleva a los niños al cole. Bueno, al cole va El Cachorro, el otro a la guardería. Pero deja primero al mayor, que antes de entrar en clase tiene que hacer una cola en la puerta. Pues el pequeño, todos los días, encantado de la vida se coloca en ella, como uno más.

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Es la sensación de la cola mañanera.

 

(Me parece que jamás lo he visto tan obediente).

 

Los escupitajos favorecen la circulación

¿Pues no me encuentro al chiquitajo jugando con los cochecitos en el parking, esta vez sí utilizando las rampas, aunque para empujar a los coches hacia arriba en vez de dejarlos deslizarse hacia abajo, ESCUPIENDO en la superficie antes de colocarlos?

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¿Pero qué clase de marranada es esa? ¿De dónde habrá sacado esa manía? ¿¿La habrá aprendido en la guardería??

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¿Desde cuándo la saliva propulsa hacia arriba?

 

Semejante gorrinada, habrase visto…

 

Y me da que pensar… ¿Qué cantidad de cochinadas harán sin que nos demos cuenta? Ahora porque me he asomado a la habitación y me lo he encontrado, pero si no llego a hacerlo igual voy después y me encuentro las rampas pegajosas, o que huelen raro, y ni repajolera idea de qué se trata. Y eso si con suerte nos las vemos con saliva. ¿Habéis siquiera imaginado con qué otro tipo de fluidos o residuos metabólicos lidiamos los adultos con hijos sin que nos demos cuenta? Ese dedico que te mete tu pequeño en la boca y que tú le chupas y requetechupas hasta casi desgastárselo… ¿dónde lo habría introducido justo antes?