Volcán de chocolate

Desde que El Cachorro, adorador absoluto del chocolate (no de otro dulce, solo del chocolate), descubrió el volcán de chocolate en La Tagliatella de Pamplona el día 5 de enero, ya solo piensa en eso. Ayer, que como con ellos en una gasolinera, cuando se los llevo a su padre a la finca, que pilla de camino a Pamplona (ando yendo y viniendo, aunque solo sea para un día), le preguntamos al camarero que qué hay de postre, y tras el “flantartadechocolateyogurmandarinasocaféoté”, salta El Cachorro: “¿Y volcán de chocolate?” Está obsesionado.

Hoy, el Señor de las Bestias decide darle gusto y lleva a los críos a cenar a un Gino’s. Mirad, mirad la cara de felicidad de El Cachorro con su ansiado volcán de chocolate.

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La verdad es que merece la pena inflarlo a azúcares y calorías. Da gloria verlo.

Chocolate lover

El del dulce es el otro, pero a El Cachorro le pones un trozo de tarta de puro chocolate delante y FLIPAS de lo rápido que se la ventila.

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El Monstruo de las Galletas palidecería viéndolo. Parece que no llega ni a tragar, se lanza los trozos enormes directamente al gaznate.

Le pirra. Ni a mí me gusta tanto, que ya es decir. A mi me gusta el chocolate, pero no me acostumbro a pedírmelo en tarta, y no como ni mousse de chocolate ni helado de chocolate (si no hay otra cosa, sí). Y las trufas no me gustan. ¿Cómo os habéis quedado? En cambio, las tabletas, dobladas, así como el chocolate para cubrir fruta, los barquillos, las palmeras, los Conguitos, Lacasitos y demás, por supuestísimo los bombones y por descontado las barras de chocolate tipo Snickers, Lion, Huesitos…

Pero este señorito se lo come en todas su versiones a una velocidad de vértigo. Si no hay helado de chocolate, no se pide helado y punto. No he visto un chocolatero de este calibre en todos los días de mi vida.

Y el helado se lo comió a él

Estoy trabajando en turno de tarde-noche y el Señor de las Bestias me envía esta foto de mi hijo pequeño:

 

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Ha invitado a los vecinos, con sus dos hijos de la edad de El Cachorro, a cenar a casa. Cuando sucede este baño en chocolate, al padre se le ocurre empezar a limpiarlo con toallitas. Una vez lleva gastado medio paquete, le pregunta la vecinita de cuatro años: “¿No tienes una bañera?» Tal era el desaguisado.

 

Menos mal que hay niños de por medio para decir obviedades. En efecto, Don Bimbas acabó en remojo. Mucho más rápido y efectivo todo. Como tenía que ser.