Para mamá

Acuesto a los niños y al rato viene su padre a casa. Se ha llevado a El Cachorro a comer con él. Me da una servilleta de papel con un par de bombones.

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«Los ha guardado para ti». Y me cuenta que en el restaurante donde han comido ambos, la camarera le ha dado los bombones. Y que él le ha dicho que se los comiera, o que uno para él y otro para él. Y el pequeño ha dicho: «No, son para mamá».

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Ni bombones ni leches. Me lo como a él.

Pero eso no es todo, apenas dos días después, vuelvo a casa tarde del trabajo y no llego a ver a mis niños. Cuando reparo en la bolsa de gominolas empezada que hay en el sofá (como para escapárseme el detalle, ya me conocéis), me cuenta el Señor de las Bestias que cuando ha cogido El Cachorro la nube (jamón, le llamamos en Navarra) y le ha pegado un par de mordiscos, le dice él (él, el padre): “Hala, la favorita de mamá”.

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Al rato, se fija en que el crío seguía con un trozo en la mano. «¿Qué haces, cariño, por qué no te la comes?», y él le contesta: «No. Es para mamá».

Y… ¿qué digo o qué hago yo ahora que esté a su altura?

El apostón

Tiene El Cachorro la costumbre de asignar adjetivos calificativos al personal en concordancia a las acciones que ve que realiza o de las que es objeto de su parte. Así, el que pega es pegón y el que grita gritón y el que llora llorón. Hasta aquí todo correcto.

Están él y Don Bombas jugando con el parking. Don Bimbas pasa de las rampas, en su línea, y precipita los coches desde el último piso para que se estrellen contra el suelo. No le puede gustar más ese juego. El Cachorro se indigna: «Lo has hecho aposta. ¡Eres un… apostón!» Jaaajajjajaa.

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Más tarde coge El Cachorro un juguete, se lo cambia Don Bimbas por otro: “¡Jolines, qué cambión es!”

Me recontrachifla esta tendencia que tiene de sustantivar todas las acciones que se producen a su alrededor.

Y que por muy cambión y apostón que sea su hermano pequeño, lo quiera luego tanto…

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Él sí que es un quierón.

Marisco lover post banquete

Hace poco, en un viaje al norte, comiendo notamos que Don Bimbas se inclinaba por las gambas. Vamos, se inclinaba literal, lanzándose en plancha.

 

Ayer le tuve que pelar todas las gambas del arroz que hizo mi madre.

 

Esta noche la paso separada de mis hijos. Están en Madrid con el Señor de las Bestias, quien me cuenta que el pequeñito se ha puesto morado de bígaros, cigalas y gambas. Más tarde me manda esta foto:

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Está como una boa, haciendo la digestión.

 

Don Bimbas y esta perra se han hecho grandes amigos.

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Me temo que se va a levantar con el bracico izquierdo dormido.