Diseñador

El Cachorro: “Mira, te he hecho con vestidazo”.

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O sea, que tengo un diseñador en ciernes.

“Y esa es la parte con la que puedes volar”. Ya decía yo que esos alerones tenían que tener alguna función…

O sea, tengo a un diseñador DE TRAJES DE SUPERHÉROE en ciernes.

Y luego viene el otro con otro retrato mío…

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Yo para mí que lo ha hecho a mala leche, el canijo. Mirad qué cara pone (aunque esté la foto movida, se nota PERFECTAMENTE).

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Ahí, como de “te he dibujado atractiva, ¿eh?”

Y de nuevo, como se ve que no puede detener el torrente creativo, El Cachorro contraataca con otro modelo…

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Que ya no sé si algo de lo que llevo tiene también superpoderes o si soy una especie de tirolesa.

Ay, pero el dibujo que me encanta es este de familia:

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Con el coche favorito de El Cachorro, el Santana, y un río (¿que se supone cruzará el coche?) Muy descriptivo todo.

Pero, para estampa buena, buena, estampa de ME MUERO POR TODOS LOS POROS, esta:

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Los hermanísimos. Qué fan soy de ellos, madre mía.

Registro de vomitonas

Estamos comiendo un hot dog y Don Bimbas pierde el pan que envuelve un trozo de su salchicha.

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Lo coge y dice: “¡Ahora está desnuro!” (desnudo). Ja, ja, ja. El streptease salchichero. Qué mono es.

Pero las gracias terminan por la noche, cuando se pone a vomitar de lo lindo. ¿Dónde? Cómo no, en mi cama. Podía haber sido en la suya, o en la de su hermano, que tienen protector. Pero no, ha empezado a toser fatal, ha pedido venir a mi cama, le he dado ibuprofeno porque el pobre se quejaba mucho de dolor y no podía dormir, y al poco, “BROAAAAARGH”, lo ha echado todo en mis sábanas.

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Ahí, con trocitos de salchicha y lo que parecían cachos de cebolla (que no ha comido). Casi me da algo. No sé cómo he logrado retener yo el contenido de mi estómago.

Total que, desde entonces, vomitona por aquí, vomitona por allá. Superagradable.

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Y justo antes de comer, con Bimbín en el sofá hecho una piltrafilla, le salta su querido hermano mayor: “Si quieres vomitar no pasa nada”. Y se ofrece: “Yo…” Yo pensaba que le iba a decir, “ya te alcanzo la palangana”, y coge y salta: “YO TE SACO UN VÍDEO DE CÓMO VOMITAS”.

Mi casa es un festival del humor constante.

A ciegas

Estoy intentando que Don Bimbas escriba. Ya ha habido una madre de su clase que en el grupo de WhatsApp ha colgado una foto de una pizarra con la cantidad de nombres que sabe escribir su hijo. El mío, el suyo, ni copiándolo.

Le pongo también el nombre de su padre, el mío… Veo que el mío lo ha copiado bien. “Vale, has escrito mi nombre mirando. Hazlo ahora sin mirar”, le reto.

Me refería a que lo hiciera en otra hoja, por su cuenta, pensando en cómo se escribe mi nombre. Y lo oigo todo el rato…: “Joooooo”, y tirando el lápiz. “¡Joooooooo!”, borrando con furia. “¡JOOOOOOOOO!” Cabreo in crescendo.

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¡Lo estaba intentando hacer ¡CON LOS OJOS CERRADOS!!

JAAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJA. ¿¿Cómo se puede ser TAN literal??

Sello

Ayer, cuando volví de noche del trabajo, me fijé, tarde, en que mis hijos tenían la huella de sellos de esos de tampón con tinta, en la cara. “Ha sido Rodrigo”, me dice el pequeño. “Ya, pero tú te has dejado”. Total, que estaban con los ojos que se caían y a mí me parecía una crueldad ponerme a rascarles la cara con jabón.

Hoy, al hacer sus camas…

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Qué bien. Ahora voy a saber de quién es cada sábana bajera.

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Liármela a dúo. Ese sí que es su sello.

Resaca post Halloween

Con el momento disfraces reciente, hoy mis lechuguinos se entretienen con mi caja de apechusques, poniéndose encima lo que encuentran.

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… Todo a la vez.

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El uno y el otro andan pasándose accesorios.

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Porque esto entretiene que no veas.

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Pero es cuando el pequeño se planta las gafas de Harry Potter…

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… cuando se ha pasado de auténtico con el disfraz.

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Parece la cicatriz del rayo del joven mago. ¡Menudo arañazo! Al interrogarle, me comenta que ha sido el recuerdo que le ha querido dejar un compañero del cole… Solo me pregunto si ha utilizado las uñas o una faca toledana.

El siguiente momento post Halloween consiste en hacer un recuento del botín.

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No ha ido mal, así que trato de compensar poniéndoles para merendar una fruta. Pero, para no desentonar, es esta tan terrorífica:

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Y va y me dice El Cachorro que si quiero probar el huevo de dragón. Lo que no sabe es que, a la pitahaya, en efecto, se la llama “fruta del dragón”. ¡Pues le han puesto el nombre que ni pintado!

Por último, para continuar con los fenómenos paranormales propios de estas fechas que nos acompañan, resulta que, si siempre me había llamado la atención (como para no) la manera que tenía El Cachorro de escribir letras o números, siempre en modo espejo, ni os cuento cuando encuentro a quien da una vuelta de tuerca. ¿Quién? Su hermano, por supuesto. Porque el pequeño es como El Cachorro pero elevado al cubo, que ya es decir.

Don Bimbas escribe en modo espejo y al revés.

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En vez de izquierda a derecha, de derecha a izquierda (mirad el papel escrito que tiene debajo). OOOOLE LA CARAMBOLA. Y no sé si es obra del maligno, esto de ir totalmente al contrario, o qué narices pasa.

Dime que te lo han dejado… (Miedito)

Esta mañana ha llegado el Señor de las Bestias de viaje. No tenemos la casa decorada de Halloween. Además, me niego a que pase todo el vecindario por mi casa, como el año pasado. Así que hoy, en el chat de vecinas, les informo de que se vayan olvidando del montaje del año pasado.

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La que protesta es la que me ha visto llevando a los críos al cole esta mañana.

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Propia, iba, todo hay que decirlo. Pero es que no puede ser. No hay tiempo de preparar nada, estoy muy liada. Paso de complicarme la vida.

Sin embargo, estando en el trabajo, recibo de repente un vídeo del Señor de las Bestias.

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De una máquina de humo inundando su oficina de espesa niebla.

Ay. AY.

Me había dicho que este año no tenía emoción por organizar nada especial, pero ya se me está viniendo arriba…

Y yo también.

Bueno, en realidad era algo que en el fondo quería hacer, pues hace tres días le dije: “¿Y si montamos el pasaje del terror en el pasillo de entrada a casa?”

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Además, el domingo, de vuelta de Aranda de Duero, paramos en un lugar que fiché a la ida, una nave tremenda de grande de chinos que anunciaba disfraces a gogó. Me compré un apechusque MA-RA-VI-LLO-SO (que más adelante veréis). O sea, que algo de intención de armarla, había.

Total:

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(Mirad qué horas).

Cuando, con la lengua fuera, llego del trabajo, que hoy he ido antes para salir antes (aunque lo justo para vestirme), me encuentro con mi sugerencia del pasillo del descansillo haciéndose realidad.

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Como os comentaba, me negaba a hacer el pasaje del terror en mi terraza de nuevo, como el año pasado, porque eso implicaba tener a toda la urbanización, no solo niños, también padres, pateándome (y cotilleándome, que a algunos los vi señalando cosas en mi dormitorio) la casa entera, entrando por el salón para acceder a la terraza, recorrerla entera y salir por el final, en mi habitación, para atravesar todo el pasillo y ya salir de casa. La alternativa, por lo que veo, es estupenda. Mi descansillo para las cuatro letras del piso tiene a su vez un pasillo aparte para acceder a mi casa y a la de la vecina de enfrente. Un pasillo lo suficientemente largo y angosto para, convenientemente atrezzado, resultar terrorífico.

Telas de araña, bichos colgando… y, la meta, el hall de mi casa.

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Madre mía, hay que darse prisa y estar a la altura.

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En este estupendo escenario recibiré yo a grandes e infantes, disfrazada, con chucherías y bichos a mi alrededor (y EN las chucherías; eso ya es todo un clásico).

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Una pogona, serpientes, un cuervo, un búho aullador y cucarachas gigantes.

Como es la hora que es, mis hijos se largan con un grupito a hacer el consabido “truco o trato” por los domicilios participantes. Y nosotros, junto con los vecinos amigos implicados, terminamos de prepararnos y de decorar el escenario. Con el humo, claro está. Y con la música terrorífica. Y la luz baja.

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Y me coloco para dar la bienvenida a los incautos.

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Esperad, que hay que ambientar con la luz.

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Antes, al principio del pasillo sería todo el mundo recibido por una muy auténtica chica de la curva y por un loco psicópata, y flanqueando la puerta de mi casa estaría Ghostface de “Scream”.

Mirad. Y estremeceos:

https://www.instagram.com/p/BpoqMhMFPna/

Algún crío, sí, terminó llorando. Un éxito, ¡un éxito!

Los amigos, acabamos cenando pizza en otra casa. Pero una pizza… atrezzada también, claro.

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¿Y lo bien que nos viene tener a un amigo al que realmente le falte un trozo de dedo para hacer las cosas como se tienen que hacer, o sea, BIEN?

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Yo ya estoy pensando en el próximo Halloween. Esta vez con algo de terror psicológico. Un pasillo excesivamente iluminado. Un silencio extremo. Una niña al final, en el recibidor de mi casa, con el cuello torcido y los ojos muy abiertos, inmóvil, hasta que…

¿¿O me estoy pasando??

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Con la gracia, todos los años me pierdo la incursión de los niños por las casas. Preparar la que organizamos no me permite acompañar a mis hijos. Me da pena porque eso también debe dar gusto verlo y vivirlo. Pero en esta vida hay que elegir…

Y yo he elegido MUERTE, ñiaaaaaaaaaajajajaJAJAJAJAJAJAAJAAA.

El báculo de mi vejez

Dicen que un hijo acaba siendo tu báculo, tu bastón. Mi hijo, con sus seis años para siete, ya lo es. Él me complementa, me rellena. Me adivina.

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Yo ya ando tan fatala de memoria que ya no me vienen a la lengua las palabras. Las olvido. No me acuerdo de ellas cuando mantengo una conversación normal. Por eso soy cero seria echando broncas, porque me bloqueo, porque quiero decir algo que no me viene a la cabeza y me quedo ahí trabada, en ascuas, diciendo “eeeeeeh, eeeeeeh”, y así es imposible resultar contundente.

Hoy mi hijo me lo ha hecho notar:

“Mamá, no sabes hablar, menos mal que estoy yo”.

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Esta mañana, precisamente, he estado sembrada. En el baño:

– Por favor, ven para poner el este.
– Noooo, es una banqueta.

Acto seguido:

– Estoy secándome con el este y no te oigo.
– Es un secador.

Cogemos el coche. Yo ya ando metiéndome con los conductores:

– ¡Pero bueno, salao, ¿para qué tienes los intermitentes?!
– ¿Qué pasa, mamá?
– Pues que se cambia de… cómo se dice…
– De carril.
– Eso, y tiene que avisar, tiene que poner los intermitentes.

Y así, en un ratico de nada.

Luego me permito el lujo de criticar que Don Bimbas se haya pegado tres años de su vida valiéndose con un par de palabras. En mi caso, menos mal que existe “el este”, porque con “el este” me manejo para todo. Qué desastre. Menos mal que hace años que no hago un directo en televisión, porque os ibais a enterar DE NARICES.

Regreso al pasado

¿Sabéis con qué canción está Don Bimbas dale que te pego este fin de semana? Con la de:

– Fulanito se ha hecho pis en el saco de dormir.
– ¿Quién yo?
– ¡Si tú!
– ¡Yo no fui!
– ¿Entonces quién?
– ¡Menganito!
– Menganito se ha hecho pis en el saco de dormir…

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Sabéis cuál es, ¿verdad? Me chifla que canten las mismas canciones que cantaba yo cuando era pequeña. Esas canciones simples, repetitivas, machaconas…

Yo ya me he hecho pis unas 37 veces en lo que va de tarde.

Asistenta de quita y pon

Pues menos la que tuve al principio, que me duró desde los dos años de El Cachorro a los tres de Don Bimbas, el resto de asistentas no me aguantan ni un suspiro. La que la sustituyó me encantaba. Me había venido Dios a ver. Era rápida y efectiva, siempre con iniciativa y con una sonrisa en la boca. Pero no le salía trabajo por las mañanas y al año acabó aceptando un curro de camarera de hotel, que le ocupaba todo el día y con el que ganaba más dinero. Aaay, ojalá lo hubiera tenido yo para pagárselo y que se quedara…

Total, me buscó otra. Yo, por mi parte, también. Pero esta hizo campaña por su candidata, una conocida que a mí no me convenció en absoluto pero que ella se empeñó en persuadirme de que era la mejor, así como colarme el comentario de lo necesitada que estaba (que no hacía falta que lo jurara, solo con ver cómo iba vestida) y lo fiel que me iba a ser.

Esta señora se enteraba de muy poco y me consultaba todo tanto que me daba más trabajo del que me quitaba. En cualquier caso, mis niños, que adoraban a la anterior, desde el primer día que la nueva entró en casa, quizá por lealtad a la que se iba, la adoptaron.

Ni un mal gesto, ni una extrañeza, ni un lloro, ninguna desconfianza… Totalmente sorprendente su capacidad tanto para dar la bienvenida y acoger a las nuevas asistentas, como para adaptarse a ellas. ¡Más ricos!

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Y, más vale, porque esta no duró ni un mes… ¡Se fue ella! ¡Después de la campaña que me hicieron entre las dos, y de lo agradecida que decía que estaba! ¡Y se larga! Que le salió otro trabajo que le interesaba más, con todo su coñ… Que, vale, muy bien, pero conseguir este a base de dar pena y de asegurarme lo implicada que iba a estar, para durar un mes… Tela.

Bueno, no hubo mal que por bien no viniera, porque tenía ganas de perderla de vista y además no había tenido que pasar por el mal trago de echarla. Y lo bueno, como digo, es que sabía que mis hijos se iban a amoldar a la siguiente…

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