Tracatrá

Empezar bien el día.

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La mañana de ayer, tres cuartos de lo mismo. Yuju.

Dos días después…

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Más leche tirada.

Su padre… ¡ay, su padre! Monta en cólera y despotrica lo más grande. Se pone de los puñeteros nervios. Bueno, eso él hoy. Otro día soy yo la que me pongo a jurar en arameo hasta que me quedo afónica. Desde luego, oportunidades para alternarnos en los enfados, desgraciadamente, tenemos bastantes…

Es que, de verdad, qué poco cuidado y cuánta dejadez. Qué tíos.

Una cachorra de cuatro meses

Los críos se las han visto con esta cachorra de cuatro meses.

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Jo, la verdad es que me molaría todo que tuvieran un perro.

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Maldita sea, ¿por qué necesitarán tantos cuidados?

He tenido perro. Sé lo que supone. Y no seré tan irresponsable. Hoy por hoy no me lo puedo permitir. Una vida demasiado liada como para rascar tiempo para pasear a un perro. ¡Imposible! Y tampoco me gusta la idea de dejarlo todos los días un porrón de horas solo en casa.

Pero en un futuro… La pena es que mis niños ya no serán niños. Jo.

Donde le pille

Don Bimbas y su facultad para desparramarse encima de la gente.

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Para irse a la cama no tiene prisa, no. Le cuesta un montón. Es acercarse el momento y ya comienza a hacerse el remolón. Ahora, sácalo a un restaurante. Móntalo en el coche. Haz un plan con él. Ñaca. Se le tuerce el cuello.

No debería sorprenderme porque yo nunca he tenido demasiado problema para dormir, la verdad. Aunque últimamente… Antes, en un viaje, caía rendida. Ahora, de copiloto, ya no tanto. Solo se me cierran los ojos a los veinte minutos de ponerme al volante. O sea, maravilloso todo.

Después del restaurante, hay momento viaje. Yo intento dormir mientras el Señor de las Bestias conduce. Normalmente, como os digo, no lo consigo, pero al menos puedo descansar la vista y hacerme la muerta. El caso es que El Cachorro y su padre se ponen a hablar a gritos, porque no saben hacerlo en un tono normal, y salta Don Bimbas:

“¡No quitéiz (gritéis)! ¡Eztá mamá nomira (dormida)!”

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No sé de dónde ha salido ese miramiento para conmigo, porque él es el gritón oficial y pasa de tu bienestar olímpicamente. Así que consigue justo lo contrario, que me despierte del todo de la sorpresa.

Celos

Coge El Cachorro y me cuenta que un tal Marco de su cole es tonto porque se ríe de él PORQUE TIENE NOVIA.

¡Anda! Debe ser Jimena (nombre ficticio), la niña un año mayor (alta, rubia y con una sonrisa preciosa) que va a judo con él. Ya sabía de su existencia y de su “relación” (¿o debería quitar las comillas?), pero El Cachorro me había dicho que habían decidido postergar el noviazgo.

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Bueno, por lo pronto le digo que el tal Marco que le hace burla porque tiene a Jimena como novia debe estar muerto de la envidia porque él no es el novio de Jimena. Y también le digo que seguramente nadie quiera ser novia del tal Marco. Y por eso le hace burla, porque la gente que hace burla a los demás es porque no mucha gente les quiere, y están dolidos, e intentan hacer a los demás infelices.

Después del speech motivacional, ya paso a interrogarle:

– A todo esto, ¿Jimena y tú seguís siendo novios?
– Todavía no lo hemos decidido – me contesta, con un aplomo que tira de espaldas.

Habla con más propiedad con 6 años que yo con 43.

En fin, a ver en qué queda esta historia de amor con villanos incorporados.

Hermanos traicioneros

Hoy hemos pasado el día con mis sobrinos. Los mellizos, un año más pequeños que El Cachorro, forman con él el trío calavera. Es maravilloso verlos jugar y lo bien que se llevan.

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Cuando se van, mi hijo me plantea esta propuesta: “Mamá, ¿por qué no cambiamos al tío Iñigo a Pablo por Pol?” (A Don Bimbas, su hermano, por su primo).

Y lo dice delante de Don Bimbas, no os creáis que se corta un pelo…

Por su parte, Don Bimbas contraataca. Me pide: “Mamá, llama a policía. Llevá Simón a cárcel”.

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¡Vaya par! No se quieren nada, ¿sabéis? Pero nada de nada…

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Por qué será que, si uno de ellos, por casualidad, falta, el otro no hace sino preguntar todo el rato por él…

Leccioncita

Estamos Don Bimbas y yo en casa, puesto que El Cachorro tiene una extraescolar y no ha llegado aún. Yo tengo que salir a la calle, y me gustaría hacerlo con mi chiquitico:

– ¿Me acompañas a hacer recados?
– ¡Sí!
– Pero eso no lleves.

“Eso” es un dinosaurio y un guante inflado.

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– ¡Sí!
– Que no lo lleeeeves, hazme casoooo.

Ni caso.

– Cariño, yo sí que NO te los voy a llevar. Si te cansas, te aguantas.

Pues se ha empeñado. Solo ha claudicado con el globo. El dinosaurio se venía.

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A los cinco minutos de salir, que si pesa mucho y tal.

– ¿Qué te he dicho? ¡Lo que digo es por algo! Pues ya lo siento, mi vida, pero yo no lo voy a llevar. Avisado estabas. Así aprendes.

Y por mis narices que no se lo he llevado. Más de tres cuartos de hora hemos estado por los mundos, él con su dinosaurio. Intentando endosármelo cada quince metros, hasta que se ha cansado y ha asumido que no valía la pena empeñarse.

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Menos mal que mucho rato lo hemos invertido en hacer la compra en el súper. Ahí el dinosaurio ha estado en el carrito. Y Don Bimbas haciéndome ver lo fuerte que era cogiendo naranjas o la leche.

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No, si lo que tiene fuerte es el carácter. Y la cabezonería. ¡No tiene rival!

Superpichis

Mis chuletillas en San Isidro.

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Padres madrileños, ¿cuántas fotos habéis visto hoy de este tipo? Me hace gracia lo que nos emociona vestir de manera especial a nuestros peques. Y sus fotos, venga rular por ahí. Como si no llevaran todos los críos el mismo disfraz del chino que se cae a cachos. Encantados de la vida.

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Yo, como no soy de aquí y no he prestado mucha atención al atuendo, les pongo las gorras y dejo que se las coloquen como quieran. Don Bimbas la lleva totalmente a su manera, bien encajada. Parece Paco Martínez Soria. Yo lo prefiero, porque tiene muchas papeletas de perderla, y así tiene menos posibilidades.

Por lo demás, no sé si la camisa va por dentro, por fuera, o cómo. Clavel, no tengo. Claro que sus chalecos tampoco tienen bolsillo. En fin, que los pongo como buenamente una navarra puede hacerlo. Y, según veo en las fotos que me envían todas mis vecinas, porque, como os digo, todas tenemos que mostrar a nuestros pequeños vestidos de chulapos, muy desencaminada no ando…

Y ahora, una reflexión… ¿en qué consisten estas fiestas, aparte de algún concierto en las plazas y la feria en Las Ventas? Me sorprende totalmente esta falta de FIESTA con todas las letras en plena capital de España. No os ofendáis, madrileños, pero San Isidro es una sosez como la copa de un pino. Claro, que igual mi problema es que vengo de las fiestas que no tienen igual en el mundo entero… Nada, no me hagáis caso pues… ¡Viva San Isidro!

Cazote

Esto es de ayer. Estábamos Don Bimbas y yo en su cama, negociando su sueño. Ya empezaba que si con picores, y que “quiero cama tuya”. Y en esto que abre el ojillo El Cachorro y dice: “¡Os pillé!”

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Se queja, con razón, de que Don Bimbas duerme siempre conmigo y él no. Últimamente el pequeño viene todas las noches a eso de la una o dos de la madrugada, o cuando le dé, a mi cama. Aparece en la habitación, me habla, pregunta si puede beber agua y, como quien no quiere la cosa, se aúpa y hale, sin que pueda evitarlo, consigue su objetivo.

Algunas noches esto no sucede al rato, sino que la cosa es así desde el principio. Lo intentamos meter en su cama, pero dice que no, que en la cama de mamá. Y lo llevamos a “la cama de mamá” y se acuesta, aunque yo no esté. Mira, oye, si así se va a dormir, bienvenido sea. Para cuando decido empiltrarme yo, está roncando, y normalmente lo cojo y lo llevo en brazos a su cama.

Muchas de esas veces se despierta más tarde y vuelve a la carga, a dormir conmigo. El pequeño es el “dador-por-saco-oficial”, y marea lo más grande, y tiene que dormir en mi cama, o desde el principio de la noche, o a mitad, sea como sea.

Ayer, como digo, en plena discusión de si en mi cama sí o en mi cama no, El Cachorro, que estaba haciéndose el dormido, coge y salta lo de “os pillé”. Porque a él no se la damos con queso.

Por suerte, de las jugadas de su hermano, El Cachorro se entera menos veces de las que él cree, porque cae rendido desde el minuto uno. Esa suerte tiene. Pero las suficientes como para saber que su hermanito consigue dormir conmigo cuando él no. Y no por nada, más que, como digo, no le cuesta caer en brazos de Morfeo. Y porque si él se viene también, será TAMBIÉN, porque nadie podría echar a Don Bimbas de mi lado. Las veces que están los dos sí que es la garantía de que yo no voy a pegar ojo. Me tienen como una sardina en lata, recibiendo codazos en el costado, manotazos en la cara y alientazos en la nariz.

Esta noche ha sido una de las pocas en las que hemos metido a Don Bimbas en su cama ¡y se ha quedado ahí tranquilo, sin protestar! Albricias. Yo he estado trabajando en el ordenador hasta la una y media de la mañana. Me las prometía muy felices, pensando en que todo estaba bien, en que, por fin, era una noche normal, pero cuando voy a mi cuarto, me encuentro con esto:

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Se ha debido despertar y, solito, muerto de sueño, ha llegado a su objetivo y lo ha medio conquistado. Lo justo para ser feliz. ¡Si es que tiene un imán!

Coche aprovechado

Nos vamos de viaje. Lo hacemos como si nos mudáramos a otro país. Por supuesto, los críos realizan sus particulares aportaciones. El Cachorro se quiere llevar un coche al que habitualmente no le hace ni puñetero caso. ¿Qué sucederá para que, generalmente, ignores un juguete hasta que llega el día en el que vas a pasar un tiempo fuera de casa, y resulta que te parezca que no puedes vivir sin él? Inaudito.

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Yo le digo que no puede llevarlo, que no cabe. Me replica El Cachorro: “¡Tengo una idea para que caba!” Jaaaaa, ja, ja, ja.

La idea es que se lo lleven con ellos detrás. Lo que no sabe es que, con ellos detrás, ya va media casa…

Probando, probando…

Han abierto un bar debajo de casa y acabo de recuperar esto del trastero para probar si tiene alcance en el garito.

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Para lo que quiero ya me muevo, ya… Lo había colgado en Wallapop y ya lo he quitado.

A ver cuándo lo pruebo. Y así le saco una utilidad. Porque tendrá como cinco días de uso, el cacharrito de marras… Hay que ver la de cacharros relacionados con bebés que tengo muertos de la risa.