Lentejas para comer, lentejas para cenar

No, aunque lo parezca, el post no va de “pues si no te las comes en la comida, te las pongo para cenar”.

En mi casa, no sé cómo narices lo hacemos, pero si planeamos las cenas, coinciden siempre con lo que han comido en el cole. Bueno, mejor dicho, de planear, nada. Si planeáramos, no nos pasaría esto que nos pasa. El caso es que improvisamos. Y en numerosas ocasiones, dice El Cachorro:

– Es que esto hemos comido hoy…

Tengo un ojo que, vamos…

Hoy, no iba a ser menos. No he hecho ni mirar el menú del cole. Lo cambio cada mes y lo cuelgo en la nevera para hacerme la madre responsable que tiene todo muy presente, pero no lo miro NUNCA. Así que he hecho lentejas.

Tengo turno de tarde y llegaré a las once de la noche a casa, así que aviso por Whatsapp al Señor de las Bestias de que hoy hay cena hecha.

Cuando el padre de mis criaturas llega a casa, me escribe lo siguiente.

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Creo que se piensa que hoy es 26, y de ahí la captura. Le llamo: “Pero ¿cuándo han comido lentejas, hoy o ayer?” Entonces se fija.

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Me confirma que ayer. “¡Pues estos cabritos me han dicho que habían comido hoy lentejas!”

En fin, hoy nos hemos librado por un día. Pero ya nos huele…

Vivir en un primero

Cuando descubrimos a dónde daba nuestro alojamiento, cargar el coche nunca fue tan fácil.

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Es cuestión de tirar todo por la ventana y rellenar el maletero.

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En esta vida hay que ser práctico… Además, este sistema cuenta con ventajas. Los niños colaboran de lo lindo. Lo único que hay que tener un poquillo de cuidado para no tirarles encima las botas de esquiar. Por lo demás, todo en orden.

La coletilla definitiva y la voz de la conciencia

Me parto porque, cada vez que Don Bimbas pregunta con cierta suspicacia qué comida es la que sea, cuando le contesto, siempre añado después “que te gusta”, porque me lo veo venir.

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Por ejemplo hoy, con su almuerzo para el cole. Toca fruta, y he troceado una pera que he metido en un táper. Es uno nuevo y le enseño cómo abrirlo. Pero está más atento al interior, así que cuando termino, ataca:

– Mamá – así con su vocecita tan dulce – ¿esto qué es?
– Pues perita, cariño, QUE TE GUSTA…

Y es entonces cuando se queda como pillao, yo creo que procesando: “O sea, que me gusta”…

Quien que sí sabe qué le gusta y qué no, es El Cachorro. Es más, también sabe qué le conviene. Cuando preparo a los niños su almuerzo para el cole, para no ir a lo fácil ni ser una mala madre, procuro seguir las directrices que se establecen en Infantil (pero para los dos, y así llevan lo mismo). Los lunes, galletas, los martes, bocadillo, los miércoles, fruta…

El viernes el almuerzo es libre y yo tengo prisa. Así que les estoy envolviendo en papel de plata unos cereales de chocolate.

– ¿Puedes ponerme para el almuerzo fruta? ¿O verdura? – me pide El Cachorro.

Flipo.

– ¿Fruta o verdura?
– Sí, porque estamos comiendo fatal. Mira, una galleta para desayunar… Crispis… – Eso es lo que les ha caído hoy, sí.

Así que le digo que puede llevarse una zanahoria y, acto seguido, se encarga él mismo de pelarla.

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Menos mal que mira él por su salud… Y qué bendición que no tengo que decir “toma, zanahoria QUE TE GUSTA”, porque le gusta de verdad.

La prueba del espejo

Me vienen a buscar los chicos a la estación de tren. Don Bimbas me enseña algo que ha hecho “para los dos”. Es un corazón por San Valentín. Por detrás va firmado. Pero totalmente al revés. Una escritura espejo absoluta.

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De hecho, hago la prueba en el retrovisor…

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El Cachorro también tenía escritura espejo, tanto en letras como en números. Y ahora, Don Bimbas, le va a la zaga. No sé si incluso lo supera. No sé a qué se debe y no sirve para nada, pero me fascina que hagan esto.

Venir para quedarse

Cuando Don Bimbas viene de noche, me pide hueco y acurruca su cuerpecito contra el mío… y siento pegada contra mi pecho su respiración… eso es gloria.

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Y me pregunto cuánto echaré de menos esto cuando sea ya un mozo. No puedo imaginar que mi bebé se haga tan grande como para no estar así conmigo, como para que no quepa en mi regazo, como para que no sienta que el mejor plan del mundo sea estar con su mamá.

La vida es cruel.

Indirectas

“¿Alguien me deja agua?” – pregunta Don Bimbas.

Me encanta esa indirecta, muy en plan “aquí huele a muerto, pues yo no he sido”. “Alguien”, dice. Cuando estamos los dos solos en la cocina y está claro que solo puedo ser yo quien se la dé.

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Porque suele acontecer así la cosa. Pregunta si “alguien” le echa una mano, no entre un grupo de gente, no en el patio con mayores y amiguitos, no, cuando estamos El Cachorro y yo, por ejemplo. Suelta ese “alguien” impersonal e indirecto. Como si no se atreviera a dirigirse directamente a nosotros, por si no recibimos bien la petición y pasamos de satisfacerle o, más bien, como para que nosotros decidamos por él quién tiene el honor de servirle. Como lo cuco que es.

Diseñador

El Cachorro: “Mira, te he hecho con vestidazo”.

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O sea, que tengo un diseñador en ciernes.

“Y esa es la parte con la que puedes volar”. Ya decía yo que esos alerones tenían que tener alguna función…

O sea, tengo a un diseñador DE TRAJES DE SUPERHÉROE en ciernes.

Y luego viene el otro con otro retrato mío…

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Yo para mí que lo ha hecho a mala leche, el canijo. Mirad qué cara pone (aunque esté la foto movida, se nota PERFECTAMENTE).

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Ahí, como de “te he dibujado atractiva, ¿eh?”

Y de nuevo, como se ve que no puede detener el torrente creativo, El Cachorro contraataca con otro modelo…

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Que ya no sé si algo de lo que llevo tiene también superpoderes o si soy una especie de tirolesa.

Ay, pero el dibujo que me encanta es este de familia:

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Con el coche favorito de El Cachorro, el Santana, y un río (¿que se supone cruzará el coche?) Muy descriptivo todo.

Pero, para estampa buena, buena, estampa de ME MUERO POR TODOS LOS POROS, esta:

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Los hermanísimos. Qué fan soy de ellos, madre mía.

Resaca post Halloween

Con el momento disfraces reciente, hoy mis lechuguinos se entretienen con mi caja de apechusques, poniéndose encima lo que encuentran.

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… Todo a la vez.

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El uno y el otro andan pasándose accesorios.

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Porque esto entretiene que no veas.

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Pero es cuando el pequeño se planta las gafas de Harry Potter…

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… cuando se ha pasado de auténtico con el disfraz.

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Parece la cicatriz del rayo del joven mago. ¡Menudo arañazo! Al interrogarle, me comenta que ha sido el recuerdo que le ha querido dejar un compañero del cole… Solo me pregunto si ha utilizado las uñas o una faca toledana.

El siguiente momento post Halloween consiste en hacer un recuento del botín.

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No ha ido mal, así que trato de compensar poniéndoles para merendar una fruta. Pero, para no desentonar, es esta tan terrorífica:

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Y va y me dice El Cachorro que si quiero probar el huevo de dragón. Lo que no sabe es que, a la pitahaya, en efecto, se la llama “fruta del dragón”. ¡Pues le han puesto el nombre que ni pintado!

Por último, para continuar con los fenómenos paranormales propios de estas fechas que nos acompañan, resulta que, si siempre me había llamado la atención (como para no) la manera que tenía El Cachorro de escribir letras o números, siempre en modo espejo, ni os cuento cuando encuentro a quien da una vuelta de tuerca. ¿Quién? Su hermano, por supuesto. Porque el pequeño es como El Cachorro pero elevado al cubo, que ya es decir.

Don Bimbas escribe en modo espejo y al revés.

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En vez de izquierda a derecha, de derecha a izquierda (mirad el papel escrito que tiene debajo). OOOOLE LA CARAMBOLA. Y no sé si es obra del maligno, esto de ir totalmente al contrario, o qué narices pasa.

Teatro

El Cachorro hoy se luce. En la obra que han preparado en el cole, representa a un abuelo. Por supuesto, vamos a verlo.

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Y, menos que se pega todo el rato moviendo las piernas que no para (su papel transcurre en una silla), que está con el baile de San Vito en punto álgido, lo hace genial.

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Cuando termina todo lo vamos a felicitar, y lo veo tristón.

– ¿Qué pasa, cariño?
– Que se acaba el teatro.

Este es el niño que ayer decía que no le gustaba.

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– Bueno, pues ya irás el año que viene.
– Pero yo quiero con la misma profesora y con los mismos compañeros.
– Ah, pues esto no se sabe, cielo. No sabemos si estará esta profesora o si os tocará.
– ¡Pues yo quiero con la misma profesora!

Ya está, sufriendo no solo porque se acaba, sino porque sabe que es más que probable que no coincidan el año que viene.

Sufriendo ya en mayo por algo que se verá cómo va a ir en octubre.

Es esa manía que tiene de anticiparse al futuro, de pasarlo mal por adelantado, ¿de dónde la habrá sacado?

Ah, y ya sé, en octubre, a quién apuntar también a teatro…

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Lo estoy viendo. Serán unas estrellas. Irán al cole así:

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Voy a ir mirando parcelas en Hollywood.

Flipándolo

Todos queremos fresas, pero cada uno de una manera. El Cachorro, enteras. Don Bimbas, partidas en trozos. El Señor de las Bestias, en trozos con azúcar. Yo, nata con fresas (no fresas con nata, no. Nata con fresas).

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Don Bimbas, que en el tema gastronómico es mi heredero, cuando me ve, me pide nata. Le pongo. El Cachorro. “¿En serio que os gusta la nata?” No sale de su asombro pardo.

Pues porque no me ha visto aún meterme el bote en la boca y apretar el botón…