El eco

A los niños tanto yo, si estoy en Madrid, como su padre, si estoy en Pamplona, les grabamos vídeos dejándole mensajitos de ánimo a su abuelo, que está en la UVI.

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Es muy gracioso porque arranca El Cachorro, con alguna idea que le doy de lo que puede decir, y cada vez que acaba una frase, Don Bimbas repite EXACTAMENTE, lo que él dice. El Cachorro se molesta en un principio, pero le digo “hijo, qué más da, pues que te repita”, y entonces se resigna y dice frases cortas con pausas para facilitar que Don Bimbas lo reproduzca de igual manera. Y espera a que termine para continuar. El pequeño es un eco perfecto. Y el mayor un gran guía.

Lo bueno de este sistema es que los mensajes, así, se fijan mucho mejor.

Venir para quedarse

Cuando Don Bimbas viene de noche, me pide hueco y acurruca su cuerpecito contra el mío… y siento pegada contra mi pecho su respiración… eso es gloria.

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Y me pregunto cuánto echaré de menos esto cuando sea ya un mozo. No puedo imaginar que mi bebé se haga tan grande como para no estar así conmigo, como para que no quepa en mi regazo, como para que no sienta que el mejor plan del mundo sea estar con su mamá.

La vida es cruel.

Lo más entretenido

Están jugando haciendo el cabra, como de costumbre, cuando El Cachorro se desmarca. Tiene ganas de ir al baño. Y se sucede esta conversación con su hermano pequeño:

– Si quieres, ven.
– Vale.
– Si vienes me puedo intentar tirar un pedo.
– Vale.
– Porque si no vienes, no lo oirás. ¿Vienes?
– ¡Vale!

Una vez dentro:

– Cierra los ojos – a El Cachorro no le gusta que le vean haciendo aguas mayores.

“PRRRRRRT”.

Pedo al canto.

– Me voy a intentar tirar otro.

El pequeño, por su parte, quiere colaborar en la performance, y se empieza a tirar eructos.

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Y así.

Y luego yo les hablo en diminutivo, les quiero poner una película Disney y enseñarles protocolo.

Indirectas

“¿Alguien me deja agua?” – pregunta Don Bimbas.

Me encanta esa indirecta, muy en plan “aquí huele a muerto, pues yo no he sido”. “Alguien”, dice. Cuando estamos los dos solos en la cocina y está claro que solo puedo ser yo quien se la dé.

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Porque suele acontecer así la cosa. Pregunta si “alguien” le echa una mano, no entre un grupo de gente, no en el patio con mayores y amiguitos, no, cuando estamos El Cachorro y yo, por ejemplo. Suelta ese “alguien” impersonal e indirecto. Como si no se atreviera a dirigirse directamente a nosotros, por si no recibimos bien la petición y pasamos de satisfacerle o, más bien, como para que nosotros decidamos por él quién tiene el honor de servirle. Como lo cuco que es.

Diseñador

El Cachorro: “Mira, te he hecho con vestidazo”.

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O sea, que tengo un diseñador en ciernes.

“Y esa es la parte con la que puedes volar”. Ya decía yo que esos alerones tenían que tener alguna función…

O sea, tengo a un diseñador DE TRAJES DE SUPERHÉROE en ciernes.

Y luego viene el otro con otro retrato mío…

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Yo para mí que lo ha hecho a mala leche, el canijo. Mirad qué cara pone (aunque esté la foto movida, se nota PERFECTAMENTE).

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Ahí, como de “te he dibujado atractiva, ¿eh?”

Y de nuevo, como se ve que no puede detener el torrente creativo, El Cachorro contraataca con otro modelo…

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Que ya no sé si algo de lo que llevo tiene también superpoderes o si soy una especie de tirolesa.

Ay, pero el dibujo que me encanta es este de familia:

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Con el coche favorito de El Cachorro, el Santana, y un río (¿que se supone cruzará el coche?) Muy descriptivo todo.

Pero, para estampa buena, buena, estampa de ME MUERO POR TODOS LOS POROS, esta:

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Los hermanísimos. Qué fan soy de ellos, madre mía.

Sello

Ayer, cuando volví de noche del trabajo, me fijé, tarde, en que mis hijos tenían la huella de sellos de esos de tampón con tinta, en la cara. “Ha sido Rodrigo”, me dice el pequeño. “Ya, pero tú te has dejado”. Total, que estaban con los ojos que se caían y a mí me parecía una crueldad ponerme a rascarles la cara con jabón.

Hoy, al hacer sus camas…

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Qué bien. Ahora voy a saber de quién es cada sábana bajera.

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Liármela a dúo. Ese sí que es su sello.

Resaca post Halloween

Con el momento disfraces reciente, hoy mis lechuguinos se entretienen con mi caja de apechusques, poniéndose encima lo que encuentran.

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… Todo a la vez.

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El uno y el otro andan pasándose accesorios.

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Porque esto entretiene que no veas.

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Pero es cuando el pequeño se planta las gafas de Harry Potter…

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… cuando se ha pasado de auténtico con el disfraz.

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Parece la cicatriz del rayo del joven mago. ¡Menudo arañazo! Al interrogarle, me comenta que ha sido el recuerdo que le ha querido dejar un compañero del cole… Solo me pregunto si ha utilizado las uñas o una faca toledana.

El siguiente momento post Halloween consiste en hacer un recuento del botín.

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No ha ido mal, así que trato de compensar poniéndoles para merendar una fruta. Pero, para no desentonar, es esta tan terrorífica:

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Y va y me dice El Cachorro que si quiero probar el huevo de dragón. Lo que no sabe es que, a la pitahaya, en efecto, se la llama “fruta del dragón”. ¡Pues le han puesto el nombre que ni pintado!

Por último, para continuar con los fenómenos paranormales propios de estas fechas que nos acompañan, resulta que, si siempre me había llamado la atención (como para no) la manera que tenía El Cachorro de escribir letras o números, siempre en modo espejo, ni os cuento cuando encuentro a quien da una vuelta de tuerca. ¿Quién? Su hermano, por supuesto. Porque el pequeño es como El Cachorro pero elevado al cubo, que ya es decir.

Don Bimbas escribe en modo espejo y al revés.

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En vez de izquierda a derecha, de derecha a izquierda (mirad el papel escrito que tiene debajo). OOOOLE LA CARAMBOLA. Y no sé si es obra del maligno, esto de ir totalmente al contrario, o qué narices pasa.

Espíritu libre

A Don Bimbas le encanta andar descalzo. Y quizá sea por eso que las plantas de sus pies se están curtiendo. Bueno, a la fuerza. El otro día lloró de lo lindo en la playa cuando se descalzó y se las escaldó.

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No supe hasta qué punto hasta que me fijé por la noche y me dio la impresión de que tenía en la planta de los pies una ampolla gigante. Pero me dije, no puede ser. Era enorme. ¿Qué anda, sobre un cámara de aire? Y sin quejarse.

Pero sí que debía ser, porque a los dos días el Señor de las Bestias me dice: “Tiene las plantas de los pies peladas”. Y, sí. Él no se lo explicaba. Yo deduje entonces que era porque las ampollas se le habían reventado…

Sí, eran ampollas. Tan enormes que no las supe identificar. Lo nunca visto.

Teatro

El Cachorro hoy se luce. En la obra que han preparado en el cole, representa a un abuelo. Por supuesto, vamos a verlo.

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Y, menos que se pega todo el rato moviendo las piernas que no para (su papel transcurre en una silla), que está con el baile de San Vito en punto álgido, lo hace genial.

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Cuando termina todo lo vamos a felicitar, y lo veo tristón.

– ¿Qué pasa, cariño?
– Que se acaba el teatro.

Este es el niño que ayer decía que no le gustaba.

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– Bueno, pues ya irás el año que viene.
– Pero yo quiero con la misma profesora y con los mismos compañeros.
– Ah, pues esto no se sabe, cielo. No sabemos si estará esta profesora o si os tocará.
– ¡Pues yo quiero con la misma profesora!

Ya está, sufriendo no solo porque se acaba, sino porque sabe que es más que probable que no coincidan el año que viene.

Sufriendo ya en mayo por algo que se verá cómo va a ir en octubre.

Es esa manía que tiene de anticiparse al futuro, de pasarlo mal por adelantado, ¿de dónde la habrá sacado?

Ah, y ya sé, en octubre, a quién apuntar también a teatro…

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Lo estoy viendo. Serán unas estrellas. Irán al cole así:

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Voy a ir mirando parcelas en Hollywood.

Flipándolo

Todos queremos fresas, pero cada uno de una manera. El Cachorro, enteras. Don Bimbas, partidas en trozos. El Señor de las Bestias, en trozos con azúcar. Yo, nata con fresas (no fresas con nata, no. Nata con fresas).

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Don Bimbas, que en el tema gastronómico es mi heredero, cuando me ve, me pide nata. Le pongo. El Cachorro. “¿En serio que os gusta la nata?” No sale de su asombro pardo.

Pues porque no me ha visto aún meterme el bote en la boca y apretar el botón…